Una invitación a ser voluntario

“Darle la vuelta al mundo, al mundo propio” es el mayor desafío de quien decide ser voluntario. Javier Genta, comodorense conocido por su militancia política y vecinal, decidió dejar todo para ser parte de una singular experiencia en Egipto durante seis meses.

 “Ser voluntario es una experiencia trascendente para la vida de cualquier persona”. Javier Genta plantea que se puede ser voluntario a la vuelta de la esquina, pero también se puede recorrer el mundo y obligarse a mirar “la realidad desde otro punto de vista”.

A principios de 2014, Javier regresó de sus vacaciones decidido a renunciar a un puesto laboral de casi 6 años y a otra oferta laboral con jerarquía. Pidió licencia en su cargo de presidente en la Asociación Vecinal Barrio Ciudadela, “puse en el freezer mi militancia partidaria y les dejé un fuerte abrazo a mis amigos, familiares y conocidos”. Así fue como se fue a trabajar como voluntario en el sur de Egipto y norte de Sudán. El objetivo era ayudar a familias en riesgo.

“Soy un convencido de que el mundo y la naturaleza tienen la respuesta a todo lo que nos cuestionemos, pero encontrarla es responsabilidad y trabajo de cada uno. Mientras más fiel a uno mismo, más respuestas se avizoran. Y mientras más aportemos al mundo, más aportara él a nuestra esencia”, sostiene Genta.

SIEMPRE SOLIDARIDAD

Su trabajo se canalizó a través de la organización AFS (American Field Service). Es una asociación civil, sin fines de lucro, “sin ningún tipo de afiliación política, étnica o religiosa, dedicada a promover experiencias educativas internacionales”. Además de los intercambios por estudio, desarrolló el de voluntarios.

“La contribución es mínima. Tiene el respaldo de la ONU y cien años haciendo esto. Tiene presencia en más de 80 países, por lo cual es muy importante, sobre todo cuando vas a Medio Oriente, Malasia o Centroamérica. Se puede ir con tranquilidad”, indicó Genta.

La organización cubre el traslado desde el lugar de origen, comida, seguro médico y vivienda. En el caso de los voluntarios, pueden vivir con una familia anfitriona o en el lugar de trabajo.

“Yo viví en mi lugar de trabajo en una aldea que se llama Ash Shallal, en la zona rural. El trabajo comunitario lo desarrollé en un centro cultural llamado Fekra, que en árabe significa ‘idea’”.

CONSTRUIR LA PAZ

El objetivo del centro era recibir con actividades culturales, de alfabetización y artísticas, a los migrantes del norte de Sudán que se ven obligados a abandonar su país por el conflicto político-social a partir de la división del norte y el sur.

El primer trabajo consistió en construir las instalaciones con adobe, para luego desarrollar el trabajo comunitario a través de tres proyectos: desarrollar huertas; realizar talleres y actividades culturales y artísticas, y realizar un documental que recupere la experiencia del pueblo nubio antes, durante y después de la construcción de la represa de Asuan.

Genta cuenta que por un lado el mensaje a transmitir es “siempre a alguien que puede ayudarte incluso con problemas de salud y familiares”.

Javier domina el inglés, pero afirma que se pueden elegir otros países latinoamericanos como destino. “El programa marca que una persona, si se dedica a estudiar o si solo presta atención al idioma, en tres meses podes desenvolverte un poco, por más difícil que parezca. Pero además hay herramientas que la organización brinda para que se pueda aprender más rápido. Insertarse en una población totalmente distinta a la propia permite tener otra perspectiva de la realidad, entendiendo que el objetivo es accionar para garantizar la paz, no como una cuestión pasiva sino a partir de generar situaciones que nos lleven a ella y propender a evitar las situaciones que no contribuyen a ella: las mentiras, la corrupción, la violencia en todas sus formas”, indicó.

Fuente:

Notas Relacionadas

Dejá tu comentario

Las Más Leídas del Patagónico