“La marca del crimen”: una antología que reúne a doce maestros del cuento policial

Se trata de una obra donde el lector se encontrará con relatos de Adolfo Bioy Casares, Edgar Allan Poe, Rodolfo Walsh y Arthur Conan Doyle y Agatha Christie, entre otros referentes.

 “La marca del crimen” reúne cuentos policiales de autores argentinos y extranjeros con una característica que los hace “únicos” por los espacios en que ocurren y la trama que presentan, según Miguel Vendramín, responsable de la antología.

El libro, editado por Planeta, reúne doce cuentos de maestros del género como Adolfo Bioy Casares, Edgar Allan Poe, Rodolfo Walsh y Arthur Conan Doyle y Agatha Christie, entre otros.

De Bioy Casares eligió “Cavar un foso”, un cuento que instala la intriga desde el primer momento y tiene como protagonista a una pareja, dueña de un hotel, ubicado frente a la playa, que decide encerrarse luego del arribo de un cliente, único visitante hasta ese momento.

El editor incluyó además “El abra”, de Luisa Mercedes Levinson, un relato que se desarrolla en la selva misionera, donde se desata una tragedia que rompe la quietud y soledad del lugar, en el que las mujeres son meros instrumentos de satisfacción del hombre.

“Alguien ha dicho que de no haber existido Luisa Mercedes Levinson habría que haberla inventado” se lee en la presentación de la escritora a la que la crítica consideró “precursora del llamado ‘realismo mágico latinoamericano’, cuando Gabriel García Márquez era aún desconocido”.

Otro de los autores elegidos fue Rodolfo Walsh, con su cuento “Simbiosis”, que transcurre en un pueblo perdido de Santiago del Estero, al que llega un manosanta, un hombrecito insignificante, que se transforma cuando habla ante las multitudes y cuya intervención termina desencadenando la reacción de sus seguidores, que deriva en la muerte del hombre.

Vendramín, que se considera un lector incansable, dijo a Télam que el elemento que tuvo en cuenta para la selección de los cuentos “fue uno sólo: en todos ellos debía haber una o más muertes”.

n Télam: ¿A qué remite el título “La marca del crimen”?

Miguel Vendramín: Es una variante que busqué al título “La huella del crimen”, la primera novela de habla castellana, que se publicó aquí, en nuestro país, cuyo autor es Raúl Waleis, seudónimo de Luis V. Varela, jurista, político, escritor, poeta y dramaturgo argentino.

La novela apareció como folletín, en veintidós entregas, en el diario La Tribuna, de Buenos Aires, durante julio y agosto de 1877, año en que fue editado en libro.

n T: ¿Por qué seleccionaste cuentos de los inicios del policial argentino y extranjero?

M.V: Elegí “La pesquisa”, de Paul Groussac, porque es el primer cuento policial argentino, junto con “La casa endiablada” y “La bolsa de huesos”, de Eduardo Holmberg, aunque a este último no lo pude incluir porque es bastante extenso. Este fue un cuento escandaloso para la época ya que el asesino es una mujer que actúa oculta bajo una identidad masculina, vestida de hombre.

En cuanto al policial extranjero no puede dejarse de lado la importancia que tuvo E.A. Poe, de quien no quise incluir “Los crímenes de la Rue Morgue” porque es demasiado conocido. Por eso elegí “El barril de amontillado”.

n T: ¿Qué diferencias y similitudes encontrás entre los autores argentinos y los extranjeros?

M.V: Las diferencias que noto en los autores nacionales respecto de los extranjeros tiene más que ver con el “clima” en que trascurre el cuento, que termina por ser único. Ejemplos de ello son “El abra”, de Luisa Mercedes Levinson, que transcurre en la selva misionera, “Cavar un foso”, ambientado en nuestra costa o “Las señales”, de Adolfo Pérez Zelaschi, que tiene características muy porteñas, incluidas la inseguridad de las calles suburbanas y los bares atendidos por gallegos, uno de los rasgos de Buenos Aires, que tiende a desaparecer. Resultaría imposible, por ejemplo, situar esta historia policial (por lo demás excelente) en un pub de Londres.

En cambio, “El crimen casi perfecto”, un cuento no demasiado conocido de Roberto Arlt, podría trascurrir en muchas casas de la burguesía europea o de otros lugares del mundo.

Las similitudes entre unos y otros están dadas por el hecho de que, en todos partes, el ser humano es igual, movido por las mismas pasiones: el odio, la codicia, la venganza, móviles habituales de un asesinato.

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