"Todos se creen Pablo Escobar, y están todos presos o enterrados"

Antes de ser asesinado, el jefe de la barra brava de Rosario Central declaró: “Si me matan, la ciudad se incendia”. El hombre que manejó la hinchada por casi tres décadas reveló en una serie de entrevistas los riesgos y códigos rotos en un ambiente plagado de violencia y alianzas con el crimen organizado.

Andrés "Pillín" Bracamonte, de 53 años, aseguraba querer retirarse del mundo de la barra brava de Rosario Central. Con casi tres décadas al frente, el autoproclamado jefe de la hinchada mantenía su hegemonía en un entorno violento, sin horarios ni jefes. Sin embargo, en su último diálogo con el periodista Germán de los Santos, pocos días antes de su asesinato, Bracamonte mostró signos de que su retiro no estaba tan próximo: llegó con los nudillos lastimados tras “dar unos correctivos” a algunos hinchas que, en su opinión, se excedieron en sus acciones.

El poder de "Pillín" Bracamonte se extendía más allá de las tribunas del Gigante de Arroyito. Aseguraba que no vendía droga, aunque admitía su relación con grupos delictivos como Los Monos, uno de los clanes más peligrosos de Rosario, con quienes tejió una compleja red de negocios y alianzas. Este vínculo quedaba en evidencia en una fotografía de archivo que muestra a Bracamonte junto a miembros de la barra de Newell’s y del clan Cantero. "En Rosario se rompieron códigos que hicieron que todo se vaya a la mierda", afirmó durante una de las entrevistas, en la que lamentaba la falta de respeto y las disputas por el control de territorios entre bandas de jóvenes criminales, a los que llamaba "descerebrados".

Bracamonte también relató un intento de atentado en su contra el pasado 10 de agosto en el parque Alem, luego del clásico entre Rosario Central y Newell’s, donde recibió varios disparos en la espalda. Sobrevivió, pero relataba que el ambiente estaba plagado de traiciones y que, de haberse concretado, su asesinato habría desatado el caos. Tras el ataque, Los Monos le ofrecieron una “cacería” contra los agresores, a lo que él se negó para evitar problemas con la ley.

El líder de la barra vivía en un lujoso barrio privado y decía llevar una “vida sana”, sin drogas, alcohol ni tabaco, mientras gestionaba una empresa de baños químicos, en la que, según sus palabras, todo estaba “en blanco”. Sin embargo, el historial de Bracamonte incluye al menos dos encarcelamientos por causas de lavado de dinero, lo cual lo llevó a una prisión de alta seguridad junto a su “amigo” Máximo “El Viejo” Cantero, uno de los líderes de Los Monos.

Finalmente, la violencia alcanzó a Bracamonte este sábado, cuando dos sicarios abrieron fuego contra la camioneta en la que viajaba junto a un amigo. Según sus palabras, sobrevivió a 29 atentados a lo largo de su vida; sin embargo, en esta ocasión no tuvo la misma suerte. El histórico líder de la barra de Rosario Central murió dejando tras de sí un legado marcado por la violencia y el crimen en una ciudad que él mismo describió como “llena de sangre”.

Fuente: La Nación