La belleza escrita entre rejas: cómo Mariano Avilez convirtió el encierro en poesía

Durante un año y medio estuvo detenido en la Unidad 6 de Rawson, una cárcel de máxima seguridad donde convivió con la violencia, la marginalidad y las heridas más profundas de quienes habitan el encierro. Allí, entre requisas, cuadernos improvisados y cartas que viajaban hacia afuera, Mariano Avilez escribió La belleza de lo impuro, un poemario que transformó la experiencia carcelaria en una búsqueda sobre el lenguaje, la fe, la condición humana y la posibilidad de encontrar belleza donde parece imposible.

El último lápiz de un pabellón puede convertirse en un objeto de disputa. Una hoja en blanco puede tener más valor que una gota de agua en el desierto. Un cuaderno escolar puede transformarse en refugio. En la Unidad 6 de Rawson, una cárcel de máxima seguridad atravesada por sus propias reglas y jerarquías, Mariano Avilez escribió el libro que terminaría convirtiéndose en La belleza de lo impuro.

La historia del poemario no puede separarse de la historia de su autor. Avilez fue detenido en 2024 y permaneció un año y seis meses en el penal de Rawson por una causa vinculada a tenencia de drogas. Llegó allí atravesando problemas de adicción y sin antecedentes penales ni conflictos previos con la Justicia.

“Yo sin ser una persona conflictiva, sí tenía problemas de adicción. Eso me llevó a tener esa causa. Pero sin tener problemas anteriores con la Justicia, ni con la policía, ni con nada. De hecho, una persona que me dedicaba al estudio terminó en una cárcel muy complicada”, recuerda en comunicación con El Patagónico.

Con el tiempo logró ingresar a un al pabellón 8 de la U6, un espacio que describe como una organización horizontal donde existían acuerdos internos para evitar determinados niveles de violencia.

“Había cierta organización política ahí dentro. No se permitían peleas con facas y había que tener buena conducta. Era una organización bastante estructurada donde uno podía vivir con cierta seguridad para no tener que poner en riesgo la vida en otros pabellones”.

Sin embargo, la violencia seguía formando parte de la vida cotidiana. “Eso no hace que sea menos violento que cualquier cárcel”, aclara.

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GANARSE UN LUGAR PARA ESCRIBIR

El escritor que había ingresado al penal tuvo primero que convencer a los demás presos de que efectivamente era escritor. No fue sencillo.

“Pude ir ganándome el espacio a partir de peleas y demás para poder explicarle a un preso que yo escribía, que era escritor, que no estaba haciendo denuncias ni elucubrando conspiraciones para contarle a la policía de los movimientos ilegales que se manejan dentro de cualquier cárcel”.

La desconfianza inicial fue dando paso a otra relación. Poco a poco comenzó a escribir cartas, poemas y mensajes para otros internos. Ayudaba a redactar textos para parejas, hijos o familiares. También colaboraba con tareas escolares y resúmenes de lectura.

“Había una colaboración con los presos. Yo les podía escribir cartas o poemas para sus mujeres cuando habían tenido problemas, o para sus hijos. Los ayudaba mucho con tareas y resúmenes de libros. Ofrecía todo lo que era mi conocimiento sobre los temas que estudiaba”.

Con el tiempo terminó ocupando un lugar inesperado dentro del pabellón. “En la cárcel todos lloran y todos pelean, pero quizás nadie te escucha cuando querés hablar algo”. La ausencia de contención emocional era una de las cosas que más lo impactaban.

“Todo lo que es la parte psicológica y psiquiátrica es casi inexistente. Si un preso tiene problemas con su familia o con sus hijos, o tiene tristezas propias, llorar no se puede llorar frente a todos. Es solamente en las noches”.

Lo que escuchaba desde su celda todavía permanece en su memoria. “Se escuchaba constantemente presos llorar a los gritos por las noches de dolor emocional. Quizás eso a mí me impactaba mucho”. Frente a esa realidad eligió construir otro vínculo con quienes lo rodeaban.

“Trataba de ofrecerme para ayudar. Conocer ese lado más humano. Porque la cárcel te quita toda la humanidad que podés tener”. La frase resume buena parte de la experiencia que atravesó.

“Desde los encargados y las requisas hasta la violencia constante, te quitan la poca humanidad que te queda. Y uno tampoco se puede mostrar muy humano. Hay que mostrarse con la peor versión, porque si no uno es atacado constantemente”. Sin embargo, encontró una forma distinta de habitar ese espacio.

