Una película: La hora del crimen
La hora del crimen (2009) es un filme del italiano Giuseppe Capotondi que comienza con una narración bastante lenta hasta que sucede un hecho violento que dispara el conflicto y a partir de ese momento la trama se vuelve más que interesante. Es una de esas películas que obligan a estar atentos porque cada escena es una pieza importante de un rompecabezas que inevitablemente derivará en un policial negro de pura cepa. Hay constantes giros en la trama y un gran trabajo de los protagonistas Kseniya Rappoport y Filipo Timi.
Es muy poco lo que puede exponerse de contenido argumental de La hora del crimen sin afectar el interés de la narración. Sí que antes de que la historia de amor se insinúe, ya ha habido una escena que anticipa el ingrediente policial del filme (el suicidio de la huésped eslovena), y que el encuentro con quien será su pareja, un ex policía, se produce poco después en uno de esos locales que promueven citas rápidas, donde él es cliente asiduo y ella concurre por primera vez. También puede anticiparse que Buenos Aires está presente en el diálogo y en una fotografía que tiene como fondo el Puente de la Mujer, en Puerto Madero. Y que la inclusión en la banda sonora de un hit de Celia Cruz compuesto por el argentino Víctor Daniel “La vida es un carnaval”, está más que justificada.
Desde el encuentro, hasta la escena del robo en que ellos se ven involucrados, el avance de la relación revela tanto la química que se establece entre los principales actores como la habilidad del director para colmar el relato de detalles significativos. Es probable que haya a partir de ahí unas cuantas trampas para alimentar la curiosidad y mantener al espectador en estado de alerta, pero si bien algunas resoluciones pueden juzgarse un poco previsibles, o los distintos giros generan cierta dispersión, la cohesión formal de Capotondi y el hábil montaje aseguran el atractivo de un filme que algunos hallarán fascinante y otros, bastante manipulador. Parece menos probable que alguien pueda aburrirse.
Es muy poco lo que puede exponerse de contenido argumental de La hora del crimen sin afectar el interés de la narración. Sí que antes de que la historia de amor se insinúe, ya ha habido una escena que anticipa el ingrediente policial del filme (el suicidio de la huésped eslovena), y que el encuentro con quien será su pareja, un ex policía, se produce poco después en uno de esos locales que promueven citas rápidas, donde él es cliente asiduo y ella concurre por primera vez. También puede anticiparse que Buenos Aires está presente en el diálogo y en una fotografía que tiene como fondo el Puente de la Mujer, en Puerto Madero. Y que la inclusión en la banda sonora de un hit de Celia Cruz compuesto por el argentino Víctor Daniel “La vida es un carnaval”, está más que justificada.
Desde el encuentro, hasta la escena del robo en que ellos se ven involucrados, el avance de la relación revela tanto la química que se establece entre los principales actores como la habilidad del director para colmar el relato de detalles significativos. Es probable que haya a partir de ahí unas cuantas trampas para alimentar la curiosidad y mantener al espectador en estado de alerta, pero si bien algunas resoluciones pueden juzgarse un poco previsibles, o los distintos giros generan cierta dispersión, la cohesión formal de Capotondi y el hábil montaje aseguran el atractivo de un filme que algunos hallarán fascinante y otros, bastante manipulador. Parece menos probable que alguien pueda aburrirse.
