Mató a su suegra y a su cuñado, hirió de gravedad a sus hijastros y luego se suicidó

José Soria, un integrante de la Prefectura de 45 años de edad, ingresó por la ventana del dormitorio de su ex esposa a la casa en que vivía junto a su familia y desencadenó una tragedia. Fue poco antes de las 4 de ayer cuando sorprendió a todos durmiendo. A ella la golpeó, mientras mató a su suegra y a su cuñado, un apreciado bombero voluntario. Además, el homicida hirió de gravedad a los hijos adolescentes de su ex pareja y finalmente se suicidó en la misma vivienda en la que también estaban sus dos hijos menores, una cuñada y un sobrino, quienes resultaron ilesos. Utilizó su arma reglamentaria, una pistola 9 milímetros.

José Soria tenía 45 años de edad y era ayudante de segunda de la Prefectura Naval Argentina. Su función era la de atender al público en la guardia del destacamento ubicado sobre la calle Máximo Abásolo, en pleno centro de Comodoro Rivadavia. "El Loco" Soria (como se lo conocía en la institución) desencadenó ayer a la madrugada una tragedia en el barrio Standart: mató a su suegra y a su cuñado; hirió de gravedad a sus dos hijastros adolescentes; golpeó a su esposa y luego se quitó la vida frente a sus dos pequeños hijos de 8 y 9 años. En la casa también vivía una joven cuñada y su hijo de 6 años.
Soria había nacido en la provincia de Buenos Aires y había llegado en diciembre del 2004 desde Mar Del Plata. Se había separado hace seis meses de Fabiana (36), la hija del suboficial Juan de Dios Contreras, a la que había conocido en Comodoro.
Los Contreras habían llegado desde Bahía Blanca. Eran vecinos porque a mediados de la década pasada el IPV les adjudicó viviendas vecinas en Standart Sur, junto a efectivos de Gendarmería y Policía.
"El Loco" Soria y Fabiana se enamoraron y se fueron a vivir a la casa de él, junto con los dos hijos de ella de un matrimonio anterior en Mar del Plata: Lautaro (16) y Yasmin (14). Se radicaron en la calle 2397, a sólo 50 metros de la casa de Contreras (quien falleció hace dos años) y Lidia Peralta, sus suegros. De la nueva relación nacieron dos varones que hoy tienen 8 y 9 años.
Ayer se supo que en 2012 hubo una luz amarilla. Ella lo denunció por violencia familiar, según informó el comisario Javier Loyola, de Kilómetro 8, quien trabajó en el caso desde las primeras horas junto al fiscal Héctor Iturrioz. Amigas de la mujer confirmaron que Soria era "muy violento" y que maltrataba a los hijos de su pareja. Incluso en público agredía verbalmente a su mujer.

UNA DENUNCIA
MOLESTA
Según compañeros de armas de Soria, el hombre amenazaba a su mujer en forma continua para que levantara aquella denuncia porque corría riesgo su futuro en Prefectura. Según él, si el sumario avanzaba podían darle de baja y así ella se quedaría sin posibilidad de darle sustento a sus hijos.
Ayer también trascendió que le habían quitado el arma reglamentaria y se le habría realizado un sumario interno que finalmente concluyó cuando la causa penal no prosperó, por lo que pudo recuperar su Pietro Beretta 9 milímetros, la misma con la que ayer a las 3:45 mató a su suegra Lidia (54) y a su cuñado Gustavo Darío Contreras (29); golpeó a Fabiana; hirió a Yasmin y a Lautaro y después se quitó la vida de un tiro en el mentón.
Al ser víctima de la violencia de Soria, Fabiana había vuelto junto a sus cuatro hijos a la casa de sus padres, donde residían su madre Lidia (una mujer apreciada en la vecindad y a quien muchos acudían porque "curaba el empacho"); sus hijos Gustavo (trabajaba en una empresa de alarmas y era bombero) y Anabela y un hijo de ésta. Fabiana y los pequeños pernoctaban en el comedor de la vivienda que en total albergaba a 9 personas.

"MAÑANA TRABAJO TEMPRANO"
Antes de la masacre, a las 23 del domingo, Soria se presentó en la comisaría de Kilómetro 8, donde según el comisario Loyola denunció que Fabiana le había dañado el parabrisas de su vehículo y que le había arrojado piedras al techo de la vivienda. Dijo que la agresión era porque reclamaba las mochilas de la escuela de los hijos que él tenía y no se las pensaba dar.
"Bueno, me voy a dormir porque mañana trabajo temprano", le dijo Soria al policía que lo atendió en la comisaría y se marchó en el vehículo en el que había llegado. En su casa ayer todavía la luz estaba prendida y adentro del garage quedó el automóvil.
Según se pudo reconstruir, desde su casa "el loco" caminó en medio de la madrugada los 50 metros que lo separaban de los Contreras. Al llegar rompió el vidrio de la ventana del comedor-dormitorio, ingresó y golpeó a Fabiana en el rostro con el arma de fuego. La dejó inconsciente. Aparentemente, sus propios hijos nada escucharon.
Después, el asesino caminó hasta la habitación de su cuñado y lo mató de dos balazos en el pecho. El cuerpo del bombero del Destacamento 2 (ver aparte) quedó tirado al costado de la cama.
Luego se dirigió a la otra habitación donde mató a su suegra de dos balazos. En el pasillo le pegó un tiro en la cabeza a la adolescente Yasmin, que según la Policía fue encontrada con vida pero con un orificio de entrada y salida de bala en el cráneo que anoche la mantenía al filo de la muerte. De hecho se hallaba en coma farmacológica.
A Lautaro, en tanto, le disparó en tres oportunidades. Un tiro le dio en la mejilla, otro en el hombro y el restante en la pierna. Como pudo, el adolescente logró escapar y llegó hasta la vereda.
Consumada la masacre, el prefecto se pegó un tiro en el mentón. Fue justo en la puerta de salida. El proyectil con entrada y salida de la cabeza dejó una aureola de restos de masa encefálica en el marco de la puerta.

CONFLICTIVO
Ayer todo el barrio estaba consternado. Los vecinos se preguntaban por qué la Prefectura Naval no le había quitado el arma reglamentaria teniendo en cuenta sus antecedentes violentos que incluían amenazas a otro prefecto que era vecino, lo cual había tenido lugar en la vía pública.
Hasta hace pocos meses, Soria también trabajaba como personal de seguridad en un boliche del centro, mientras en el barrio hacía "changas" de albañilería y cuidaba viviendas. Mientras, aguardaba una respuesta a su pedido de formar parte de los operativos del "Cinturón Sur" en Capital Federal.
El viernes pasado se había cortado el pelo en el Club Petroquímica, por módicos 50 pesos, uno de los beneficios que tienen los socios del club. Había ido acompañado por sus dos pequeños a los que alentaba a jugar al fútbol. Son los mismos niños a los únicos que ayer no lastimó. Tampoco le hizo daño a su cuñada y su pequeño de 6 años que dormían en la tercera habitación. La Policía supone que se salvaron por no dejar la habitación.
Yasmin, estudiante del Colegio 707 "Ciudad de Yapeyú", anoche luchaba por su vida en la sala de terapia intensiva del Hospital Regional, mientras su mamá también permanecía internada a causa de los golpes, junto a Lautaro, su otro hijo adolescente que se recuperaba favorablemente de los disparos.

Fuente:

Notas Relacionadas

Dejá tu comentario

Las Más Leídas del Patagónico