El martes 3 de enero, Ana decidió acompañar a su marido y a su hija hasta un descampado-basural de chatarras que está alejado de Comodoro Rivadavia, al cual se llega luego de transitar un camino muy largo saliendo desde Kilómetro 11.
Hasta allí fueron para tratar de encontrar un repuesto para un vehículo viejo que ya no se comercializa, y en ese lugar la gente suele abandonar chatarras, cubiertas y piezas de automóviles.
Pero cuando empezaron a recorrer, Ana vio entre tanta chatarrería la cabecita de un animal: "si no mueve su cabecita no me daba cuenta que estaba viva porque estaba en un pozo profundo, no podía salir de ahí", relató a El Patagónico.
Se trataba de una cachorra que estaba a punto de morir, no tenía fuerzas para nada: "movió un poquito la cabeza como pidiendo ayuda, diciendo acá estoy". Fue así que bajó a buscarla para llevarla rápidamente al veterinario.
Primero le dio agua "se tomó como dos litros sin parar", indicó la mujer. Luego se contactó con el veterinario (José Torres), quien revisó al animal y constató que se trataba de una cachorra de unos seis meses que tenía mosquillo, sarna y además padecía un cuadro de desnutrición.
"Estuvo tirada en ese lugar varios días, me parte el alma pensar en cuánto tiempo estuvo ahí. Yo creo haber sido mandada por Dios, ella tenía unas ganas de vivir pero ese lugar es como un desierto", aseguró A na.
"Cuando llego a casa de trabajar se levanta como puede, me hace fiesta como puede, está contenta", manifestó Ana, quien aún no puede creer que la hayan abandonado en aquel lugar "por los comportamientos y actitudes que tiene la cachorra, se percibe que estuvo en una casa".
La pequeña fue bautizada como "Milagros", y ahora trata de recuperarse en su nuevo hogar, donde es cuidada por sus dos "hermanitos", un caniche y una sharpei que no se despegan de su lado desde que llegó a la casa.
