Cada día existen más comerciantes que se resignan a trabajar enrejados
Una paradoja que empieza a marcar la inseguridad en Comodoro Rivadavia es que quienes están detrás de las rejas son los comerciantes y no los delincuentes. Algunos las colocan por miedo a volver a experimentar violentos asaltos, pero también se dan casos de nuevos locales que directamente inauguran con rejas instaladas entre el mostrador y la clientela.
“Cuando abrí mi local lo hice ya con rejas puestas”, contó a Diario Patagónico la dueña de un kiosco que comenzó a funcionar a mediados de octubre último en Alsina y Rivadavia, pero que prefiere resguardar su nombre por cuestiones de seguridad.
Dijo que cuando se decidió abrir el comercio, y por recomendación de los propietarios de otros locales cercanos, decidió invertir en enrejar de lado a lado el interior de su kiosco. Sin embargo, no es un sistema totalmente eficaz, ya que “asaltaron al chico que está en el turno de la noche”.
Entraron dos hombres jóvenes que pidieron un helado, y cuando el vendedor se agachó para buscar el vuelto que debía entregarles, “ya le estaban apuntando con el arma”. Ante la amenaza de arma de fuego, pese a las rejas que lo separaban de los delincuentes, el joven le entregó la recaudación y tarjetas de teléfono.
Un episodio similar se registró en otro comercio enrejado el domingo 23 de diciembre a las 11:30, cuando dos delincuentes ingresaron al kiosco “Uriel”, ubicado en Polonia al 2.000, en el barrio San Cayetano.
Pese a las rejas que separaban a los empleados del comercio de los clientes, un ladrón apuntó con un arma de fuego a los vendedores y se llevó la recaudación, tarjetas de teléfonos y una gaseosa.
DENTRO DE UNA JAULA
El caso más emblemático de comerciantes que trabajan enrejados es el de Eladio Torralba, el kiosquero de Rivadavia –entre Alvear y Alem– que en marzo de 2010 recibió catorce puñaladas que lo tuvieron al borde de la muerte. Casi dos años después, se animó a volver a atender su comercio, pero dentro de lo que él mismo describió como una jaula.
“En mi casa está todo enrejado en todos lados y tengo alambre de púas hasta en los techos. Hace dos años que estoy preso dentro de esta jaula. Yo abrí después de 10 meses que mi hijo hizo la jaula, si no no iba a trabajar. Mi señora no quería y yo también tenía miedo. Ahora esto nos da un poco de seguridad”, le confesó a Diario Patagónico.
Dijo que cuando se decidió abrir el comercio, y por recomendación de los propietarios de otros locales cercanos, decidió invertir en enrejar de lado a lado el interior de su kiosco. Sin embargo, no es un sistema totalmente eficaz, ya que “asaltaron al chico que está en el turno de la noche”.
Entraron dos hombres jóvenes que pidieron un helado, y cuando el vendedor se agachó para buscar el vuelto que debía entregarles, “ya le estaban apuntando con el arma”. Ante la amenaza de arma de fuego, pese a las rejas que lo separaban de los delincuentes, el joven le entregó la recaudación y tarjetas de teléfono.
Un episodio similar se registró en otro comercio enrejado el domingo 23 de diciembre a las 11:30, cuando dos delincuentes ingresaron al kiosco “Uriel”, ubicado en Polonia al 2.000, en el barrio San Cayetano.
Pese a las rejas que separaban a los empleados del comercio de los clientes, un ladrón apuntó con un arma de fuego a los vendedores y se llevó la recaudación, tarjetas de teléfonos y una gaseosa.
DENTRO DE UNA JAULA
El caso más emblemático de comerciantes que trabajan enrejados es el de Eladio Torralba, el kiosquero de Rivadavia –entre Alvear y Alem– que en marzo de 2010 recibió catorce puñaladas que lo tuvieron al borde de la muerte. Casi dos años después, se animó a volver a atender su comercio, pero dentro de lo que él mismo describió como una jaula.
“En mi casa está todo enrejado en todos lados y tengo alambre de púas hasta en los techos. Hace dos años que estoy preso dentro de esta jaula. Yo abrí después de 10 meses que mi hijo hizo la jaula, si no no iba a trabajar. Mi señora no quería y yo también tenía miedo. Ahora esto nos da un poco de seguridad”, le confesó a Diario Patagónico.
