El centralismo tan temido

Si el yacimiento de Vaca Muerta finalmente confirma todo su potencial en los próximos meses –como todo parece indicar desde que se hizo su espectacular presentación en sociedad luego de la renacionalización de YPF-, todo lo que generan las provincias hidrocarburíferas podría ser coparticipado con el resto de los estados.
Ello es lo que el gobernador de Neuquén que a fin de año deja el cargo, Jorge Sapag, contó que le anticipó Mauricio Macri en caso de derrotar a Daniel Scioli el 25 de octubre. Salvo un concejal de "Cambiemos" de Comodoro Rivadavia a través de un comunicado, en los días siguientes ningún dirigente de peso del PRO ha desmentido la posibilidad que de concretarse golpearía duro en las economías de una decena de provincias, entre ellas Chubut, donde se vienen haciendo malabares para evitar que la baja del precio internacional del crudo tenga impacto negativo en la región, donde –como se sabe- los primeros afectados son los trabajadores, más allá de que no haya despidos, ya que la baja de equipos implica la pérdida de beneficios que muchas veces superan el salario básico de un trabajador de base. Cuando el ahorro no viene por el lado más peligroso (como el mantenimiento de equipos), tal como acaba de trascender de boca de los propios operarios luego de la tragedia del jueves en el yacimiento El Tordillo que opera Tecpetrol.
De allí que en los últimos días se hayan hecho intensas las reuniones y viajes –algunos más públicos que otros- que involucran a funcionarios, sindicalistas y empresarios, más allá de que el propio gobernador Martín Buzzi resalte que no todas las empresas exportan y de que anticipándose a la eventual crisis su administración adoptó "algunas medidas, como por ejemplo el mermar el aporte de regalías por parte de las operadoras para alentarlas a que no bajen equipos y mantengan el nivel de empleo". Este fin de semana se supo que en la reunión del 8 de setiembre con Scioli y Miguel Galuccio (CEO de YPF), se intentará mantener un precio interno de 77 dólares el barril, cuestión de no afectar el consumo que mueve toda la rueda del capitalismo regional.
Desde que el petróleo se convirtió en una importante fuente de ingresos para el país, el Estado nacional se ocupó a su arbitrio de definir la coparticipación entre las provincias productoras. Fue de suyo siempre que sería el propio Gobierno central el que se ocuparía de que con la parte del león que se queda se ocuparía de las necesidades de las provincias menos favorecidas, sobre todo las del norte del país.
Ahora Macri pondría como ejemplo que lo que ingresa por exportación de soja se distribuye entre los 24 estados, con lo cual buscaría argumentar que los estados petroleros obren de igual forma. Por supuesto que la Organización Federal de Estados Productores de Hidrocarburos (OFEPHi) no quiere saber nada con el tema y por ello están con la guardia alta apenas Sapag contó la infidencia de Macri, quien de este modo da un indicio de a qué caja apelará para mantener lo que viene prometiendo que no erradicará, como la Asignación Universal por Hijo o el Fútbol para Todos; o que la administración de las jubilaciones y Aerolíneas Argentinas seguirán en la órbita estatal, al menos en el inicio de un eventual gobierno de corte liberal, como sería el suyo.
De todos modos, en todo esto también hay mucho fuego de artificio como dejan traslucir los economistas que lo rodean cada vez que abren la boca. En la semana que pasó fue Miguel Kiguel quien dijo que la solución que el PRO ve para después de diciembre es "devaluar o bajar salarios". Sea una cosa o la otra, la que pierde es la clase trabajadora.
Según los resultados de las PASO, en esta provincia al menos el tema se ve con claridad. De allí que la victoria de Scioli sobre Macri haya sido aplastante. El candidato del Frente para la Victoria sacó más votos que el mismísimo Buzzi en muchos departamentos, incluso en los del sur donde perciben al valle provincial quizás de la misma forma en que muchos argentinos ven al candidato del PRO, que a falta de propuestas originales para generar nuevos recursos; o bien mantener cierto nivel de igualdad entre sus habitantes, apela a la receta fácil de exprimir a los que generan riqueza, como son las provincias petroleras.
Por si había alguna duda, desde ChuSoTo vienen repitiendo que Comodoro se queda con el 80 por ciento de la obra pública, lo cual cualquiera sabe es falso. Es cierto que en los últimos años no hubo tanta concentración de obras en Trelew y Madryn, pero de allí a afirmar que fue porque esta ciudad tuvo prioridad hay un trecho más que largo.
Sí se ha percibido que en general la zona sur fue un poco mejor considerada, aunque tampoco estos años fueron para tirar manteca al techo si se considera que no solo bajaron los ingresos por regalías petroleras, sino que tampoco el Estado nacional aportó su parte para que las obras históricamente demandadas se concretaran.
La realidad económica sigue siendo un termómetro para medir el humor del chubutense, que en estos momentos está preocupado por no resignar recursos. En los albores de la restauración democrática hubo un gobernador radical, Atilio Viglione, que permitió a través de su ministro de Economía cordobés, Cristian Asencio, que a la provincia le quitaran porcentajes importantes de coparticipación con el Estado nacional. Las consecuencias se comenzaron a sentir rápidamente y de hecho la siguiente elección la ganó el peronismo en Chubut.
Hoy el paraguas se abrió a tiempo, como para que nadie esté distraído cuando llegue el día en que haya que elegir qué se espera de los años por venir.

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