"Creé una plataforma económica que hoy es mi propia marca"

Es piloto profesional y la cara de grandes marcas. Romina Re logró imponer su nombre por encima de poderosas empresas. Las claves para abrirse paso en un mundo de hombres y su relación con el Atlético de Madrid y el rock. Enfoque personal: "Soy un producto exclusivo", asegura.

El que no corre vuela. O mejor dicho, si los hacedores de frases hubiesen pensado alguna vez en la igualdad de género: la que no corre vuela. Romina Re hace ambas. Aunque a juzgar por su currícula estas dos acciones no son suficientes para graficar la vida de una todoterreno.

Hija de un piloto de carreras que no quería verla en una pista, Romina se subió primero a un auto de competición antes de conducir en la calle y a los pocos años abandonó su Merlo natal para ir a competir a Europa. El primer paso fue presentarse en una selectiva en Italia con escasa experiencia y a partir de ahí en categorías promocionales de Europa hasta llegar a consolidarse como piloto de desarrollo de la fábrica francesa Beta Epsilon. La apuesta dio sus frutos y al poco tiempo la fueron a buscar desde China para que participe como figura de la Fórmula Master Series de Asia.

Pero Romina no es de esas personas que se quedan quietas y enseguida comenzó a darle vida a otra de sus grandes pasiones: el marketing. “Me divierte mucho el desarrollo que fui teniendo en la parte comercial. Antes me sentaba delante de un sponsor y como no tenía currículum, se me cagaban de la risa de las cifras que les pedía. Pero como estaba segura de lo que valía, me plantaba”.

Aquella piloto que partió de Merlo con más dudas que certezas hoy es una mujer de negocios en un mundo de hombres. Y es que su arribo a China tuvo más de una intención. “Beta Epsilon me mandó para que los asiáticos compren sus productos, que son los autos de fórmula. Pero yo no tengo el típico perfil del piloto, soy un multiproducto. Desarrollo, muestro y también lo vendo. Al poco tiempo convencí a los pilotos asiáticos, que eran mis pares, de por qué el auto que usaba era mejor que el de ellos. Incluso, les hice entender a los dueños de las categorías de los mercados asiáticos por qué debían comprarlo. Para mi jefe era una solución en tres”.

Las puertas se siguieron abriendo, y al poco tiempo Romina ya estaba en la vista de otro mercado poderoso. “Un día me dijeron que tenía que cambiar el casco que usaba y ponerme uno con la bandera rusa porque un sponsor había puesto mucha plata por mí”.

Periodista: ¿Y cuál fue la reacción?

Romina Re: Quedaron encantados. Eran los dueños de RUSAL, la tercera metalúrgica más importante del mundo. A los cinco meses estaban tan copados de cómo manejaba mi marketing y me esquema económico que me dijeron: “Vos, una empresa caminante. Sos una oficina en todas partes del mundo”. Y al poco tiempo me pidieron si podía hacerles un desarrollo de marketing para ver dónde podían invertir en el mundo deportivo.

P.: ¿Hoy la parte comercial le ganó a la piloto?

R.R.: No, pero siempre me gustó involucrarme en la parte comercial. No es dame la plata y corro. Me gusta ir más allá. De hecho, muchos sponsors que tengo pueden ser proveedor-cliente. Entonces, los vinculo y de eso también saco un rédito.

P.: ¿El logro deportivo es determinante a la hora de captar a un anunciante?

R.R.: No en mi caso. Eduqué a mis sponsors para que entiendan que puedo darles un rebote sin necesidad de un resultado. Y eso es una tranquilidad porque es trabajar con un poco menos de presión. Soy muy autoexigente y con eso ya me basta. Nunca les prometí un campeonato. Mi búsqueda va por otro lado. No corro en categorías donde ya haya mujeres. Me lo planteo así: soy un producto exclusivo.

P.: ¿Y eso provoca otro tipo de rebote?

R.R.: Claro, porque entro en un porcentaje muy chico ya que una minúscula parte de la población se dedica a correr en autos. Un 3% de esa porción somos mujeres. Y un 2% de esas mujeres somos pilotos de desarrollo, lo que nos permite trabajar a la par de los ingenieros. Un 0,5% de ese 2% tenemos formación académica de competición avalada por la Secretaría de Educación de diferentes universidades de Europa. A esta altura ya hablamos de casos que podemos contar con los dedos de una mano. Y eso es exclusividad.

P.: Tenés 33 años. ¿Pensás seguir ligada al deporte una vez que te retires?

