Un grupo de mujeres enseña en Comodoro el arte de hilar
Silvia Liliana Burgos, Mabel Segovia, Laura Castro y Amanda Cordero son las creadoras del grupo “Hilando Huellas” que enseña el hilado de lana patagónica. Ellas dialogaron con Diario Patagónico y explicaron el proceso de trabajo de la lana, desde que se la corta del vellón hasta convertirse en una prenda artesanal que atrae al turista.
Recorriendo ferias y ciudades, la gente suele comprar recuerdos, algunas veces productos regionales que evidencien su paso por el lugar. Así, en diferentes casas y stands de Puerto Madryn, Esquel, y también Comodoro Rivadavia se pueden comprar ponchos, bolsos y otros productos tejidos que están lejos de haber sido fabricados con métodos industriales.
Para llegar al resultado final de cada prenda hay un amplio y largo trabajo, el cual comienza con el hilado, realizado artesanalmente y con métodos que sorprenderían a más de uno de los compradores.
Es que el hilado es un trabajo poco difundido, un arte que combina un amplio proceso de descubrimiento que culmina en una bufanda, un poncho u otro artículo artesanal. Silvia Liliana Burgos, Mabel Segovia, Laura Castro y Amanda Cordero son cuatro mujeres de Comodoro que realizan esta difícil pero apasionada labor. Ellas son las creadoras del Grupo “Hilando Huellas”, el cual difunde el arte de hilar, y realiza el proceso inicial para que la lana de oveja termine siendo un poncho, un bolso o un gorro luego de pasar por las manos de una experimentada tejedora.

UN ARTE NATURAL
El grupo Hilando Huellas se creó el 29 agosto de 2012. Su actividad comenzó en el Ceptur tras un pedido municipal para comenzar a dictar el hilado en la ciudad. En ese entonces, Silvia, Mabel, Laura y Amanda ya formaban parte de la Colección Chubut de entidades productivas de la provincia. Allí fue donde se conocieron, participando de capacitaciones y observando que en la ciudad y sus alrededores hay muchas tejedoras, pero pocas hilanderas.
En total hoy son 8 las personas que se dedican a hilar en la ciudad, un grupo reducido que realiza esta labor, la cual funciona como una salida laboral, pero también como terapia, motivo por la que la mayoría de las participantes se inició.
Las capacitaciones que realizan son gratuitas, y totalmente ad honorem ya que no cobran a las alumnas y tampoco son talleristas municipales. “Les enseñamos todo, desde la limpieza hasta cómo fabricar sus elementos de trabajo; el huso y el madeja. A algunas les sirve como terapia, dentro del grupo hay desde empleadas domésticas, amas de casa y hasta una psicóloga. Es que lo usan como terapia y si venden el producto mejor”, explicó Mabel.
“Después se entusiasman y ven que tiene salida laboral y se enganchan más. Es lindo enseñar y transmitir lo que uno sabe”, agregó, confirmando que este año comenzarán las clases en marzo, pero aun deben confirmar el lugar, ya que no saben si continuarán en el Centro Cultural.
 
GIRAR Y COLOREAR
Según explicaron, el trabajo de hilado comienza desde que se le esquila al vellón. Por esa razón, ellas enseñan a limpiarla como paso inicial. Sin embargo, recomiendan comprar directamente la bovina que viene lavada y peinada, para optimizar el tiempo y la materia prima. “Hacemos todo el proceso desde la lana cruda. Cómo se lava, cómo se prepara, pero nosotros compramos la bovina que ya viene lista para hilar, lavada en forma industrial y peinada”, admitió Mabel.   
Es que una de las mayores complicaciones es encontrar la materia prima adecuada, la cual deben mandar a pedir fuera de la ciudad. Además el proceso de limpieza es arduo y complejo, ya que se debe lavar por lo menos 10 veces.  
Según explicaron cada bovina trae cerca de 10 kilos y cuesta alrededor de $1.350. Si la calidad es buena la pueden aprovechar al máximo. En cambio, si se usa vellón natural se pierde casi el 50 por ciento. Por lo que las ventajas de comprar lana ya procesada son aún mayores.
De esa forma, se inicia el proceso paciente del hilado que puede demorar varias horas con el huso o la rueda, preparando la fibra para hacer la mecha, girando la hebra y dándole forma a la madeja de lana que en el mercado tiene un valor de $400 el kilo, dependiendo el grosor y el material con que fue teñido, en virtud, que todas las lanas pasan por un proceso de coloración.
El grupo en su caso realiza la tintura con métodos y productos regionales, como cáscara de cebolla, limón, cochinilla, mata negra, yerba, raíz de calafate ruda, corteza de arboles, eucalipto, y hasta repollo y remolacha que son los menos usados.
“No es lo mismo hacer un tinte de cáscara de cebolla que de cochinilla. Nos cuesta conseguir la cáscara porque la gente las tira, entonces tenemos que estar pendiente de cuando tiran la cebolla juntar, pero no pagamos nada. Mientras que la cochinilla pagamos $1000 el kilo”, explicó Silvia a modo de ejemplo.
“Se realiza en ollas de 20 a 30 litros para que tenga el mismo color, luego se cuela, no deben quedar restos de tintura, y le pone mordiente para que no pierda el color. También se hace la prueba del sol del agua para ver si la lana va a servir y no se arruine”, detalló Laura.
“Es algo apasionante, vamos al campo y yuyito que encontramos lo ponemos en una bolsa. Además da un aroma muy especial cuando teñimos y unos colores hermosos”, agregó Mabel. 
Luego llega el momento de la venta. Por el momento el grupo sólo comercializa sus productos en ferias. Sin embargo, están buscando la posibilidad de contar con un espacio propio donde puedan hilar, teñir y vender teniendo en cuenta que productores de artículos regionales y turistas extranjeros se han interesado por las lanas, las cuales luego dan forma a los productos regionales que se encuentran en ferias.