“Podía acercarme a alguien y decirle: ‘Te veo mal. No quiero nada raro. Quiero ayudarte. Quiero escucharte’. Porque quizás con el resto podía pelear, discutir o hacer negocios, pero no hablar de lo que le estaba pasando”.

"La Belleza de lo impuro" se puede conseguir en este link

EL LIBRO QUE EMPEZO VIAJANDO EN CARTAS

La escritura terminó convirtiéndose en una rutina de resistencia. “Pude ir teniendo mi espacio para escribir en mi celda, tranquilo, sin problemas. La población sabía que yo estaba escribiendo un libro y eso les gustaba. Era algo extraño”.

En un contexto donde conseguir un lápiz, unas hojas o simplemente un momento de tranquilidad podía resultar complejo, la escritura comenzó a ocupar un lugar central en sus días. Lo que al principio surgió como una necesidad personal para ordenar emociones y pensamientos fue creciendo hasta convertirse en un proyecto mucho más ambicioso.

“El libro nació desde la necesidad de escribir para acompañar las horas desbordadas de emociones y pensamientos en el encierro. Nació como catarsis, pero creo que, en algún momento, no sé muy bien cuál, el libro se fue dando vida a sí mismo”.

Mientras avanzaba la escritura comenzaron a aparecer imágenes recurrentes, personajes y una estructura que excedía la idea de un simple conjunto de poemas.

“Fueron apareciendo cosas que quería contar o imágenes que pintar en la mente del lector. Luego fueron apareciendo las entidades del libro que se presentan en los interludios y la figura de un poeta que es y no es al mismo tiempo quien escribe el libro”.

Ese descubrimiento terminó modificando la propia percepción que tenía sobre el proyecto.

“Cuando me doy cuenta de todo lo que estaba sucediendo en la escritura me dije a mí mismo que esto ya tenía una estructura más allá de una compilación de poemas, que también podía haber tensión narrativa y eventualmente podría cerrarse esa tensión en una suerte de desenlace mediante se avanza en la lectura. Una especie de hilo invisible que conecta todo de una forma sutil que en el fondo atraviesa el libro”.

Dentro del pabellón algunos presos comenzaron a interesarse por aquello que escribía.

“Por ahí me pedían leer las cosas que escribía o que se las leyera yo porque ellos no sabían leer. Algunas personas se emocionaban”. Pero escribir dentro de la cárcel implicaba desafíos permanentes. “Tuve que pelear muchas veces por el último lápiz del pabellón o por tener cuadernos y hojas para escribir”.

Cada borrador debía encontrar la manera de sobrevivir.

“El libro fue escrito completamente en esa cárcel. Pude ir sacando los borradores por cartas porque las cartas son gratis. Escribía primero en hojas sueltas, después las pasaba a cuadernos de primaria que les daban a otros presos. Después mandaba todo por carta”.

Del otro lado, amigos y allegados conservaban ese material. “Llegaba a Comodoro y mis amigos me lo cuidaban”.

Muchas páginas nunca lograron salir.

“Muchos de los poemas se perdieron en las requisas. Eran muy fuertes y constantes. Muchas veces entraban a la celda, revolvían todo y cuando volvía encontraba los poemas rotos”.

Las burlas también eran parte del escenario.

“Recibía burlas constantemente, pero eso me hacía más fuerte. De ahí sacaba más inspiración”. Sin embargo, el libro continuó creciendo. Incluso fue cambiando de forma y de identidad. Durante buena parte de su proceso creativo se llamó UMBRALIX y estaba asociado al pseudónimo Egregor, nombre con el que Avilez se presentó durante años.

“El libro originalmente se llamaba UMBRALIX y yo siempre me presenté bajo el pseudónimo Egregor”. Recién más adelante, durante el trabajo editorial, aparecería el nombre definitivo que terminaría sintetizando gran parte de las ideas que recorren la obra.