R.R.: Todas las metas que quise cumplir dentro del automovilismo las hice. Ya me preparo para cuando deje el deporte. Hay que saber retirarse en el mejor momento.

Romina vive viajando entre Buenos Aires, Madrid, París y Kuala Lumpur. Pero hace un par de calendarios se agregaron otras paradas anuales producto de la repercusión que tomó el hecho de convertirse en la cara de Adidas Originals en Nueva York y Los Ángeles y de Pepsi Black en Argentina. “Logré hacer un rebote con todas las marcas. A Adidas le sirve que sea cara de Pepsi; y a Pepsi le sirve que sea cara de Adidas. Y a ambas que sea deportista de Aerolíneas Argentinas por eso cuido mucho a qué marcas me alío”, asegura Re. Y agrega que “la primera vez que trabajé para Adidas fue como NN. La segunda campaña fue como Romina Re. Cuando las marcas te dan entidad, pagan menos porque le dan publicidad a tu nombre”.

P.: ¿Cuánto sube tu valor comercial ser la cara de estas marcas mundiales?

R.R.: Hace dos años le hubiese cobrado otra cosa a Pepsi o a las marcas que me contratan, ser cara de Adidas o imponerme en los Emiratos Árabes y que mi nombre salga en los diarios de Dubái tiene otro precio. No es lo mismo. Se van desarrollando otras plataformas económicas. Ya no soy la piba que corre en auto.

P.: ¿Cuánto paga una marca como Adidas?

R.R.: Entre 60 y 70 mil dólares por campaña, otra plata por rebote y un canon por exclusividad. Se firman contratos por campañas. Difiere el valor según la ciudad.

P.: ¿Este tipo de relaciones comerciales también requieren una inversión?

R.R.: Muchas veces viajo con empresarios que prestan atención desde el auto del que bajás hasta las valijas que utilizás. Tengo unas valijas de Louis Vuitton que te puedo asegurar que no me salieron baratas y el equipaje es una inversión necesaria. Para sostener una imagen acorde con lo que facturo tengo que invertir.

P.: ¿Salís a la caza de alguna marca?

R.R.: Me pasó con Gucci. Un día me trajeron una imitación de China que era muy parecida, salvo un cierre. Los que conocen de moda se dan cuenta de todo. Entonces, los etiqueté en una historia de Instagram y me llegó una respuesta de una cuenta de alguien de Gucci pidiendo que no los etiquete porque no era real.

P.: ¿Y qué pasó?

R.R.: La seguí subiendo sin etiquetarlos y veía cómo me miraban la cuenta. En otro mensaje me pidieron que deje de hacerlo porque era mala publicidad. Entonces, les dije: “Si ustedes piensan que soy mala publicidad, es porque piensan que puedo ser buena publicidad. ¿Sigo usando la falsa?”. A las dos semanas me mandaron dos carteras. No sos importante hasta que se lo demostrás. Porque una mala publicidad no deja de ser una publicidad .

P.: ¿Jugás a la ruleta financiera?

R.R.: Hago inversiones mínimas en la Bolsa y las monedas digitales son el futuro (litecoin, bitcoin y ethereum), que ya tienen el retiro de dinero en algunos cajeros del mundo. Dado que trabajo en varios países, esto me ayuda a estar actualizada mundialmente sobre los valores en el mundo y a su vez agilizo mi capacidad financiera.

P.: Tenés 20 mil seguidores en Instagram y ya alcanzaste el rol de influencer. ¿Cómo te sentís en ese lugar?

R.R.: Lo disfruto. Voy a muchas expo management. El libro “La estrategia del océano azul” es como mi biblia. En las redes ves a gente con 300 mil seguidores que no son reales. Una vez escuché a un empresario decir que el influencer es influencer y la celebrity es celebrity porque la gente piensa que lo que tiene la celebrity es inalcanzable. Los influencers estamos más cerca de la gente.

P.: ¿Las marcas ya se acercan a vos por ser Romina Re o todavía lo hacen por ser piloto?

R.R.: Además de todo lo que hago, tengo una productora llamada OK Rock. Traje a Molotov al Luna Park por sus 20 años y lo llenaron. En este momento tengo cinco sponsors fijos y otros que van y vienen. Cuando me puse a hablar con Aerolíneas Argentinas, que era mi auspiciante como piloto y les comenté lo que estaba haciendo, entraron de una al proyecto. Cuando tenés un producto de éxito, y le das al sponsor lo que necesita, si te ponés un kiosco, también te sigue.

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