El comerciante que trabajaba 14 horas y al que le robaron el sueño de vivir

En las postrimerías del caso en el que se juzga a los asesinos de José Luis García, el comerciante al que mataron el 13 de enero de 2012 en un plan para apoderarse de la recaudación de su distribuidora, su esposa rompe el silencio por primera vez. "La víctima del sistema fue mi marido, fue víctima de la delincuencia que está enquistada en esta sociedad", lamenta su viuda en diálogo con Letra Roja.

José Luis García tenía 49 años cuando lo mataron en la tarde del viernes 13 de enero de 2012. En el momento en que lo balearon hablaba por teléfono con Patricia Gauna, su esposa. Ella le pedía que pasara a comprar ingredientes para hacer unas pizzas. "Te tengo que cortar porque me quieren robar", le respondió José Luis. Patricia escuchó unos chasquidos como el choque de llaves y después el silencio. Los delincuentes lo mataron, pero no alcanzaron a llevarse la caja de velas en la que había retirado el dinero de la distribuidora LOA, de la que era uno de los dueños junto a su hermano Oscar.

José Luis trabajaba 14 horas al día en ese negocio. Era el primero en llegar y el último en irse. Entraba a las 7:30 y salía a las 21:30. Después no le quedaba tiempo para nada. Solo para descansar o entretenerse mirando algún partido de fútbol de River, del que era hincha.

Desde muy pequeño había acompañado a su padre a repartir golosinas en todo Comodoro Rivadavia y conocía bien el sacrificio del trabajo. Tenía como norte siempre a su padre y la dedicación a la empresa. Los García fueron conocidos por distribuir golosinas desde el corazón del barrio Jorge Newbery a toda la ciudad.

Patricia tenía 15 años, y José Luis 19 cuando se conocieron. Fue en un kiosco de la cuadra al que ella siempre iba a comprar. Allí, él le regalaba caramelos de chocolate con maní. Y a ella le impactaba lo educado que era. "Era muy señorito, a mí me encantó desde chica", recuerda Patricia que rompió el silencio por primera vez después del homicidio de su marido.

Aquellas tardes, pasaron a ser días enteros. Cuando ella ya tenía 19, José Luis le propuso matrimonio. La vida de los García-Gauna siempre sería muy familiar y tranquila hasta que la delincuencia irrumpió en la felicidad y lo tornó todo oscuro.

DEJAR LA VIDA EN EL TRABAJO

La distribuidora LOA cumplirá cuatro décadas el año que viene. Sus inicios datan de 1976. El padre de José Luis era empleado bancario y en las tardes repartía golosinas. El lo acompañaba. Desde muy chico supo que quería ser como su padre. En 1979 el negocio llegó a la calle Alvear.

Cuando el padre de José Luis falleció, él de la escuela Biología Marina se zambulló por completo al negocio familiar. "Le apasionaba el negocio, fue su gran amor LOA", cuenta su esposa.

Es que allí terminó dejando la vida. Allí los delincuentes le arrebataron su vida.

"Él trabajaba todo el tiempo, él vivió siempre para trabajar". La distribuidora "era su pasión. Ponía todas sus energías allí. Era su orgullo", recuerda Patricia.

En 2010 García fue uno de los veinte elegidos como mejores mayoristas del país. Ese día posó grandilocuente con su galardón. Era el premio al esfuerzo de todos los días. Desde chocolaterías, heladerías, hasta comercios y multirrubros de todos los barrios se abastecían de la empresa familiar.

Sobre la mesa del living Patricia muestra fotos familiares. Es sábado a la tarde y afuera el delito sigue acechando. Pero en ese momento el tiempo se congela con la carcajada de José Luis en una de las fotos. Se lo ve feliz con ella, en un viaje a Las Vegas que se habían ganado.

Hoy Patricia no puede abrir el armario de las fotos familiares. No está segura de poder soportar tamaña melancolía. Por eso solo tiene un puñado de postales familiares que le quedaron a mano. "Él estaba pleno", resalta. Hacía un mes que había sido abuelo. Esos momentos, como el primer baño de su nieto quedarán en el recuerdo, pero José Luis no podrá disfrutar más de la vida familiar.

