El partido de Huracán que marcó un hito en el fútbol argentino

En 1971, el “Globo” lograba algo único para la capital petrolera porque clasificaba para el primero de sus tres campeonatos nacionales. En la penúltima fecha como visitante ante Banfield, el arquero Juan Carlos “Bocha” Rodríguez se hacía grande con sólo 21 años, al atajar dos penales en tiempo regular. Aunque en ese mismo partido también recibió dos goles en contra de su compañero, Oscar “Guatón” Hernández.

por Angel Romero

a.romero@elpatagonico.net

Trece –una cifra asociada con la mala suerte– es el número de arqueros que detuvieron dos penales en un mismo partido durante el tiempo reglamentario. Es lo que marcan las estadísticas de partidos oficiales de Primera división, donde podemos encontrar a Miguel Armando Rugilo (Vélez en 1950), Alberto Leoncio Favalli (Quilmes en 1951), Amadeo Carrizo (River Plate en 1964), Juan Carlos “Bocha” Rodríguez (Huracán de Comodoro Rivadavia en 1971), José Alberto Pérez (River Plate en 1973), Carlos Buttice (Atlanta en 1975), Esteban Pogany (Belgrano de Córdoba en 1975), Francisco Antonio Ruiz (Atlético Tucumán en 1976), Sergio Alberto Costello (Central Norte en 1977), Antonino Spilinga (All Boys en 1978), Carlos Munutti (Instituto en 1982), Juan Carlos Santis (Kimberley en 1984) y Hernán Claudio Castellano (Gimnasia y Esgrima de Jujuy en 1998).

Para el “Bocha” todo comenzó el 5 de setiembre de 1971, cuando Huracán escribía la primera página más importante de su historia, no sólo para la institución insignia de barrio Pietrobelli, sino para los antecedentes futbolísticos de Comodoro Rivadavia porque debutaba en el Torneo Nacional, midiéndose con los equipos que marcaban la tendencia en la Argentina.

Aquellos nacionales los disputaban los equipos de Primera, más una docena del interior. Huracán llegó tras ganar un triangular de equipos regionales. El Nacional de ese año se dividió en dos zonas, todos contra todos a una sola rueda.

El “Globo” sólo cosechó un triunfo. Fue en la última fecha: 2 a 0 ante Juventud Antoniana de Salta. Y un empate (1 a 1 con su homónimo de Bahía Blanca). Aquel campeonato de hace 44 años marcó el debut de un equipo patagónico en la máxima competencia. Un año después sería el turno de Independiente de Trelew y recién en 1973 lo lograría Cipolletti de Río Negro. En 1974 otra vez sería el turno de Huracán de jugar en las grandes ligas.

Pero el partido de aquel primer Nacional, sin dudas, fue el disputado contra Banfield en Peñas y Arenales, dirección de la cancha del “Taladro”.

El compromiso con Banfield de la penúltima fecha marcó una caída por goleada para Huracán (8 a 1), aunque con peculiaridades locales para el arquero Juan Carlos “Bocha” Rodríguez y el lateral Oscar “Guatón” Hernández, quienes perdurarán en la historia.

En ese cotejo, celebrado el 8 de diciembre de 1971 (Día de la Inmaculada Concepción, aunque la ‘protección’ de la Virgen no sirvió de mucha ayuda para el “Globo”), sólo hubo un gol patagónico, que llegó desde los doce pasos y de las piernas de Miguel Angel “Quito” Toledo a los 87’ (había ingresado desde el banco para relevar a Jacobo Eduardo Pichintíniz). Pero para ese entonces, “Bocha” Rodríguez había establecido su récord particular: había atajado dos penales en tiempo regular.

PARTE DE LA HISTORIA

Juan Carlos Rodríguez tiene 64 años y el día de la hazaña contaba con sólo 21, y aunque ese día de diciembre fue efectivo para contenerle las ejecuciones a Alberto Benítez (20’, quien ya le había convertido dos goles) y a Alberto Federico Barril a los 88’ (quien igual esa tarde le hizo un gol), el arquero que había debutado a los 13 años en la Primera del “Globo” de todos modos tuvo que ir a buscar la pelota al fondo de la red en ocho oportunidades, algo nada grato para cualquiera.

“La goleada podría haber sido peor, porque de 90 minutos, 70 fueron exclusivos de Banfield, que nos ‘cascoteaba’ a su parecer. Y también eso es entendible, porque el Huracán de esos tiempos era un equipo de muchachos del barrio y del club que se propusieron sacar adelante a la institución. Y solo lo podíamos hacer a través del compromiso y el entrenamiento diario”, remarca el “Bocha” hoy, en su casa del barrio Roca.

“Por eso a pesar de clasificar al Nacional, nosotros éramos todos amateur, nadie cobraba un mango y ni sabíamos qué era jugar en césped. Por eso no sólo Banfield nos ‘paseó’. Nos pasearon casi todos (el famoso Newell’s nos metió 9 en Rosario), pero así y todo marcamos un antes y un después para toda la Patagonia”, afirma.

