El mundo ha conocido gente talentosa en el manejo del aparato del Estado. Hemos tenido hombres de la talla de Alejandro Magno o Napoleón Bonaparte que han sido expertos en la organización de colosales campañas militares, pero también en el manejo de la política, el poder, la administración y la legislación.
En Argentina han existido grandes artífices de la arquitectura del Estado, jefes militares geniales como San Martín, fundadores de empresas públicas como Enrique Mosconi, pioneros y realizadores del aparato de salud pública como Ramón Carrillo; todos ellos con mayor o menor acierto permitieron organizar un sinnúmero de acciones públicas perdurables en el tiempo.
El rasgo común de todos estos estadistas es la planificación, la visión experta de la realidad, el arte de convertir la idea en acción a través de una organización que la dirija de la forma más eficiente para lograr un objetivo.
No se trataba de idealistas sino de hombres bastante pragmáticos, pues del ideal a la realidad hay un mundo de concesiones. También sabían delegar y encomendar las tareas a otros con buen tino para dirigir con claridad a sus colaboradores.
En la Provincia y en Comodoro Rivadavia se ha implementado una política pública tendiente a que la primera pague los pasajes de colectivos de los estudiantes, maestros y auxiliares de la educación.
Si bien la intención es plausible y se trata de un beneficio muy importante para muchos estudiantes, a la hora de bajar la idea a la realidad existieron problemas.
Quienes dirigen el Estado provincial parecen haber tomado una serie de determinaciones desacertadas que han llevado a la comunidad educativa a un gran padecimiento.
Al momento de pensar con sentido común, bien podría haberse tomado la decisión de canalizar esta política pública a través del Ministerio de Educación, ya que cuenta con una organización en marcha con una penetración territorial envidiable.
Los destinatarios de la política, que son los alumnos, se encuentran reunidos y organizados en grupos todos los días, naturalmente, en sus aulas.
Allí la infraestructura está preparada para que estudien sentados, a salvo de las inclemencias del tiempo.
Adicionalmente tienen docentes, preceptores, secretarios y directivos que los conocen personalmente, todos ellos empleados del propio Estado provincial expertos en el manejo de la documentación.
Como ventaja adicional, las escuelas se ubican en los distintos barrios y poseen acceso a la tecnología, cuentan con internet y computadoras.
Pero curiosamente en lugar de elegir el Ministerio de Educación, que resulta más práctico para hacer llegar los pasajes a los estudiantes, se optó por otra estructura: la del Ministerio de Gobierno.
Este Ministerio carece de todas las ventajas antes indicadas. Hace tres años que viene retrocediendo en presupuesto y reduciendo sus responsabilidades.
Al haber sido despojado del manejo de la seguridad pública, ya no cuenta con la dispersión territorial que antes le daba la policía.
Es la organización más inadecuada para manejar una operatoria de este tipo.
A pesar de esta verdad de Perogrullo, a alguna persona de la lejana administración de Rawson le pareció inteligente que la comunidad educativa haga una interminable cola frente a las oficinas de la Dirección Provincial de Transporte.
Así la Terminal local, que resulta chica para las necesidades de los pasajeros, recibió miles de personas durante una semana.
Padres, madres, tíos, jóvenes, abuelas se trasladaron desde distintos puntos de la ciudad a retirar pequeños papelitos que permiten pagar el colectivo.
Cuando se los ve padeciendo colas de horas, con una enorme paciencia, afuera o en el interior de una terminal colapsada, uno se pregunta si realmente es justo tratar al ciudadano de esta manera.
Pues lejos de sentirse titulares de derecho, los han hecho sentir como mendigos. Como si se tratara de una dádiva generosa y no de un esfuerzo que todo el Chubut realiza para motivar a sus estudiantes.
Es de pensar que a la hora de elegir se buscó obtener un rédito político inmediato y no se pensó en los derechos de la gente.
La improvisación quizás surge de comparar la realidad de nuestra megaciudad con la de localidades más chicas.
Tal vez en Rawson ignoran que en Comodoro hay un sistema de tarjeta de transporte de lectura por proximidad, similar a otros monederos electrónicos como el SUBE metropolitano.
Bien pudieron haber planificado esta operación utilizando el monedero electrónico y distribuyendo el esfuerzo financiero de las arcas provinciales de una forma más gradual. Acreditando los importes a medida que los pasajes se van utilizando, optaron por un sistema viejo.Ninguna explicación tiene lo sucedido, pero esperamos por el bien de toda la comunidad educativa que estos errores y el tiempo perdido en las colas no haya sido en vano.
Ninguna explicación tiene lo sucedido, pero esperamos por el bien de toda la comunidad educativa que estos errores y el tiempo perdido en las colas no haya sido en vano.
Imagino que los planificadores de las políticas públicas han hecho su autocrítica y se encuentran trabajando para que el próximo mes estos hechos no se repitan.
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Por Carlos Jurich
- 18 septiembre 2014