Desde que comenzó el año, llenar el tanque se volvió 16% más caro por la guerra que Trump e Israel iniciaron.
La guerra en Medio Oriente cumple casi veinte días y el estrecho de Ormuz —por donde circula el 20% del petróleo mundial— sigue prácticamente cerrado. El Brent rozó los US$110 y, aunque bajó, se mantiene por encima de los US$100. En la Argentina, los precios de la nafta y el gasoil ya acumulan un aumento del 13% en las últimas tres semanas.
El presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, dijo que la lógica es trasladar únicamente el impacto real de los costos y evitar aprovechar subas transitorias del mercado internacional. “Cuando sube, sube; cuando baja, baja”, resumió.
En la Ciudad de Buenos Aires, donde los precios son más bajos por la mayor competencia entre estaciones de servicio y una menor carga impositiva, el litro de nafta súper promedia los $1813 y el de gasoil, $1867, pero en ciudades como Comodoro Rivadavia ya está en 2 mil pesos.
En lo que va del año, los combustibles acumulan una suba del 16%, mientras que el Brent avanzó un 71%. Solo en marzo el incremento fue del 13%, tras haber bajado en enero cuando cayó la cotización internacional.
Desde el 1 de marzo, cuando la escalada de tensiones en Medio Oriente aceleró el alza del crudo, las refinadoras venden nafta y gasoil por debajo de sus costos. Según fuentes del sector, hoy compran el barril a no menos de US$94 y lo venden 25% menos.
Ese desfasaje tiene una explicación concreta: la política de precios vigente desde que el gobierno de Javier Milei liberó completamente el mercado de combustibles fija el valor local del barril por paridad de exportación —el Brent con un descuento del 8% por retenciones, menos los costos de flete—. Un mecanismo que funciona bien en tiempos de estabilidad, pero que se convierte en un torniquete cuando el crudo sube a la velocidad de una crisis.
El mercado local está dominado por cuatro grandes empresas: YPF concentra el 55% del despacho, seguida por Shell (19%), Axion (14%) y Puma Energy (5%). Dado el peso decisivo de la petrolera de control estatal, el resto prefiere esperar a ver qué hace YPF antes de actualizar sus propios precios. La compañía no es solo una empresa: es el termómetro y el regulador informal del mercado.
Hay otra señal de alarma que los analistas monitorean de cerca: la brecha entre el canal mayorista y el minorista. Hasta hace pocas semanas, comprar combustible en el segmento mayorista era un 15% más barato que en las estaciones de servicio. Esa diferencia se redujo en un momento al 6% y ahora se amplió al 10% con los últimos aumentos de precios. Si el mayorista se encarece por encima del minorista, toda esa demanda podría volcarse hacia las estaciones de servicio, con un resultado conocido: desabastecimiento puntual.