En el cotejo ante el “Taladro”, la posesión (como se dice ahora) fue exclusiva del local y por eso el “Bocha” tuvo una participación activa bajo los tres palos, más allá de los dos penales que atajó. “Yo no me considero un ‘atajador de penales’, seguro habrá arqueros que así lo piensan. En esas definiciones es todo cuestión de suerte, no hay más que eso. Por lo menos para mí… es más, uno de los penales que atajé me pegó en la pierna cuando yo me tiraba para el otro lado; fue cuestión se suerte”, minimiza.

“TOMA BOCHA”

Oscar “Guatón” Hernández sería el otro jugador protagonista de aquella tarde. Era uno más del grupo de muchachos que conoció otras geografías gracias a aquel campeonato. Esa tarde, Hernández convertiría dos goles en contra.

Según la mitología popular, le decía “tomá Bocha” mientras éste se revolcaba en vano para que la pelota no atravesara la línea. Hay que aclarar que las reglas de entonces contemplaban que el arquero podía tomar con las manos la pelota, aunque fuera pase de un compañero con el pie.

“Lo de Oscar le pudo haber sucedido a cualquiera. El se sentía mal por los goles que convertía en su intento por despejar. Pero, repito, nosotros de profesionales no teníamos nada, íbamos a dejar todo en el campo de juego contra tipos que vivían de esto y ya estaban curtidos”, sostiene.

En la actualidad, Rodríguez trabaja en una distribuidora y Hernández tiene una rotisería en la zona norte.

Respecto de ese partido en particular, el “Bocha” lo vive como algo gratificante, como lo fue todo el Torneo Nacional de 1971, donde Huracán sólo cosechó tres puntos.

“Todos laburábamos; él en YPF, y Huracán a fines de los ‘60 estaba pasando por un momento ‘jodido’. Así que nos juntamos un par de muchachos (todos de Comodoro) y nos pusimos de acuerdo en que si queríamos sacar al club adelante lo único que podíamos hacer era entrenar de verdad”, sentencia.

“Así fuimos uno de los primeros clubes que empezó a entrenar todos los días de la semana: sea lunes, martes o feriados. Hubo un acuerdo de compromiso y respeto entre nosotros. Empezamos a trabajar y en el ‘70 salimos por primera vez campeones. Por eso, si uno ve la historia de Huracán de esa época, fue ahí donde empezó todo, rompiendo la hegemonía de los clubes de zona norte”, recalca.

En cuanto a las claves, Rodríguez apunta sólo al trabajo sostenido, dado que en los partidos como locales el primer tiempo se presentaba parejo en el desarrollo, pero en la segunda etapa el rival quedaba “muerto” de físico y ahí marcaban la diferencia.

“Nosotros éramos más atletas que deportistas, estábamos mucho mejor que ellos para correr, y a partir de ahí el resto de los clubes empezó a sumar entrenamientos. Y en ese proceso no hubo la mano salvadora de ningún entrenador, ni mucho menos. Fuimos un grupo que jugó por la camiseta, con grandes personas que luego fueron grandes jugadores como Jacobo Pichintíniz, el ‘Papa’ (Juan) Alvarez, el ‘Oveja’ (Germán) Vidal, Omar Muñoz y tantos jugadores que son del club y que dejaron mucho por la institución”, sostiene.

REVALORIZAR

LA HISTORIA

En palabras del “Bocha” Rodríguez hay un dejo de nostalgia, no por su pasado como jugador sino por la historia que debería estar más vigente entre quienes participan en la actualidad del club y de la comunidad en general.

“Hay una realidad: hasta ahora ningún club trajo a los equipos que trajo Huracán a Comodoro Rivadavia. Y si bien nosotros sufríamos afuera (como jugar en Tucumán en plena tarde y con toda la humedad), cuando los equipos de Primera venían acá también les costaba vencernos. En esta ciudad cayeron varios de los ‘grandes’ del fútbol argentino. Sólo Independiente de Avellaneda no fue derrotado en Comodoro”, asegura.

Por eso, las goleadas del primer Nacional no representan una página negra para este gran arquero que atajó en Primera desde los 13 hasta los 41 años, para luego retirarse en el arco de Laprida del Oeste, donde jugó un año junto a Víctor Gordillo y perdió la final en el estadio municipal, justo ante el equipo donde hizo historia.

En el recuerdo quedan los primeros partidos en el baldío, donde ahora se ubica la parrilla La Estancia (Chacabuco al 800), o en el otro que se situaba en Francia y San Martín, donde el club Urquiza (con un niño llamado Rodríguez) se enfrentaba a los de la calle con nombre de país europeo.

“Fue toda una sumatoria de sucesos. En mi caso atajando para la Reserva, y en cancha de Oeste, me sacaron en el entretiempo. Yo me quedé medio mal porque tan mal no estaba haciendo las cosas, pero me dijeron ‘no se vaya que ahora le toca atajar en Primera’; de ahí no me bajé más”, recuerda.

“Luego fue un compromiso de honor que tuvimos los muchachos del club para sacarlo adelante, no sólo deportivamente, porque la institución debía plata a dirigentes de Ferro. Y ahí estuvimos todo el grupo, poniéndole el cuerpo a la situación. Y nos llenamos de coraje. Por eso cuando venían personalidades como Maradona, Gatti o Bochini más nos agrandábamos porque crecía nuestro amor por la camiseta”, concluye. 

Fuente:

Dejá tu comentario

Las Más Leídas del Patagónico