“Vienen por el oro, vienen por todo” se presenta en el Espacio Incaa Km 1810

Vuelve a exhibirse en Comodoro Rivadavia el documental que se presentó en los festivales de Munich, Amsterdam, Glasgow, Toronto, Toulouse, Sydney y Ciudad de México. El filme cuenta el intento que realizó la empresa canadiense Meridian Gold para explotar la minería en Chubut. Sin embargo, la oposición de la comunidad Esquel logró que el emprendimiento no avanzara.


En 2002, la empresa canadiense Meridian Gold obtuvo los derechos para instalar una mina de oro a siete kilómetros de la ciudad de Esquel. Para su funcionamiento, la mina iba a utilizar 10 toneladas de cianuro y 300.000 litros de agua potable por día.
La voz en off de la actriz Julieta Díaz narra la historia de la movilización de la gente de Esquel contra el poder económico y político que había autorizado la explotación. La lucha de un pueblo para lograr que el emprendimiento no avanzara.
Este el eje del documental “Vienen por el oro, vienen por todo” que se presentará mañana y el miércoles en el Espacio Incaa Km 1810, del cine Teatro Español.
El cantautor León Gieco, quien presidió el jurado oficial del Festival de Trieste, declaró en su momento sobre el documental dirigido por Cristian Harbaruk y Pablo D’Alo Abba que “aborda en un riguroso trabajo estético y narrativo la lucha por la autodeterminación de un pueblo frente a la explotación minera, y logra desarticular las falsas promesas de desarrollo a partir de nuevas formas de organización político-social”.
Harbaruk ha señalado que “la película nos lleva a plantearnos qué clase de futuro queremos y de qué manera podemos participar activamente en la elección de ese futuro”.
El 23 de marzo de 2003, un 85% de la población de Esquel votó en contra del proyecto “El Desquite”, un yacimiento de oro y plata que había sido comprado por Meridian Gold, empresa que invirtió 1.400 millones de dólares para su explotación. La película ofrece información sobre las nueve toneladas de explosivos, las toneladas de cianuro y el volumen diario de agua que necesita este tipo de instalación, cantidades que según organizaciones ecologistas hacen que un solo anillo de oro equivalga a 18 toneladas de desechos tóxicos.
Además de esos datos, la película revela que el 80% del oro que se extrae en el mundo se usa como respaldo financiero de multinacionales, el 18% tiene funciones decorativas suntuosas y el 2% restante tiene aplicaciones industriales; lo que equivale a decir que sólo la joyería y la acumulación de capital privado explicarían la necesidad de explotar yacimientos auríferos.
“Lo grandioso del caso de Esquel es que ha sido el único en que un pueblo pudo decir que no a un emprendimiento minero y logró ser escuchado”, destacó Harbaruk en una entrevista a la agencia Télam.
El realizador, quien junto a D’Alo Abba invirtió más de seis años en investigar, filmar y terminar la película, señala: “el pueblo se unió, se manifestó pacíficamente y pudo expresar su voluntad. Su gran demostración fue haber sabido organizarse para llegar a sus objetivos. Y su mejor enseñanza fue la de haberse manifestado en paz, con argumentos sólidos y a través de un plebiscito”.
“Para hacer la película, en principio tratamos de entender qué motivaba a cada quien para estar de un lado y del otro; pero con el tiempo descubrimos que estos emprendimientos no tienen sentido ni en lo económico ni en lo social, porque significan pan para hoy y hambre para mañana”, remarcó.

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