El día que Amadeo visitó El Patagónico
La leyenda del arco riverplatense falleció este viernes a los 93 años. Visitó Comodoro Rivadavia una sola vez. Fue el 24 de mayo de 2014, invitado por la Filial Enzo Francescoli y estuvo en la redacción del diario. "No vine antes al sur porque nadie me había invitado", bromeó.

Se fue una leyenda de River Plate y del fútbol argentino. Amadeo Carrizo falleció en la madrugada de este viernes a los 93 años. Fue considerado uno de los mejores del siglo XX en su puesto y el jugador con más presencias en la historia del club de Núñez, del que fue nombrado en 2014 presidente honorario.

Ese año, en mayo, visitó Comodoro Rivadavia por primera vez invitado por la filial Enzo Francescoli y estuvo en la redacción de diario El Patagónico. En esa oportunidad bromeó al afirmar que no había venido antes al sur “porque nadie me invitó antes”.

Amable, humilde y con sonrisa a flor de piel. Así era Amadeo, que ese 24 de mayo se había bajado recién del avión en el aeropuerto Mosconi junto a su nieto, cuando los integrantes de la filial local lo llevaron a El Patagónico.

Un mes antes, la dirigencia de River le había hecho un merecido homenaje y tal vez, un poco postergado. “Lo que me hicieron en el Monumental fue algo maravilloso. Después de tantos años tuve este reconocimiento tan grato y feliz de que mi querido club me lo haya hecho. Pero pasaron muchos directivos y estuvimos un poco olvidados. Pasaron muchos jugadores que hicieron historia grande y se olvidaron de ellos. Hace unos años hablé con un muchacho que integró la ‘máquina’ de River y me decía que cuando jugaba era muy querido y cuando dejamos de jugar somos olvidados. Tenía razón, nunca más volvió. Uno vuelve porque te invitan o te llaman del club”.

Amadeo Carrizo valoraba que Rodolfo D’Onofrio se rodeara de figuras históricas del club como Enzo Francescoli, el ‘Beto’ Alonso, Ubaldo Matildo Fillol y que tampoco se olvidaran de él. “Lo más lindo que he recibido es que me nombren presidente honorario del club. Es una distinción muy buena. Yo me río cuando me dicen señor presidente porque me parece mentira. Es un gran halago”, afirmó.

También confesó que lloró el día que descendió River. “El descenso fue algo muy feo. Cuando perdimos la categoría no fui a la cancha, y me vino a ver mi nieto y nos largamos a llorar los dos. No concebía que River se haya ido al descenso. Si estaban vivos los que formaron la ‘maquina’ o Antonio Liberti, no lo hubieran creído porque nunca se habló entre los compañeros que pudieran bajar de categoría. Era algo muy lejano, que no podía existir pero existió”, reconoció el primer arquero en usar guantes en el país.

El primer arquero moderno

Amadeo Carrizo permanecerá en la memoria colectiva como un futbolista de élite, al que bastaba con mencionar su nombre de pila para referenciarlo y que fundó en el país una nueva escuela de arqueros.

Carrizo fue simplemente Amadeo por la grandeza que construyó en 25 años de trayectoria, de los cuales pasó 23 en River. Se trató del primer arquero moderno en el fútbol argentino, creador de un estilo inédito hasta ese momento.

Nació en Rufino, Santa Fe, la misma ciudad que dio a luz al extraordinario Bernabé Ferreyra, el “Mortero”. Sus primeros pasos en el fútbol, en su ciudad natal, los dio como centrodelantero y le sirvieron para adquirir una destreza que luego pondría de manifiesto en su perfil de arquero.

En 1945, con 19 años, hizo su debut en River y desde entonces forjó una admirable carrera.

Defendió el arco en Núñez hasta 1968, jugó 521 partidos en el club y ganó ocho títulos locales (1945, 1947, 1952, 1953, 1955, 1956 y 1957). Tuvo como compañeros a grandes próceres “millonarios”: José Manuel “El Charro” Moreno, Alfredo Di Stéfano, Angel Labruna, Juan Carlos Muñoz, Félix Loustau, Walter Gómez, Enrique Omar Sívori, Néstor “Pipo” Rossi y Ermindo Onega, por citar algunos.

Se convirtió en el futbolista con más partidos jugados en la historia de River, por encima de Labruna (514), Reinaldo Merlo (500), Juan José López (424), Norberto Yácono (393), Oscar “Pinino” Mas (382), Norberto “Beto” Alonso (374), Loustau (367) y Ubaldo Fillol (361).

Y en el transcurso de ese largo camino refundó el concepto de arquero en el fútbol argentino. Hasta entonces, los arqueros eran simplemente atajadores, futbolistas limitados a esa tarea debajo de los tres palos, pero Amadeo se trató de un arquero integral, espejo para generaciones posteriores.

Además de su sobriedad en el arco, Carrizo impresionó con el dominio de toda el área, con su capacidad para salir y achicar el ángulo de tiro de los delanteros rivales, con su voz de mando para ordenar la defensa y con su habilidad con los pies –aquella que adquirió como número 9 en su época juvenil- para originar contraataques.

Protagonizó recordados duelos con goleadores de la época: José “Pepino” Borello y el brasileño Paulo Valentim de Boca, José Sanfilippo de San Lorenzo; Ernesto Grillo de Independiente o Humberto Maschio de Racing.

La plasticidad y la postura activa que mostraba para el puesto le granjeó el apodo de “Tarzán” en sus primeros años en el fútbol, pero tiempo después la inmensidad de su figura fue encerrada en la mención de su nombre de pila como marca registrada: Amadeo.

Por entonces, se lo señalaba como uno de los mejores arqueros de la época junto al ruso Lev Yashin, a quien enfrentó con 42 siendo jugador de Alianza Lima de Perú en un partido con Dínamo de Moscú.

El suceso de su carrera en River no fue el mismo con el seleccionado argentino y eso fue un aspecto nunca perdonado por sus detractores. Amadeo quedó marcado por lo que se conoció como el “Desastre de Suecia”, aquella eliminación del Mundial 1958 consumada con una dura goleada a manos de Checoslovaquia (6-1).

Seis años después tuvo su revancha y ganó su único título con el combinado “albiceleste”: la Copa de las Naciones en Brasil. En ella, Argentina venció al seleccionado local que contaba con Pelé y Carrizo le atajó un penal a Gerson en un recordado partido que se jugó en el Pacaembú de San Pablo. También se impuso sobre Portugal e Inglaterra y se adjudicó el torneo sin recibir goles en contra.

Amadeo le puso fin a su carrera a los 44 años en Millonarios de Colombia, donde jugó 53 partidos ya como una gloria del fútbol sudamericano al que se recordará como lo describió por entonces la revista “El Gráfico”: El Maestro sin época.