Un inolvidable concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional

La Orquesta Sinfónica Nacional fue ovacionada por el multitudinario público que el miércoles por la noche colmó al área central y las graderías del complejo deportivo “Ingeniero Knudsen”, sobre todo cuando en la parte final del concierto más de ochenta músicos que la conforman ejecutaron la Marcha de Radetzki del compositor austríaco Johann Strauss.

Caleta Olivia (agencia)

Fue la primera vez que un espectáculo de música clásica y popular de jerarquía internacional se ofreció en Caleta Olivia, sólo comparable con la actuación del Ballet Argentino que la visitó hace pocos años con estelar presencia de Maximiliano Guerra.

La presentación de la Sinfónica, creada en 1948 y actualmente dirigida por Guillermo Becerra, fue gestionada por la senadora nacional María Ester Labado, concretándose un magnífico aporte cultural que la noche anterior se había plasmado de igual manera en Las Heras.

El espectáculo se extendió por más de una hora y, ciertamente, los instrumentos de viento y percusión parecieron irradiar un halo de paz en una ciudad que por estos días está signada por serios conflictos sociales, laborales y políticos.

La mayoría del público que lo presenció nunca había tenido la oportunidad de ver un acontecimiento cultural de este tenor, sobre todo aquellas personas de condición humilde y los músicos que recorren el país ejecutaron brillantemente sus instrumentos, tal como lo hicieron en encumbrados escenarios de países europeos.

El director Becerra fue comentando la presentación de cada obra, sus ritmos y sus autores, como el caso del argentino Julián Aguirre (Huellita y gato), del mexicano Pedro Moncayo (Guapango) y del estadounidense Leonard Berstein.

La velada fue matizada con la actuación del bandoneonista Carlos Corrales, quien interpretó varios temas de Astor Piazzolla.

Pero por sobre todas las cosas, el hecho que gran parte del público estuviera a menos dos metros de la línea de los músicos, creó un clima de cordialidad que al final eclosionó cuando los constantes aplausos derivaron en una cerrada ovación, felicitaciones y agradecimientos mutuos.

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