Embed - Editorial Barenhaus on Instagram: " La belleza de lo impuro — Mariano Avilez Hay libros que esperan ser leídos. Este no espera: irrumpe. Una obra poética intensa y contemporánea donde conviven lo sagrado y lo grotesco, la luz y la sombra, el cuerpo y el lenguaje. Poemas e interludios que exploran los límites de lo humano y lo simbólico, en una escritura que no busca explicar ni tranquilizar, sino atravesar. Porque a veces la poesía no promete respuestas. Solo una experiencia imposible de olvidar. Disponibles en Yenny, Cúspide, SBS y tiendas digitales "

ENCONTRAR BELLEZA EN MEDIO DEL HORROR

La cárcel también se convirtió en una fuente brutal de experiencias. Algunas de ellas terminaron filtrándose en los poemas. “Mucho de lo que está escrito ahí son cosas que sí me tocaron vivir”.

Avilez recuerda haber presenciado hechos extremos. “Me tocó ver a una persona que la prendieron fuego simplemente por unas deudas”.

La violencia, sin embargo, no es lo único que quedó grabado en su memoria. “Me tocó ver la miseria, la marginalidad, el encierro, las mentes carcomidas por sus traumas, por la vida tan dura que tuvieron que pasar”.

Y es justamente allí donde aparece uno de los núcleos conceptuales del libro. “Me tocó encontrar la belleza en los lugares más asquerosos”. No lo dice como una metáfora. Lo dice como una necesidad.

“Quizás para poder trascenderla e irme lo más rápido de ahí. Sentí en todo momento que estaba ahí para aprender algo, para entender algo. Si yo pertenecía o no a ese mundo simplemente por mi adicción”.

Esa búsqueda de belleza en medio de la degradación terminaría dándole nombre a la obra. El título definitivo surge de uno de los interludios protagonizados por Aura, una de las entidades que recorren el libro.

“En un mundo que florece con la sangre / se reza con los dedos llenos de óxido / con olor a viento / y el aliento viciado”. A partir de esa imagen construye una reflexión que atraviesa toda la obra.

“Creo que, en un acto tan bello del humano, en ese querer conectar con lo divino mediante el rezo, el humano en su forma, su moral y su mundanalidad está impuro, incompleto, lleno de plomo alquímico. Ese contraste es el que me fascina”.

La idea de la transformación también aparece en uno de los poemas que más trabajo le demandó.

“Puntualmente el poema Transmutación, antes Oda de un alquimista. Me obsesioné y ni siquiera considero que sea uno de los mejores del libro. Pasé muchísimas noches de desvelo trabajando en él”.

Recuerda aquellas noches en la biblioteca del penal intentando resolver una influencia literaria que lo perseguía desde la adolescencia.

“En ese momento que escribí ese poema, en el penal U6 de Rawson, en la biblioteca no tenían ningún libro de Baudelaire y pasaba noches intentando recordar un poema que leí a los 16 años y hacer todo lo humanamente posible para que mi poema no se pareciera a algo que no recordaba ni bien ni del todo”.

La cárcel aportó experiencias, imágenes y heridas, pero también una materia prima que terminó modificando profundamente su escritura. “Las cosas violentas que pasaban para mí eran el material más crudo, más vivencial y más directo”.

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DEL ENCIERRO AL LENGUAJE

La experiencia carcelaria terminó dialogando con inquietudes que Avilez arrastraba desde mucho antes: la filosofía, la poesía, la espiritualidad y el lenguaje. Por eso La belleza de lo impuro no es solamente un libro sobre la cárcel. Es también un libro sobre aquello que las palabras intentan alcanzar sin terminar nunca de capturarlo.

“Principalmente fueron lecturas de Wittgenstein y Heidegger. Siempre me detonó el poema de Parménides con la puerta del ser y la del no-ser, lo que se puede decir y lo que no”.

Desde esa perspectiva, el lenguaje se convierte en una frontera.

“Wittgenstein decía que el lenguaje es el mapa del mundo y lo que queda fuera de ese mapa no se puede pensar e incluso siquiera mentir sobre eso. Y Heidegger plantea al lenguaje como la casa del ser, básicamente nosotros no usamos el lenguaje y tampoco somos dueños de las palabras, sino más bien sus cuidadores”.

La reflexión se extiende hacia aquello que existe antes de cualquier palabra.

“Antes del verbo había nada. De ahí surge todo”.

Y agrega: “Ese vacío que hoy científicos llaman vacío cuántico, un poeta lo puede llamar Abismo y un ocultista moderno del sendero de la mano izquierda lo puede llamar Caos Primordial o incluso Vacío Negro”.

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Lejos de concebirlo como una ausencia, lo entiende como una plenitud imposible de describir. “En esa nada primordial no hay una ausencia estéril, sino una plenitud tan absoluta que resulta imposible describirla”.

