Un viejo conocido que volvió a escena

C.M., de 16 años y más conocido como «Chucky», retornó a las andadas que, pese a su edad, ya son antiguas. El viernes a la noche ingresó en la casa de una mujer que reside en la calle Jaime Dávalos al 4.700 y le apuntó con un arma de fuego en la cabeza.

En total estado de shock, la víctima, de unos 40 años, no lograba comprender de qué manera había ingresado el menor a la vivienda.
A esas horas la mujer -que pidió especialmente que se preservara su identidad por temor a represalias- estaba sola y se disponía a dormir cuando apareció «Chucky» y luego de amedrentarla, le ordenó que le diera todo el dinero que tenía en la casa.
La mujer sacó entonces los 200 pesos que conservaba como único capital. El ladrón tomó los billetes y con la misma rapidez con la que había ingresado se diluyó en la noche.
A pesar del temor que infunde, el delicuente habría sido identificado a partir de que porta un bastón y que arrastra marcadamente una de sus piernas. Que tuviera escasa estatura, terminó por convencer a los efectivos policiales respecto de la identidad del malhechor.
Lo que sorprendió a los efectivos fue que el menor retomara la senda que lo hizo tan famoso y que lo llevó incluso al borde de la muerte a principios de año. Fue cuando en un aparente ajuste  de cuentas le dispararon haciéndole estallar una de las arterias de la pierna derecha.
«Chucky» estuvo durante semanas internado en el Hospital Regional donde los médicos estuvieron a punto de amputarle la extremidad para frenar la infección que amenazaba con extenderse a otros órganos vitales. Sin embargo los facultativos consiguieron que poco a poco se recuperara.
Desde ese entonces, y aunque de vez en cuando se lo denunciaba porque supuestamente se lo identificaba cuando disparaba balazos en la vía pública, no había logrado ser apresado hasta el asalto violento que protagonizó ahora.
A partir de los datos recibidos por la víctima, los efectivos de la Seccional Sexta aguardaban anoche que desde el Ministerio Público Fiscal se emitiera la orden de allanamiento en los lugares que suele frecuentar el precoz delicuente.
En su corta vida, C.M. se convirtió en un asiduo visitante de comisarías, generalmente acusado por robos o por enfrentamientos con quienes no están en su misma vereda.

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