Cien años de soledad

En poco más de cien años de historia, Comodoro ha vivido al menos cuatro períodos de gran impulso que determinaron claramente su destino. El puntapié inicial, es sin duda el descubrimiento del petróleo, cuando en 1907 emergió de las perforaciones que buscaban agua.

A partir de allí la idea de un Comodoro de pequeña población, solo útil para operar un puerto que sirviera de embarcadero para la producción del valle de Sarmiento, cambió totalmente. Nuestro territorio se llenó de emprendimientos petroleros, con el montaje de los campamentos de los holandeses en el barrio de Diadema, alemanes en Km 20 y los británicos con su polo productivo de Km. 8.

La reacción nacional, con la tibieza del estado liberal de entonces, determinó la aparición de YPF por la convicción y el patriotismo del general Enrique Mosconi.

El segundo período de fuerte impulso fue la creación de la Gobernación Militar de Comodoro Rivadavia, durante el primer peronismo. Esta década de pensamiento nacional desde 1944 a 1955 permitió que Comodoro se afianzara como capital de un territorio que llegaba desde Camarones hasta la ría de Deseado.

Por entonces la ciudad se dio la infraestructura administrativa de la que nos valemos hasta hoy para hacer funcionar las instituciones de la ciudad. El impulso valió para ganar tierras al mar, desmontar un cerro, construir la Biblioteca, el ex Hotel de Turismo, el Colegio Nacional, el Hogar Escuela para albergar a los niños del interior (actual Liceo Militar) y el inicio del Hospital Regional.

El tercer momento de gloria puede relacionarse con el boom de los contratos petroleros de 1958 a 1963. Sumados a los beneficios aduaneros de la “época del paralelo”, el Desarrollismo de Frondizi permitió implementar otros métodos de trabajo, reconfigurando el pueblo como ciudad con los primeros edificios altos.

El cuarto gran momento de la ciudad es el actual “segundo boom petrolero”, iniciado en 2003 y vigente a la fecha. Un alto precio del crudo coincidió con un período de crecimiento del país nuevamente impulsado por el peronismo, expandiendo nuestra ciudad hasta límites insospechados.

Pero el mundo es otro y el dinero de la renta petrolera solo paga sueldos. Ya no funda pueblos. Con ello aumentamos exponencialmente la población y el consumo, pero no adelantamos en Infraestructura para la comunidad.

Sobre esta historia ligada a la provisión de energía para la Nación, al trabajo y al yacimiento, los comodorenses hemos construido toda una compleja trama de relaciones humanas. Enlazamos nuestras vidas como hermanos y hermanas, como lo hicieron también nuestros ancestros provenientes de todos los rincones del mundo.

Conformamos así un cuerpo colectivo de difícil definición. Somos en definitiva el fiel reflejo de nuestro país, un cien por ciento Argentina, para lo bueno y para lo malo.

Este 2015 nos encuentra pagando la factura de nuestros propios desaciertos, en un loop del tiempo, una vuelta al pasado más remoto.

Un problema antiguo, que ocupaba nuestros esfuerzos en el primer hito fundacional, como ser la provisión del agua, vuelve hoy con más fuerza.

Durante los primeros 58 años de historia comodorense faltó el agua para consumo, se captaba de manantiales o se traía en camión. No fue sino hasta 1965 que se puso en marcha el primer acueducto “Jorge Federico Carstens” que trae el agua desde Sarmiento y alimenta Comodoro, Rada Tilly y Caleta Olivia.

Pero han debido ser las instituciones de los propios comodorenses las que debieron asegurar que esta provisión no faltara; que la distribución de los servicios públicos de la ciudad estuviera a la altura de los requerimientos de una enorme ciudad industrial.

Hemos fallado, hemos sido nosotros los propios comodorenses que permitimos que las cosas pasen; que los intereses más básicos para el ser humano como ser el agua potable, se frustren producto de la ambición y el lucro.

Debimos exigir a la Provincia del Chubut que la concesión del acueducto Jorge Carstens incluyera, además de la operación, un mantenimiento serio y eficiente; un ritmo de mejora que copie las exigencias de tres enormes ciudades en expansión. Máxime cuando la renta que paga las coquetas obras de arquitectura de toda la provincia sale del esfuerzo de la cuenca petrolera.

También debimos ocuparnos de nuestra propia Cooperativa. No es cuestión de solo pagar la boleta y quejarnos por el servicio. Todos somos asociados y debimos ocuparnos de participar de la vida interna de la institución. Lo que no hicimos los últimos veinte años terminamos sufriéndolo hoy. Permitimos todo tipo de excesos y hoy vemos que aún con una conducción bien intencionada, se trata de una organización muy penalizada.

Todo el enorme presupuesto de la cooperativa que representa más de la mitad del presupuesto de la propia municipalidad solo paga salarios. No queda margen para la inversión ni mucho menos para la capitalización. Para reparar una rotura se debe recurrir a las máquinas y al personal de una empresa petrolera.

El interrogante y punto clave para este 2015 es saber si los comodorenses y nuestras instituciones estamos en condiciones de resolver una crisis ciudadana tan compleja, pues si nada hemos aprendido, y dependemos de las decisiones de Rawson o Buenos Aires, pasaremos nuevamente otros cien años de soledad.

Fuente: Carlos Jurich

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