Estremecedor vínculo entre la familia de Ian Cabrera y el atacante

La conmoción por el asesinato de Ian Cabrera, el estudiante de 13 años baleado dentro de la Escuela N°40 Mariano Moreno de San Cristóbal, suma un dato tan inesperado como doloroso: un lazo directo entre la familia del menor y el agresor.

El hecho ocurrió el lunes por la mañana, cuando un adolescente de 15 años —compañero de la víctima— ingresó al establecimiento con una escopeta y abrió fuego dentro del edificio. Como consecuencia, Ian murió en el lugar y otros dos estudiantes resultaron gravemente heridos.

Sin embargo, con el correr de las horas, se conoció un dato que profundiza el impacto del caso. Según reveló la periodista Paula Bernini, la tía del niño asesinado habría cuidado durante años al propio atacante. “Está en shock, no lo puede creer: crió a quien terminó disparándole a su sobrino”, explicó.

En este sentido, la mujer mantiene un vínculo cercano con ambas familias, lo que vuelve aún más desgarrador el escenario. De acuerdo a lo informado, el adolescente habría estado bajo su cuidado durante parte de su infancia, mientras su madre trabajaba.

De acuerdo con la reconstrucción inicial, el agresor llevó el arma oculta dentro de un estuche de guitarra. Luego, la habría preparado en el baño del colegio y, minutos después, salió a disparar dentro del establecimiento.

Asimismo, los primeros indicios señalan que el ataque no tuvo un blanco específico, sino que habría sido indiscriminado. Ian recibió un disparo por la espalda, mientras que otros alumnos fueron alcanzados y permanecen internados.

Por otra parte, el abogado del joven sostuvo que el adolescente se encontraba bajo tratamiento psicológico y que atravesaba problemas de salud mental desde hace tiempo, incluso con antecedentes de ideas suicidas.

En tanto, también se descartó —al menos en esta etapa inicial— que el hecho haya sido consecuencia directa de bullying o de un conflicto puntual dentro de la institución.

Debido a su edad, el acusado no es punible según la legislación vigente, lo que limita el alcance de las sanciones penales. Mientras tanto, la Justicia avanza con peritajes y toma de testimonios para esclarecer las motivaciones detrás del ataque.

De este modo, el caso no solo expone la violencia dentro de una institución educativa, sino también un entramado humano profundamente doloroso, donde víctima y victimario compartían un vínculo indirecto a través de una misma familia.

La investigación continúa, mientras la comunidad de San Cristóbal intenta asimilar una tragedia que deja múltiples interrogantes abiertos.

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