Un museo, un faro y un árbol de la vida

El diseño para abrir el tramo de la calle Mitre, a la altura del local donde funcionó Cromagnón, contempla la creación de un museo en homenaje a las víctimas, un faro de 25 metros que ilumina al cielo, un árbol de la vida y una banda sobre el piso de color negro con el nombre de las 194 personas que murieron por el incendio de 2004.
El proyecto, pensado por los arquitectos Pablo Suárez y Mariano Orlando, se compone de un gran solado que unifica la calle, sus veredas, el espacio de la plaza y el del museo, hasta el acceso Perón, para formar una gran alfombra urbana.
En el plan se elimina el muro ferroviario para lograr una integración espacial y contempla una banda de piso negro con los nombres de las víctimas, que termina en un faro de 25 metros de alto, recubierto de chapas de cobre con una luminaria.
Además, se incorpora un árbol de la vida en el extremo opuesto y se propone cambiar el nombre del tramo de la calle Mitre por «Pibes de Cromagnón».
El muro hacia el andén ferroviario sirve de soporte a un plano verde, donde las madreselvas y su perfume caracterizarán los sectores de estar, y la medianera adyacente define un plano de granito negro con el nombre de la plaza equipada con cubos de hormigón revestidos en venecitas de colores.
El acceso al museo desde Mitre se define con un portón de cobre, una marquesina de vidrio y metal y con un mural, mientras que otro portón similar abre la plaza de acceso.
Este diseño fue el ganador entre más de 25 propuestas que participaron del concurso convocado por la Sociedad Central de Arquitectos, cuyo jurado estuvo integrado por Raúl Morales por los padres de las víctimas, Pablo Beitía por los participantes, Juan Manuel Borthagaray por la SCA, Laura Nasi por el ONABE, y Enrique García Espil por la Facultad de Arquitectura.
En su crítica, el jurado subrayó que «no cabe duda de que la propuesta producirá un hito memorable y sumamente notorio en la Ciudad».
Por su parte, los arquitectos ganadores, en su presentación, remarcaron que el proyecto «buscó testimoniar la tragedia, partiendo de reconocer que los sucesos ocurridos el 30 de diciembre de 2004 simbolizan un fuerte proceso de desamparo social».
«Este no es el dolor de 194 familias, es el dolor de toda una sociedad. Es por ello que esta propuesta se niega a ocultar el dolor detrás de un muro, buscando trascender en un hecho urbano que nos involucre a todos», destacan.

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