"Me puse mal, me descompuse": trabajaba en el Kennedy desde los 21 años

Luis Ayala, de 55 años, trabajaba en el tradicional local desde 1991. El cierre definitivo lo dejó sin ingresos y con la incertidumbre de tener que reinsertarse en el mercado laboral.

El cierre del tradicional Bar Kennedy, ubicado en San Martín al 300, pleno centro de Comodoro Rivadavia, no solo marca el final de un histórico punto de encuentro de la ciudad, sino que también deja historias personales atravesadas por la incertidumbre.

Una de ellas es la de Luis Ayala, quien trabajó en el lugar desde que tenía 21 años, en 1991, y que, tras más de tres décadas de servicio, quedó sin empleo. “Estoy desde el 91, son más de treinta años. Es toda una vida”, expresó en diálogo con Crónica.

Según relató, la decisión fue comunicada pocos días antes del cierre definitivo. “El sábado nos dijeron que era el último día. Hoy (por el lunes) ya cerró definitivamente”, explicó.

Ayala indicó que la caída en la actividad económica y la menor circulación de personas en el centro habrían influido en la determinación. “Se veía que había poca gente. Todo repercute también por el petróleo”, señaló.

A sus 55 años, el trabajador enfrenta ahora un escenario complejo, ya que aún le restan diez años para alcanzar la jubilación. “No estoy jubilado, me quedan diez años. Tengo que buscar trabajo, no me va a quedar otra”, sostuvo.

El Bar Kennedy representaba su único ingreso y el sostén de su familia, integrada por su esposa y dos hijos. “Ahora vamos a tener que vivir del trabajo de mi señora”, agregó.

Más allá del impacto económico, el cierre también golpea la memoria colectiva de la ciudad. Durante décadas, el bar fue un punto de referencia para vecinos y visitantes. “Era un histórico, pasaron generaciones. Venían abuelos, hijos, nietos. Se hacían amistades; la gente venía con sus problemas y uno los escuchaba”, recordó.

En el local, Ayala cumplía múltiples funciones: desde la atención al público como mozo y cajero, hasta tareas de compras y organización.

El momento del cierre no fue sencillo. “Me puse mal, me descompuse. Ya lo veía venir”, confesó. No obstante, destacó el acompañamiento de su familia en este difícil momento: “Mi señora es un pilar fundamental”.

Pese a la incertidumbre, Ayala mantiene la esperanza de poder salir adelante. “Tengo fe de que algo va a salir. Siempre hay que seguir adelante”, concluyó.

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