Así como te curten los golpes en el deporte de contacto, también te curte la realidad si pones los pies en el barrio. Ello parece sintetizarse en los luchadores de kick boxing que integran “Antileo Kick”. Por ello, en época de pandemia, no quisieron cortar la continuidad de los festejos del “Día del Niño”, que este año se sintetizó en repartir bolsas de golosinas en los chicos que asisten al gimnasio de Carrero Patagónico y la Asociación del barrio Juan XXIII.
“La idea es no dejar sin festejos a los más chicos. Y de acuerdo a los protocolos de seguridad que existen, nos propusimos hacerle un simple presente en la antesala de su día”, comenta Marcos Antileo a El Patagónico.
Su escuela se inició hace más de 15 en el SUM de la Asociación Vecinal del Abel Amaya; barrio que nunca dejaron a pesar de sumar un gimnasio propio con multiplicidad de ofertas deportivas.
“Siempre vamos a estar agradecidos a la vecinal del Abel Amaya y a todas las comisiones directivas que fueron pasando y confiaron en nuestro trabajo. Ahí aprendimos que el deporte va más allá de la técnica. Porque la realidad te golpea más fuerte. En base a ello, y en forma libre (porque nadie está obligado) los que se prendían a dar una mano tratábamos de ayudar en la medida de nuestras posibilidades”, recalca el referente de la Liga Argentina.
Primero fue juntar fondos para un alumno que se prendió fuego la vivienda. Fue una suma de voluntades –desde el Ente Comodoro Deportes hasta particulares- y de ponerle el cuerpo, en el caso de los luchadores que se subieron al ring para un festival solidario.
“Se ayudó en lo que se pudo. Hoy ese alumno es papá y tiene su familia. Repito. Se ayuda en lo que se puede. Por eso también nos ofrecimos cuándo inició la pandemia y había que salir a repartir bolsones de comida por los barrios. Creo que todo es una suma de voluntades, en nuestro caso desde el municipio y la SCPL –Sociedad Cooperativa Popular Limitada- que siempre están presentes, hasta particulares”, comentó.
Si de redituable se habla, cuándo se habilitó el regreso a los gimnasios, grande fue la sorpresa de Marcos que vio que a pesar del panorama, la gente respondió en el retorno.
“En nuestro gimnasio no solo es kick boxing. Hay taekwondo, funcional, kangoo Jump y una variedad de propuestas. Y gracias a Dios -en turnos reducidos de 15 personas- tenemos todos los cupos llenos desde que abre el gimnasio (a las 9) hasta que termina el último turno (21)”.
Por ello, el viernes no fue un día más. Los luchadores que entienden al deporte como algo integral, agasajaron a los más pequeños. Mientras que el sábado por la tarde entregaban los mismos presentes a los chicos del barrio.
“Uno se sorprende más por lo que recibe que por lo que llega a dar. Y esto se va extendiendo, como el caso de Miguel Poveda que ya tiene su escuela en zona norte. De nuestra parte nunca vamos a dejar el lugar dónde empezamos. Por eso cuando la pandemia lo permita volveremos con las clases en el Abel Amaya. No somos solo nosotros, sino mucha gente la que colabora a la cual estamos agradecidos”, sentenció.
