La gente de Comodoro, tanto los nacidos y criados como los que adoptaron la ciudad para sí, deseamos disfrutar de la vida social en común tanto en el espacio público, como en los espacios privados de nuestras casas, siempre abiertas y dispuestas a recibir amigos.
Respondemos masivamente cuando en las fechas importantes se organizan espectáculos culturales de calidad; colmamos los fogones; salimos a hacer ejercicio; llevamos a patinar a nuestros hijos o a andar en bici, especialmente cuando el clima acompaña.
Contra estas actividades que tanto valoramos, se alza una dura realidad. Los espacios comunes a veces no son aptos para disfrutar y la inseguridad condiciona nuestra posibilidad de disfrutar incluso de nuestra propia casa, como ha quedado trágicamente demostrado.
Todos comprendemos el alcance del problema y expresamos con pasión las mil razones por las cuales llegamos a donde estamos hoy. Pero, ¿cuál es el camino para mejorar?
Quizás en este punto nosotros, los comodorenses, y especialmente nuestras organizaciones estatales, sociales y políticas tenemos una deuda, pues muchas veces discutimos banalidades o distraemos los recursos públicos de la comunidad en cosas inútiles, en discursos y proyectos que sólo sirven para pasar el tiempo sin cambiar nada.
Este discurso pueril ocupa energía y distrae la atención. Aplaudimos a quien promete construir una pileta en un lugar donde no hay educación, ni salud, ni siquiera una comisaría. Pero gasta millones en coquetas consultorías, intereses y servicios financieros.
Pero llegado en este punto corresponde detenerse a mirar hacia adentro. Nuestra ciudad necesita una planificación a doce años, definiendo claramente cuánto de nuestro presupuesto usaremos para ejecutar las obras públicas vitales. Para esto tenemos que llegar a un acuerdo que involucre a todos los dirigentes de todos los partidos o fuerzas mayoritarias con vocación de conducir la ciudad.
Y esta tarea de detenernos a acordar los ejes que se respetarán gobierne quien gobierne durante los próximos tres mandatos municipales, debemos encararla ahora antes que el cronograma electoral y las pequeñeces de las elecciones empañen lo importante.
El panorama provincial es sombrío, pero el de Comodoro puede ser glorioso. Ninguno de los políticos que pelean por el poder en Rawson cambiará por nosotros nuestra ciudad. Somos los comodorenses, con nuestros recursos, quienes controlamos nuestro destino.
Durante décadas los recursos ordinarios de Comodoro se aplican en la misma proporción. En su mayoría a retribuir trabajo humano. Un 33% a gastos de funcionamiento y sólo un 7% a obras y mejoramiento público. Esta inversión se ha visto fortalecida en la actual gestión por los ingresos que se consiguieron sobre la base de la pelea por los recursos petroleros y que se aplican específicamente a reforzar la obra pública.
Pero si realmente queremos superar el atraso en materia de infraestructura debemos trabajar fuertemente en volcar todos los recursos humanos, que los hay y muy buenos; como también los recursos materiales al espacio público, pensando en el servicio al ciudadano y al control de toda la ciudad.
El manejo de esta proporción presupuestaria y la definición de las obras prioritarias deben surgir del consenso de los partidos y las organizaciones de nuestra comunidad comodorense, integrada por hombres y mujeres de carne y hueso que han aplicado su tiempo a las cosas públicas y que probablemente estarán en el Estado municipal los años venideros.
Esta construcción no es privativa de ningún partido en particular. Debe surgir de reconocerse como pares y elevar la discusión como corresponde a una sociedad desarrollada. Quizás así se sintetice la verdadera fuerza de Comodoro. Y, también, de todos los que amamos esta ciudad.
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Por Carlos Jurich
- 19 agosto 2014