Si tuviéramos que buscar una definición para las grandes causas nacionales podríamos señalar que son aquellos desafíos colectivos que tienen la particularidad de unir a los argentinos.
Cuando se ponen en juego intereses colectivos importantes de la Nación, las grandes mayorías populares y los sectores políticos abandonan las banderías sectoriales para unirse en un sentimiento común.
Nos une el orgullo nacional por los logros deportivos, pero también el avance en materia de tecnología, industria e innovación. Estamos juntos a la hora de la alegría y también cuando arrecian las tormentas.
Hay grandes causas nacionales permanentes, arraigadas desde la formación de la Nación como la soberanía territorial y otras tantas que se han ido sumando a lo largo de la historia social y política del país.
Los grandes líderes de la nacionalidad hicieron carne conceptos como la independencia económica, la integración americana de Bolívar y San Martín; la búsqueda del bienestar por medio de la justicia social, la soberanía política que busca evitar la injerencia extranjera en las decisiones del país, etc.
Pero si tuviéramos que enlistar las grandes causas nacionales el primer punto indiscutido sería la causa Malvinas sobre la que los patagónicos en general y los comodorenses en particular, tenemos un sentimiento a flor de piel por haber sido un epicentro del despliegue militar y también para la evacuación de heridos.
El sentimiento de orgullo argentino por los logros colectivos nunca llega a ser pleno cuando sabemos que una parte de nuestro territorio está tomado militarmente por una potencia de ultramar.
De las 17 vergonzosas colonias que subsisten en el mundo, diez son producto de la acción negativa de Gran Bretaña.
La colonia de Malvinas es sin duda uno de los peores atropellos, por el grado de obscena militarización que incluye 2.000 militares en una población de solo 3.000 civiles, y la instalación de una mega base de inteligencia.
Todas las colonias británicas son islas, incluidos los paraísos fiscales de Islas Caimán e Islas Vírgenes, utilizados de manera generalizada para el depósito de dinero de dudosa procedencia. También retienen parte del territorio español al mantener ocupado militarmente el Peñón de Gibraltar arrebatado en 1704 para controlar el acceso al Mar Mediterráneo.
La República Argentina no tiene ninguna posibilidad de liberar su territorio por la vía militar, ya que la guerra moderna es un choque entre economías industriales, más que entre personal y equipos militares. El poderío económico de Inglaterra, que se nutre de inversiones planetarias por efecto de la dominación financiera, genera una asimetría absoluta por lo que no representamos el más mínimo peligro.
Argentina, en cambio, es un país pacífico, basa sus pretensiones de crecimiento en su propio territorio, ha aceptado durante años un destino secundario de proveedor de materias primas y pese a luchar por su industrialización, por el desarrollo de nuevas tecnologías y la consolidación de su liderazgo regional, debe enfrentar las mala fe o falta de visión de una buena parte de la dirigencia.
Un país para poder desarrollarse debe asegurarse la provisión de energía para impulsar su crecimiento, la soberanía alimentaria para que las proteínas necesarias para la vida se distribuyan entre su gente y retener las utilidades de todas las actividades productivas dentro del país, canalizándolas por un sistema bancario sano.
Ninguno de estos tres factores se logra sin una conducción política fuerte y una comprensión cultural de la propia situación arraigada en el corazón del pueblo.
Aquí, en estos puntos es donde trabajan los enemigos de nuestro país. Sean los fondos buitres, los bancos, las empresas energéticas del imperio, las multinacionales dueñas de las plantas de producción de alimentos, o quienes codician nuestro territorio o riquezas naturales. Claramente poseen una estrategia en acción para frustrar nuestro destino. Trabajan en la economía y en los medios de comunicación.
Un sondeo claro de nuestro estado de conciencia frente a las grades causas nacionales ha sido un incidente mínimo, un pequeño experimento de la cadena de comunicaciones BBC de Londres.
Jeremy Clarkson, unos de sus periodistas, que conduce un programa de automovilismo, colocó una patente falsa en su Porsche 928 GT con la combinación alfanumérica H982 FKL, para hacer una burlona alusión a 1982 y Malvinas, con la sigla correspondiente al nombre que los invasores de dan a las islas “Falklands”.
Con ese auto deportivo se paseó con éxito por Tierra del Fuego, sin mayores incidentes. Pero los orgullosos habitantes de Tolhuin tuvieron una actitud distinta hacia el ensayo de la BBC y respondieron el insulto con lo único que tenían, una buena pueblada y una lluvia de cascotazos.
Un símbolo de los tiempos, el pueblo patagónico respondiendo frente a las afrentas del imperio con lo único que tiene a la mano: su dignidad.
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Por Carlos Jurich
- 13 octubre 2014