Para Avilez, la poesía habita precisamente en ese límite. “Hay una pulsión demasiado humana de querer nombrar y rotular todo para así poder conocerlo, pero para eso que no se puede conocer quizás le quede mejor un verso”.

Las preguntas que acompañaron la escritura estuvieron relacionadas con esa búsqueda constante. “¿Cómo puedo llevar más allá esto? ¿Cómo puedo transgredir esta idea? ¿Cómo puedo desagradar a unos y maravillar a otros? ¿Cómo puedo sacarme este sentimiento de adentro?”.

Durante aquel período no encontró demasiadas respuestas. “Yo creo que mientras escribía ardía en preguntas y movimientos erráticos, ardía en pesadillas, en recuerdos y síndrome de abstinencia”.

Las respuestas llegarían tiempo después.

“Ya desprendido del proceso creativo de escribir ese libro y fuera de la cárcel, las respuestas solas empezaron a llegar y comencé a sentir que sanaban muchas cosas a medida que llegaban las respuestas que tanto grité al cielo”.

En esa construcción, emoción y pensamiento aparecen como elementos inseparables. “En la poesía y en mi vida la emoción y la reflexión están unidas por un guion entre palabras. No las puedo separar”.

Las influencias que atraviesan el libro también son múltiples.

“Mi vida, mi pensamiento y mis poemas están en constante diálogo circundante con los pensadores, escritores, magos, locos, poetas y profetas que llegaron a mi vida en diferentes momentos. Desde Hegel a Crowley, pasando por San Agustín y los gnósticos”.

A ellos suma lecturas como El retrato de Dorian Gray, Sobre héroes y tumbas y El juego del ángel. “Yo creo que por naturaleza soy lector. Como dijo Bolaño, lo natural es la lectura, los escritores somos medio una aberración necesaria”.

La idea del abismo sintetiza buena parte de esa mirada.

“El Abismo aparece cada vez que uno llega a lo desconocido. Cada vez que uno se mete hasta los huesos en un tema llega un momento donde nos topamos con el Abismo de lo Desconocido. Esa para mí es una experiencia reveladora y profundamente poética”.

Cuando el manuscrito estuvo terminado comenzó otro proceso. El de las correcciones, la búsqueda editorial y la exposición pública. Recuerda especialmente el trabajo de Dámaris Pettersson, quien acompañó las últimas etapas del texto. “Marian, qué pedazo de libro te mandaste, es una obra de arte que al mismo tiempo es un poemario”.

Más tarde llegaría la publicación con Bärenhaus y la circulación del libro entre nuevos lectores. “No había un destinatario definido, pero sí me gustaba la idea de que le llegue a algún lector incauto y se retuerza un poco por el asco, pero se sienta seducido también”.

Si tuviera que elegir una puerta de entrada a su obra menciona Un diamante y El buzón del bar, dos textos donde siente que logró condensar buena parte de sus obsesiones literarias.

Y cuando piensa en lo que espera provocar en quien lea el libro vuelve a una imagen de vulnerabilidad compartida. “Me encantaría que al lector cada poema que le impacte en el buen y el mal sentido le quite una capa de piel y eso lo deje más expuesto. Y que al exponerme yo, esa otra persona quizás pueda comulgar conmigo y sienta que no está tan sola”.

Porque, aunque el libro ya fue publicado, para Avilez la búsqueda continua.

“Hay finales que son principios de otra cosa. El libro terminó, pero no me puedo ir yo de sus páginas. Es mi pasado y como tal me pertenece, pero tengo la responsabilidad de superarlo y seguir avanzando”.

Y concluye con una definición que resume buena parte de su recorrido: “Cogito, ergo sum, et intra linguam existo”.

UN VINCULO DIRECTO CON LOS LECTORES

Además de la circulación en librerías, Mariano Avilez busca construir un contacto más cercano con quienes se interesen por La belleza de lo impuro, especialmente en Comodoro Rivadavia.

El autor explicó que valora la posibilidad de conocer a los lectores antes de entregarles un ejemplar, ya que le interesa realizar dedicatorias personalizadas a partir de esas conversaciones.

Quienes deseen adquirir el libro o contactarse con el autor pueden hacerlo a través de su cuenta de Instagram o mediante el número de WhatsApp que figura en su Taplink.