"Es que hay gente que pierde el eje, y va por lo de los otros y no sabe de los años del sacrificio. Un hombre que jamás hizo daño a nadie. Un buen ciudadano", reniega Patricia.

La familia García ha sentido el acompañamiento de mucha gente tras el homicidio de José Luis. Los amigos, conocidos y la ciudadanía preocupada por la situación de inseguridad marchó con una vela encendida por las calles de Comodoro Rivadavia. "Que represente la luz que todos necesitamos", sostenía el lema. Esa luz es la que eligió Patricia.

"Elegí el lado del amor, de la luz y seguir acompañando a mis hijos en esta vida. Yo necesito como mamá dejarle otro mensaje a mis hijos, ellos son muy jóvenes", sostiene.

La sencillez del empresario se graficaba en sus acciones. Cada vez que una clienta compraba algo en la distribuidora, le llevaba las bolsas hasta el vehículo. No perdía la humildad. Y aquellas que no sabían que se trataba de uno de los dueños del comercio hasta le ofrecían unas monedas como propina.

En su trabajo ha sido admirable, como persona hoy los más cercanos lo extrañan. "El se sintió muy querido por su clientela. La gente me paraba para hablar de él", cuenta. Ni su esposa sabía que colaborara con iglesias e instituciones de bien público. Es que nunca lo decía. "Era muy agradecido", confiesa Patricia.

José Luis buscaba un objetivo: que el cliente se tenía que ir contento y feliz. Si alguno llegaba con preocupaciones, un chiste de él lo podía despabilar. Los que lo conocieron dan fe de su buena vibra.

ASESINADO

El crimen ocurrió el 13 de enero de 2012, alrededor de las 18:30. Poco antes habían llegado hasta el lugar Rodrigo Alejandro Delgado, conduciendo su Fiat Vivace, acompañado de Pablo Sebastián Barreto, el por entonces menor de edad Brian Stremel -asesinado el 4 de mayo último en Bahía Blanca-, y Luis Alejandro Bravo Orderique.

Estacionaron sobre la calle San José de Jáchal, casi esquina Libertad, cerca de la distribuidora LOA situada en Roca y Kennedy.

Según la acusación fiscal, Delgado permaneció en el vehículo junto con Barreto. Mientras, Stremel y Bravo Orderique se bajaron y se dirigieron hasta el comercio y esperaron sentados en el borde de uno de los ventanales la salida de su propietario.

Alrededor de las 20:10 José Luis García salió del comercio llevando consigo la recaudación del día en una caja, se subió a su Citroën Berlingo que se encontraba estacionada sobre Roca a pocos metros de Kennedy y colocó la caja con el dinero del lado del acompañante.

En ese momento Stremel y Bravo Orderique se acercaron y se pararon frente a la ventanilla del lado del conductor donde estaba la víctima, y al no poder abrir la puerta de ese lado, ni romper el vidrio del rodado, el segundo efectuó un disparo, lesionando a García en la región lateral izquierda del tórax lo que le provocó la muerte por shock hemorrágico por múltiples lesiones miocárdicas.

Tras el disparo Stremel introdujo parte de su torso en el vehículo para sustraer la caja con el dinero sin lograr su cometido y a continuación ambos escaparon corriendo hasta donde los estaban esperando Barreto y Delgado. Escaparon los cuatro en el Fiat Vivace.

Delgado y Barreto habían esperado al menor de edad y a Bravo Orderique casi dos horas dentro del vehículo estacionados en el mismo lugar.

"No le robaron la caja cuando salieron, sabiendo que no estaba armado, ni tenía custodia, sino que esperaron que tuviera un estado de indefensión absoluta para tener la superioridad y fue cuando la víctima ya estaba en el auto. Todo esto nos llevó a entender que había un plan y que nadie desconocía lo que en definitiva ocurrió", analizó Alejandro Soñis, presidente del tribunal que los condenó.

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