Reeditan la trilogía con la que Levi documentó el horror de Auschwitz
La obra del escritor italiano confronta al lector a una experiencia en la que las palabras rozan lo obsoleto en su intento de retratar la miseria humana.
La experiencia inasible del horror en los campos de concentración nazis, que el escritor italiano Primo Levy documentó con prosa demoledora en su "Trilogía de Auschwitz" -que abarca las obras "Si esto es un hombre", "La tregua" y "Los hundidos y los salvados"- regresa en una nueva edición con bellísimo arte de tapa a cargo del ilustrador español Adriá Fruitós.
"Tuve la suerte de no ser deportado a Auschwitz hasta 1944, después de que el gobierno alemán hubiera decidido, a causa de la escasez creciente de mano de obra, prolongar la vida media de los prisioneros que iba a eliminar". Así inicia Levi la primera parte de este terceto que confronta al lector a una experiencia en la que las palabras rozan lo obsoleto en su intento de retratar la miseria humana.
Levi nació en Turín el 31 de julio de 1919 y murió en 1987 al caerse por el hueco de una escalera, en un episodio que algunos interpretan como un acto voluntario y otros como un accidente. Tras estudiar química entre 1939 y 1941, con la intervención alemana en el norte de Italia, en 1943 se unió a un grupo judío de la Resistencia.
Un escuadrón de milicianos fascistas lo detuvo a fines de 1943 y el 22 de febrero de 1944 partió el tren que lo llevaba al campo de concentración Auschwitz-Birkenau, donde llegó cuatro días después el 26 de febrero después de un viaje de seis dí­as en un vagón para ganado: procedía del campo de concentración de Fossoli, en Italia, donde había sido confinado por partisano aunque había preferido declararse "ciudadano italiano de raza judía" para librarse de un fusilamiento seguro.
Casi un año después -el 27 de enero de 1945- llegaron al campo, abandonado por los alemanes, los primeros soldados rusos y los sobrevivientes emprendieron la traumática reinserción a la vida que habían dejado antes del cautiverio.
Entre 1947 y 1986, el químico y escritor se dedicó a narrar su vida como prisionero y sobrevivente de Auschwitz y a reflexionar sobre las contradicciones inherentes a la condición de sobreviviente, casi imposible de franquear a terceros porque quien ha padecido esa situación ha experimentado "un tipo de noche que los ojos humanos no podrí­an atestiguar y sobrevivir".
En los comienzos de "Si esto es un hombre", Levi aclara que su testimonio "no se ha escrito con el fin de formular nuevas acusaciones" sino que "debe ser capaz, más bien, de proporcionar documentación para un estudio sosegado de ciertos aspectos de la mente humana", específicamente el sufrimiento corporal al límite de la resistencia y los subterfugios que tienen lugar en la conciencia en situaciones de opresión.
El escritor relata que uno de los sueños más recurrentes de los prisioneros consiste en soñarse a sí­ mismos después de su liberación y asegura que soñar no representa la liberación del inconsciente sino la persistencia del horror.
Años después de la publicación de "Si esto es un hombre", Levi se entregó a la escritura de "La tregua" (1963), que testimonia el viaje que realizó con los soviéticos que lo rescataron de Auschwitz y los depositaron en su casa, una trama de corte picaresco centrada en el devenir de un grupo de italianos que recorren durante meses los caminos de Europa central.
Hacia 1986 llegó el cierre de la trilogía con "Los hundidos y los salvados", un libro en el que el autor confiesa que quienes conocieron a fondo el horror de la Shoá son los que no han sobrevivido.
"Destruir al hombre es difícil, casi tanto como crearlo: no ha sido fácil, no ha sido breve, pero lo habéis conseguido, alemanes. Henos aquí­ dóciles bajo vuestras miradas: de nuestra parte nada tenéis que temer: ni actos de rebeldí­a, ni palabras de desafío, ni siquiera una mirada que juzgue", apunta Levi.
La muerte del escritor, en 1987, causó tal estupor que tuvo que pasar un tiempo para que sus amigos más cercanos salieran a sostener que no se habí­a suicidado, sino que había tenido un accidente, e incluso alguno llegó a hablar de un "crimen de odio". Este episodio es uno de los agujeros negros que deja latente su desaparición, así como las lecturas sobre los modos de reelaborar un infierno personal y a la vez colectivo como el que le tocó vivir.
La reedición de la trilogía que acaba de lanzar el sello Ariel permite redescubrir un relato minucioso y desgarrador sobre los alcances de lo que la ensayista Hannah Arendt denominó "la banalidad del mal" y desliza la posibilidad de una amenaza latente y constante, esa idea de que aquel horror perpretado por el nazismo puede volver a suceder.