Héctor "Toto" Campos, el judoca que se hace camino al andar

Heladero o profesor de educación física. Era lo que soñaba de niño el judoca que desde Viedma llegó a los más altos estándares del alto rendimiento deportivo.

De chico su sueño era ser heladero o profesor de educación física. Lo primero porque en su barrio siempre lo veía pasar de largo. Claro que tal vez su hermano era más ocurrente: quería ser jubilado, como su abuelo, porque siempre tenía plata. Por supuesto eran otros tiempos.

Lo concreto fue que Héctor “Toto” Campos no fue heladero, pero sí profesor de educación física. Y un deportista que estuvo en la máxima competencia: Un Juego Olímpico.

Pero cuando volvió a su Viedma natal, con el título bajo el brazo, su mamá fue la más feliz del barrio. Su deseo era que “Toto” le trajera un título. Y el de “Profe” la hizo más feliz que los conseguidos en judo. Ya sea como campeón nacional, sudamericano, panamericano o en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

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Por parte de su padre, Héctor rememora y siente que ese equilibrio de su padre y entrenador le hizo cumplir las metas en su vida como deportista, “escalón por escalón”, resaltará.

“Cuando me consagré campeón nacional de judo tenía una alegría enorme. Y me acuerdo que me bajé del tatami y mi viejo (y entrenador) me retó por ciertos errores que tuve durante el desempeño. Yo era pibe y no entendía nada, le había ganado a todos y era el mejor de la Argentina. Pero luego con el paso de los años y los logros que fui obteniendo en orden progresivo, lo llegué a entender a mi papá. De hecho, él fue quién me enseñó judo y me acompañó hasta los 18 como DT. Incluso, mis hermanas mayores también fueron judocas de Selección Nacional”, así que algo de razón tendría mi viejo, sostiene entre risas “Toto” a El Patagónico.

EN LA ANTESALA DE TOKIO 2021

Dentro de poco menos de un mes, los Juegos Olímpicos volverán en su máximo esplendor tras un año de suspenso. Y en un marco mundial de pandemia que llegó para quedarse.

Otra vez, será el judo una de las disciplinas que abrirán los Juegos y que tendrán como representantes argentinos a Paula Pareto –última campeona- y Emmanuel Lucenti, respecto a ello, Campos sabe lo que es participar de una instancia olímpica. Y también fue espectador de lujo, cuando la “Peque” consiguió el oro en Río 2016.

“Son sentimientos encontrados, la competencia, el viajar. Estar en la Villa Olímpica, se me vienen a la cabeza un montón de cosas que viviste y para que toda la vida te preparaste…por supuesto que hay dejo de nostalgia, en Río los vi en vivo. Ahora me toca verlos a través de la televisión, pero más tranquilo. Porque estos Juegos son para disfrutarlos. Y esperar, Paula (Pareto) es una increíble deportista y compañera. Y va como candidata. En este caso, será su cuarto Juego Olímpico y siempre estuvo en el podio”, comentó.

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Héctor sostiene que a lo largo de su vida como deportista, fueron diferentes los momentos y las sensaciones. Y a medida que los transitó supo darles el valor del trabajo previo para llegar a ese escalón.

“Siempre me sentí realizado, porque en el deporte vas escalando en sentimientos y en objetivos, en el paso a paso. Yo iba escalón por escalón, iba sobre seguro siempre, sin quemar etapas. Y por suerte en ese camino me han tocado buenos entrenadores, primero papá hasta los 18. Y luego los del CeNARD cuando me mudé a vivir allí. Y desde el inicio mi viejo me marcó el tomarme las cosas con responsabilidad, él es un hombre muy exigente. No hacía diferencia conmigo, y a todos les exigía por igual”, detalló.

FORMADOR DE NUEVAS CAMADAS

Dicen que quien sube al Chenque no se va más de Comodoro, o por lo menos regresa, “Toto” visitó el Chenque luego de Londres 2013, y fue su novia y compañera del profesorado Alexandra (actual esposa) quien lo llevó a radicarse en la capital petrolera.

Hoy está a cargo del judo municipal y trabaja en el Gabinete Metodológico Municipal, ayudando en la formación de nuevas camadas de deportistas.

“En judo, y como profe, anhelo que los chicos disfruten de entrenar conmigo. Cada tanto les cuento mis vivencias y a la vez, si es necesario, los bajo a tierra. Porque se trata de ir de a poco. Primero los Juegos de la Araucanía, y de ahí nos vamos proyectando. Creo que en el sur se pueden hacer grandes cosas. Y me gustaría que pase con todos los deportistas que están en Comodoro, porque desde el sur también se pueden lograr cosas. Yo soy de Viedma y llegué, en Comodoro hay un montón de talento y espacio. Hay que perfeccionarse, aumentar el nivel de las clases. Saber que los chicos necesitan un acompañamiento. Y dar un salto de calidad. Es cierto que los chicos tienen un montón de chicos con dificultades (yo mismo las tuve). Ya sea que no tienen carga en las SUBE o van sin desayunar. Y uno también está para ayudar en ese sentido”, recalca.

