Una estatua para recordar a Narciso y otra para Cirilo

La concejala Alejandra Robledo propone que se erija, en Belgrano y San Martín, una estatua para homenajear al lustrabotas Narciso Esponda y otra en el centro comercial a cielo abierto para recordar al cafetero Cirilo Fernando.

El Concejo Deliberante de Comodoro Rivadavia analizará, en comisión, los proyectos que establecen la creación de dos monumentos para Narciso Esponda y Cirilo Fernando. La primera estatua estaría ubicada en Belgrano y San Martín. Mientras que la segunda se ubicaría en el centro comercial a cielo abierto.

Las iniciativas proponen que el municipio llame a un concurso público para el diseño y la construcción de cada estatua, establecimiento de las bases y condiciones. Además, se tendrá que hacer cargo de la difusión para que la convocatoria sea ampliada a escultores, artistas e instituciones de la cultura en general.

“Son dos personas emblemáticas para nuestro Comodoro. Tanto Narciso como Cirilo deben tener un espacio con un banco y una escultura en su homenaje. Esperemos que esto sea una realidad porque lo que significan estas grandes personas”, sostuvo la edil Alejandra Robledo en la presentación del proyecto.

“En el caso de Narciso murió en la calle justo donde pido un banco y una escultura y ¿quién no conoce a Cirilo? Esperemos que nos acompañen en el proyecto y que podamos rendirle el homenaje que se merecen”, aseveró la concejala tras confirmarse que las iniciativas pasarían a ser analizadas en comisión.

BARBA BLANCA Y CASCO DE ACERO

Narciso Esponda nació en 1944 en un puesto de estancia cercano a Diadema Argentina. Su madre murió cuando tenía tres años y su padre no pudo hacerse cargo de él y sus tres hermanos. El hombre estaba sumergido en una profunda depresión.

El comisario de Kilómetro 27 decidió llevar a los chicos a Comodoro Rivadavia. Narciso fue aceptado en el hogar de Nino Barrientos, un sastre que tenía su taller y casa en la calle Belgrano, casi Sarmiento. Creció junto a los niños de la zona jugando al fútbol y recorriendo el cerro Chenque.

El tiempo pasó y Barrientos pensaba en que Narciso sea el heredero de su taller. El sastre se empeñaba en enseñarle el oficio, pero el joven solo pensaba en ser mecánico. Narciso nunca fue una persona de muchas palabras, solía estar parado en la puerta del taller y caminar solo por el barrio.

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Así fue que un día decidió caminar hasta Sarmiento. Lo encontraron en el camino, deshidratado, con hambre y en estado de shock, lo trajeron a la casa de su padre que “nada podía hacer con este chico”.

Cuando tenía 20 años, su tía Lila de Velásquez se lo llevó a su casa y su actitud cambió por un tiempo: jugaba en el barrio y conversaba con sus primos. Sin embargo, su vida le llevó a elegir su casco plateado.

Hubo varios mitos sobre la vida de Narciso. Que era rico, que había perdido un viejo amor o el motivo de su vestimenta. Es que, cada tanto, el hombre aparecía rapado, afeitado y con ropa nueva. Así, fue que comenzó a ser lustrabotas. Se desconoce por qué eligió el oficio que lo hizo conocido en Comodoro.

Lo cierto es que, a veces, con barba, y casi siempre con el pelo largo, se lo veía por el Centro, mirando la televisión en alguna vidriera o caminando con su cajón.

Narciso murió en mayo de 2005 cuando tenía 61 años. Su muerte conmovió a la ciudad, y el hombre de barba blanca y casco se convirtió en leyenda.

EL CAFETERO DE COMODORO

Cirilo nació en San Antonio Oeste el 9 de abril de 1929, pero toda su vida e historia la hizo en Comodoro Rivadavia, donde llegó en los 70 y de inmediato comenzó, café mediante, a patear la calle desde las 7:30 hasta las 20. En un momento, como el negocio era floreciente Cirilo tuvo a cargo un batallón de diez chicos que lo ayudaban a vender el café.

Con ese trabajo, Cirilo crio solo a sus tres hijos mayores, hasta que conoció a Isabel, compañera de oficio, que le dio sus dos hijos menores y con quien compartió mucha vida, hasta que, a los 33 años, tras una grave enfermedad, ella falleció.

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Cirilo no solo vendía su producto en el Centro sino en todo espectáculo deportivo, tanto en los de antaño, como la vieja cancha de Huracán del Pietrobelli, o más cerca en el tiempo en el autódromo o el Socios Fundadores.

El cafetero murió el 13 de abril de 2014 con 85 años, dejando una vida ligada a recorrer las calles de la ciudad.

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