“Un antes y un después”, la frase que repiten los sobrevivientes de Cromañón

Los jóvenes que salieron con vida de aquel horror, afrontan dos cuestiones, por un lado el tema del esclarecimiento y la justicia, y por otro, las vivencias propias, el afrontar la vida con esa marca tan honda y dolorosa.

“Un antes y un después”, “un corte en tu vida”, “un quiebre rotundo”, son las frases que repiten los sobrevivientes de Cromañón al reflexionar, a diez años de la tragedia, sobre el impacto que produjo en sus vidas aquella fatídica noche del 30 de diciembre de 2004, cuando el incendio del boliche de Once provocó la muerte de 194 personas.

A su vez, cuando se refieren a las condiciones que provocaron la tragedia, a las responsabilidades, al proceso judicial, se remiten a un persistente reclamo de justicia y dejan claro su temor a otro “Cromañón” ante el hecho de que aquello que no se pudo desmontar y fue la causa de la tragedia -la corrupción de funcionarios y empresarios- “sigue vigente”.

En este contexto, los jóvenes que salieron con vida de aquel horror, afrontan dos cuestiones, por un lado el tema del esclarecimiento y la justicia, y por otro, las vivencias propias, el afrontar la vida con esa marca tan honda y dolorosa, dos aspectos que Télam conversó con algunos sobrevivientes al cumplirse una década de aquella noche.

Para Santiago Morales, un joven que hoy tiene 24 años y que había ido a Cromañón con su hermana de 17 y su hermano de 19, porque era en un horario temprano, la tragedia o masacre, como denominan distintos sobrevivientes “fue un antes y un después, cuando pensás en tu vida, en el tiempo, esto siempre aparece”.

Y ese quiebre “no sólo es por lo que significó en mi caso con la pérdida de mi hermana, sino porque aquellos chicos y chicas que sobrevivimos tuvimos un conjunto de recuerdos terroríficos y la culpa de haber sobrevivido cuando otros amigos murieron, la culpa de haber salido y haber sacado a cinco y no a diez chicos, y en particular, la culpa de no haber podido sacar a mi hermana”, expresó.

En este sentido, enfatizó que “la realidad es que la mayoría de los hechos de esta magnitud, en donde hay tantas muertes, quienes sobreviven llevan para siempre la culpa de haber sobrevivido y el dolor de haber vivido cosas que uno nunca se va a olvidar como, por ejemplo, una fila de chicos muertos; eso te marca para siempre”.

Al abordar el tema de la culpa, Santiago destacó que “estas cosas son sentimientos personales sin análisis, porque si me pongo a pensar, yo no tengo ninguna culpa de no haber sacado a mi hermana ni de haber sobrevivido, porque al analizar cuáles son las personas responsables para que suceda Cromañón, ahí no estamos nosotros”.

“Esto es importante diferenciarlo, porque yo, mi familia, todo el grupo, estamos convencidos desde el primer momento que no éramos responsables ni culpables”, dijo este joven estudiante de Sociología, que vive en el barrio porteño de Flores.

A su vez, entre tantos sentimientos que lo atravesaron durante estos años, Santiago se refirió a “vivir en carne propia el odio inclaudicable a la injusticia humana”, al hablar de la pérdida de su hermana y de todos los jóvenes que murieron esa noche, “es una injusticia sentida en el cuerpo”.

Santiago, quien emprendió la lucha por la justicia ante la tragedia de Cromañón, aseguró que hay dos dimensiones en este plano, “una que los responsables sean juzgados y se los condene, y en esto es vergonzoso que por ejemplo (el entonces jefe de Gobierno porteño) Aníbal Ibarra fue sobreseído, y la otra eliminar la lógica de la corrupción y negligencia, de complicidad entre empresarios y funcionarios para que Cromañón no se repita”.

Otro relato es el de Julieta Catán, la joven que tenía 22 años en el momento de la tragedia y que había ido esa noche a escuchar a Callejeros y estaba, en el momento en que se desató el incendio en el peor lugar del boliche, en la parte de arriba.

Ella también afirmó que Cromañón “fue un antes y un después, partió al medio nuestras vidas, y lo de cada uno es un sentimiento único”.

“Para mi el 2005 fue un año oscuro, dejé la facultad, estuve con tratamiento, nos daban pastillas, y al mismo tiempo salía, tenía una angustia que no sabía cómo sacarla, entonces necesitaba estar de joda todo el tiempo; esto me pasó durante un año y me fui de vacaciones con ese espíritu de ‘salgo todas las noches, no me importa nada, me divierto, está todo bien’, pero en realidad no podía asimilar lo que había pasado”, contó.

Después algo le hizo ‘click’: “Rendía o perdía todo en la facultad; hice un parate y me dije ‘estás perdiendo el tiempo’, claro que la terapia fue fundamental”.

“Pude mutar eso tan doloroso, pude revalorar todo y pensar las cosas que quería para mí, en este sentido me cambió mucho la cabeza, y pude activar mi vida, terminé la facultad, me puse en pareja y tuve un hijo”, narró.

Bárbara García Crespo, que tenía 17 años en el momento de la tragedia donde ella sobrevivió pero perdió a una amiga, también dijo que “para todos los sobrevivientes, Cromañón significó un quiebre en sus vidas”, y que a 10 años “siguen estando las condiciones para que se repita otro Cromañón, porque Cromañón es la expresión de la corrupción”, se lamentó.

Aseguró que en el plano personal, el incendio la marcó: “Me di cuenta que si no te cuidás no te cuida nadie, me di cuenta de la inocencia que teníamos”.

Después de esa noche, “por un tiempo largo no puede ir a boliches porque sentía que nadie me garantizaba que no vuelva a pasar”, expresó.

“Sentí que tuve la suerte de poder salir y de estar viva, y entonces me vi en la necesidad de hacer algo, uno tiene su tiempo de duelo pero algo había que hacer y empezamos a juntarnos con padres y sobrevivientes, y hace 10 años que luchamos para evitar otro Cromañón”.

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