En Río Gallegos repudiaron la presencia del adolescente detenido por el asesinato y la violación ocurridos en Puerto Deseado
Durante la tarde noche del miércoles, un grupo de habitantes de Río Gallegos arrojó piedras y botellas contra las instalaciones del Centro Juvenil Socio Educativo donde se encuentran alojados menores de edad en conflicto con la ley penal. Incluso encendieron fogatas en su acceso. Lo hicieron para repudiar la presencia en ese lugar del adolescente de 16 años involucrado en el homicidio del niño de 4 años y la violación de su madre, perpetrados el jueves 20 de febrero en una playa de la ría de Puerto Deseado.

Caleta Olivia (agencia)

El adolescente involucrado en el asesinato y la violación, perpetrados en Puerto Deseado, había sido entregado a la Justicia por su propio padre dos días después de ocurrido ese caso que conmociona al país. Además, había sido reconocido por la sobreviviente. Así, luego de haberle tomado declaración indagatoria, el juez que instruye la causa, Oldemar Villa, ordenó que el menor de edad fuera internado en el instituto de rehabilitación de Río Gallegos, donde ingresó el lunes.

Mientras tanto, el principal responsable que fue delatado por su propia hermana, Omar Alvarado (33), quien padece esquizofrenia fue trasladado a Caleta Olivia –por temor a una pueblada- y se encuentra alojado e incomunicado en un calabozo de la Comisaría Cuarta.

El adolescente habría declarado ante el juez que él no ultrajó a la mujer y que solo acató la orden de Alvarado de que le alcanzara una piedra para matar el pequeño.

En Río Gallegos, alrededor de las 19 del miércoles, se había concentrado inicialmente un regular número de manifestantes -en su mayoría mujeres- frente al Centro Juvenil ubicado en la esquina de la avenida Presidente Kirchner y calle Córdoba.

Repudiaron a viva voz que se haya traslado al adolescente a ese lugar y mostraron varias pancartas, una de las cuales sintetizaba la indignación que los embargaba: “No queremos a un asesino y violador en Río Gallegos”.

La protesta se salió de su cauce cuando algunos manifestantes comenzaron arrojar piedras y botellas contra la casona donde supuestamente estaba alojado el imputado, pero además encendieron varias fogatas, motivando que se reforzara el operativo de seguridad, hasta que finalmente la gente indignada se fue retirando del lugar.

PRENDAS CON SANGRE

El día anterior al episodio de la capital santacruceña, la policía continuó rastrillando la costa de la ría Deseado y halló una campera y una remera con manchas de sangre que habían sido ocultadas por los dos hombres, aunque las fuentes vinculadas a las investigaciones no precisaron si esas prendas pertenecían a ellos o a las víctimas.

Lo que sí se sabe es que fue el menor de edad quien reveló ese dato a la Justicia e incluso contó que al teléfono celular de la mujer, que fuera hallado el lunes, lo habían arrojado a uno dos kilómetros del sitio de la violación y homicidio.

El teléfono le fue entregado a la víctima quien el miércoles pudo retornar a su ciudad de origen, Rosario de las Frontera, junto al cuerpo del niño que fue inhumado en medio de una profunda congoja de la comunidad de esa ciudad salteña.

La mujer había viajado a Puerto Deseado junto al niño para visitar a su hijo mayor, quien reside a esa localidad. La madre y el pequeño caminaban por una playa de la ría cuando fueron sorprendidos por los dos hombres que la ultrajaron y asesinaron al nene.