Un vínculo que atravesó distintas etapas y que se mantuvo firme con un perfil bajo bien marcado.
Indio Solari y Virginia Mones Ruiz compartieron una historia que se mantuvo siempre en un plano discreto, construida lejos de la exposición y sostenida durante más de cuatro décadas. Su vínculo comenzó en los primeros años de la formación de Los Redonditos de Ricota y se consolidó con el tiempo, acompañando cada etapa de la vida del músico mientras él desarrollaba una carrera que marcaría a generaciones enteras. Ambos eligieron preservar la intimidad, una decisión que se convirtió en parte esencial de su manera de vivir.
Indio Solari y Virginia Mones Ruiz compartieron más de cuatro décadas de amor, construyendo una relación que se mantuvo siempre en un plano discreto. La noticia de la muerte del músico a los 77 años llevó a repasar no solo su trayectoria artística, sino también aspectos íntimos que permanecieron resguardados detrás de su figura. Allí aparece la figura de Viru, como la llamaban, quien estuvo a su lado desde los primeros años de Los Redonditos de Ricota.
En 1981, cuando la banda recién era un proyecto en formación, la pareja empezó a forjar el camino que los unió para toda la vida. Juntos construyeron una vida bajo la premisa de preservar su intimidad familiar. Compartieron alegrías, desafíos y momentos difíciles, siempre priorizando el espacio personal que habían creado juntos. En el año 2000 nació Bruno, el único hijo de ambos, quien representó una nueva etapa en la vida del artista y la escritora.
Juntos eligieron vivir en Parque Leloir, en Ituzaingó, donde encontraron un espacio de tranquilidad lejos del fervor popular que seguía rodeando al artista. Mientras la euforia por la imagen del líder de Los Redonditos de Ricota seguía creciendo, en el interior de la propiedad, la familia tenía una vida sencilla, construida sobre afectos, rutinas y el perfil bajo que los acompañó en todo momento.
Los que conocían de cerca al Indio Solari destacan la importancia de Virginia Mones Ruiz en la vida del músico. Aunque rara vez aparecía en público, su presencia era fundamental en el círculo íntimo del músico. Los últimos años estuvieron marcados por el diagnóstico de Parkinson, que el artista hizo público en 2016 y que lo alejó definitivamente de los escenarios. En ese proceso, la pareja mantuvo un fuerte sostén, acompañándose en la nueva circunstancia que les enfrentaba la vida.
Gracias al perfil bajo que la identificó durante toda su relación con el Indio Solari, cada vez que Virginia Mones Ruiz decidía expresarse públicamente, sus palabras eran seguidas de cerca. En una de esas oportunidades recordó cómo se conocieron en el verano de 1981 y cómo una canción describía su amor incluso después de cuatro décadas. Ese mensaje se convirtió en una de las pocas formas de dilucidar una relación que se mantuvo siempre en reserva.
A pesar del reconocimiento del artista, la historia que construyó con la escritora estuvo marcada en su totalidad por la discreción y la compañía mutua. Ella se mantuvo siempre alejada de los reflectores, acompañando la figura de su pareja y de todo el legado que construyó. En medio de canciones, giras y estadios colmados, su vínculo se sostuvo durante más de cuarenta años lejos de la exposición.
Hoy, tras la muerte del Indio Solari, el nombre de Virginia Mones Ruiz vuelve a aparecer como parte inseparable de su recorrido personal. Estuvo presente desde los comienzos, cuando todo era incertidumbre; acompañó el crecimiento de un fenómeno cultural único y compartió tanto la vida familiar como los años más complejos de la enfermedad.