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En la mirada integral, Héctor valora que pese a la humildad de su hogar, sus padres nunca dejaron que bajara los brazos, a pesar de no tener una niñez tan cómoda.

“A veces uno escucha ‘acá es todo amateur y de acá no pasa’. Y yo sostengo todo lo contrario, porque todos los días me levanto con la idea que se puede hacer algo distinto. Por supuesto que en el deporte tiene que haber de todo, desde el que solo lo practica por recreación hasta aquel que quiere trascender. Pero reitero, hay madera para hacer asado y para hacer deportistas del mediano y alto rendimiento. Esto lo hablo con Hernán (Martínez, presidente del Ente Comodoro Deportes) y él lo ve de la misma manera, porque antes que político es profesor. Y eso le da una mirada distinta”.

“TENGO CARA DE BUENO”

En el judo, hay dos maneras rápidas de ganar: con una palanca o estrangulamiento que no dé lugar al rival y termine golpeando el tatami tres veces para notificar que está derrotado.

Del estrangulamiento, uno puede intentar zafar o desmayarse. Y en la palanca, uno puede tratar de zafar o irse roto.

Con 1,89 metro de estatura y casi 100 kilos, con “Toto” es preferible no zafar y darse por derrotado.

“Soy grandote pero tengo cara de bueno. Solo me transformo en el tatami. Pero ya estoy retirado. En el judo es todo mental y saber hasta dónde podes. Porque si te estrangulan, capaz con ‘guapeza’ zafas o cuando volvés a abrir los ojos te están asistiendo en la tribuna (sostiene entre risas). Y si te hacen una buena llave, no salís por más que tengas el mejor abogado del mundo”, destaca.

En ese camino, del uno contra uno y donde no hay empate, “Toto” compitió en todas las categorías. Primero inició en 60 kilos, después en 100 y luego en categoría libre, ahí tuvo rivales más grandes que él.

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“Una vez en el CeNARD fueron los All Blacks a entrenar. Y mis compañeros de pensión de otros deportes estaban sorprendidos por lo grandes que eran. Y yo les decía ‘yo enfrento a monos más grandes que estos”.

Del otro lado del teléfono, y en diálogo con El Patagónico, Héctor se muestra realizado y recurrente en sus dichos. Tocó el techo que todo deportista anhela, pero no por eso perdió sus orígenes y la humildad para brindarse a los jóvenes.

“Mirá, yo de mascotas tengo un perro y un conejo. Y por la tarde escucho a Bandana. Y lo único que me ‘saca’ es cuando tengo hambre. Y por suerte tengo una panadería cerca (se ríe). Pero hablando en serio, yo creo que las artes marciales y los deportes de contacto te dan una disciplina de vida. Y te dan mucho autocontrol, porque uno mismo es un arma letal, entonces tenés que tener control de vos mismo”.

Del orden llegó el progreso para Campos, él nunca fue pretencioso. Y cuando pidió algo, fue porque los resultados lo avalaron.

Como profesor, espera lo mismo de sus dirigidos. Que no quemen etapas.

REALIZADO

Respecto a su esposa, también es profesora y licenciada de educación física, no hablan de trabajo. Sí intercambian algunos consejos sobre preparación física, dado que Alexandra trabaja con adultos mayores en natación y con las chicas de hóckey de Santa Lucía.

“A veces discutimos con Alexandra si salir a correr o no. Y yo no te corro ni al camión de churros”, recalca.

Héctor tiene 32 años, recorrió el mundo y se afincó en Comodoro primero y luego en Rada Tilly.

Sostiene que acá encontró la tranquilidad que no encontró en otro lado. Se reconoce feliz porque su familia está bien de salud.

Se forjó en una familia humilde y de siete hermanos. Sus hermanas mayores y su padre le marcaron el camino. Y el orden fue el valor del cual se hizo guía.

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Su mamá fue feliz con el título de profesor. Ahora le pide el título de abuela, pero “Toto” primero quiere probar si puede cuidar un conejo y un perro. Paso a paso.

En la mirada macro del deporte, remarca que se necesita siempre un orden para que todo sea real. Y que nunca se debe perder la humildad, porque en definitiva la gente pedante termina mal y sin amigos, y el circo que difunden se termina rápido.

“Si trabajas de lo que te gusta no es trabajo. Por supuesto que hay ‘tormentas’ en la vida, pero luego viene la calma. Y si la vida te golpea y no aflojás, a la larga siempre te termina dando un premio. Siempre y cuando seas responsable en el deporte y en el estudio, porque salvo pocos deportes, el resto de las disciplinas no te va a dar de comer cuando te retires, entonces es importante estudiar”, sentenció.

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