El éxodo comodorense

Esta época del año extrañan algunas pequeñas maravillas. En el centro de la ciudad es posible estacionar con facilidad. Las calles y los tramos urbanos de la Ruta 3 no tienen mayores congestionamientos. Los comodorenses en masa han escapado de vacaciones. Los autos descansan en los patios de las viviendas, pero también en los canteros y bajo los árboles del aeropuerto. Otros han partido por la ruta en busca del merecido descanso.

Los que permanecemos en la ciudad, notablemente vacía, vivimos el síndrome de un enero más, donde los cortes de agua y los días de playa son alternados e impredecibles. Somos habitantes del desierto, hombres y mujeres capaces de viajar 800 o más kilómetros para pasar un fin de semana de escapada.

La capacidad de organización y de manejar largas horas parecen ser habilidades comunes en los comodorenses. En otras provincias el éxodo vial está dentro de las previsiones del Gobierno.

Se presta atención con mucha anticipación al estado de las rutas y a la posibilidad de obtener lugares de recreación, descanso y servicios cada aproximadamente 100 kilómetros.

En la Patagonia las estaciones de servicio de la ruta, los pocos paradores y los sacrificados pobladores que los habitan, deberían ser protegidos especialmente por el Estado. Deberían ser organizados, fomentados y exentos de algunos impuestos, pues en casos de accidentes, cuando alguien tiene un desperfecto mecánico o simplemente necesita descansar, comer o utilizar un baño, los pocos puntos para detenerse son como oasis en este largo desierto. Ocurre en Chubut y también en las soporíferas rutas de Santa Cruz.

En el paraje conocido como Garayalde durante años existía un kiosco y restaurante que servía de refugio en casos de aislamiento por tormentas de nieve, dando de comer a hombres, mujeres y niños. Este año cerró y solo continúa la provisión de combustible. Quizás el mundo privado de los negocios ha entendido que la ecuación ya no era rentable.

Pero además del impulso privado para las actividades, existe también un interés público en que la ruta cuente con servicios para los viajeros. Sería esperable una acción de la Administración Pública Chubutense en ese sentido.

Otra cosa que está ausente en todos los tramos ruteros es una campaña intensa de prevención de accidentes. Me refiero a una campaña de verdad que se exprese en toda la provincia, y no solo en la ruta 7 entre Rawson y Trelew. Hay una agencia provincial creada al efecto.

Es muy necesario detener un minuto a los viajeros para verificar en qué condiciones enfrentan la ruta. Mucha gente ignora las técnicas de conducción para las rutas. Son solamente conductores urbanos, o en el peor de los casos inexpertos o principiantes.

Abundan los autos mal cargados, con remolques improvisados, pasajeros sin cinturón, niños sueltos en las cabinas, o con una cantidad de pasajeros que excede la capacidad del auto. También se ven de noche fallas en los sistemas de iluminación. Autos que encandilan por la aplicación de lámparas de xenon en ópticas inadecuadas.

También hay autos potencialmente más peligrosos, con modificaciones indebidas en la geometría de la suspensión, producto de la moda “tunning” de mala factoría pues hay quien cree que aserrando los resortes de suspensión mejora las prestaciones del auto, olvidando que existen la física y los cálculos de ingeniería. Otros muchos utilizan autos de bajo presupuesto para viajar a velocidades importantes, sin evaluar las reales posibilidades de frenar y doblar.

Vemos fotografías subidas a las redes sociales, de velocímetros marcando 200 Kms/hr o más, como si viajar a alta velocidad formara parte de una aventura para compartir.

Muchos modelos de autos provienen de diseños europeos donde los coches circulan por autopistas, absolutamente parejas y con un muro New Jersey que separa ambas manos.

No pensará que un ciudadano alemán corre el riesgo de impactar los restos de un recapado de camión en la mano rápida de la Autobahn!

Aquí por estas latitudes creemos inteligente viajar a velocidad de vértigo en una ruta de manos simples diseñada para autos de una tecnología de 40 años atrás.

Es común también observar personas que consumen bebidas alcohólicas mientras conducen en la ruta. Si cree que exagero, alcanza con observar los envases de la mucha basura que se arroja desde los autos hacia los ecosistemas lindantes para tener una idea acabada de la conducta de los ciudadanos en relación a los tóxicos como el alcohol.

La temporada ya empezó, pero nunca es tarde para ponerse a trabajar. Tal vez un diálogo serio entre los conductores y la autoridad, una detención de un minuto, un tríptico informativo, como así también un mínimo ambiente de control documental, puedan servir para preservar lo más importante que tenemos en nuestra querida Patagonia, que es la vida misma. 

Fuente: Carlos Jurich

Dejá tu comentario

Las Más Leídas del Patagónico