El mayor esfuerzo para lograr la licuación de sus haberes, por parte del gobierno de Javier Milei, recayó en la caída en términos reales de jubilaciones y pensiones. Un estudio advierte que la estrategia puede no ser sostenible.
Lejos de que el ajuste se aplique a la casta política, por el contrario la peor parte la están pagando asalariados y jubilados. De no haber una recomposición extra, como un bono, en febrero la jubilación mínima habrá retrocedido a niveles de 2002. Del supuesto superávit que consiguió el Gobierno, el mayor esfuerzo para lograrlo recayó en la caída en términos reales de jubilaciones y pensiones.
Las jubilaciones y pensiones cayeron 32,5 por ciento interanual en enero en términos reales, es decir, teniendo en cuenta la inflación. La jubilación mínima en Argentina alcanzaría en febrero un valor real —es decir, expresado en términos de poder de compra— inferior al registrado durante la crisis económica de 2002.
Este dato surge en un contexto donde el gobierno nacional logró un superávit fiscal en enero, un logro que, según el análisis, se basó en gran medida en la reducción real del gasto en jubilaciones y pensiones.
De acuerdo con el informe de IDESA, por equilibrar las cuentas públicas y mantener la meta de déficit cero tuvieron un impacto significativo en el poder adquisitivo de los jubilados. La reducción en el valor real de las jubilaciones y pensiones se identifica como el factor más decisivo detrás del superávit financiero de 0,2 por ciento del PBI logrado en enero. Fue el factor que más pesó y el sector que, hasta el momento, cargó con los mayores esfuerzos.
Fuente: El Destape
