Invierno en tres pasos: diversión, confort y calidez

Valle Nevado y Portillo se elevan como los centros de ski más prestigiosos de Sudamérica. A pocas horas de Santiago, Chile, ambos lugares se posicionan por calidad, amabilidad y servicio. Dos sitios ideales, con sus diferencias, para disfrutar de las vacaciones de invierno en familia, con amigos, en pareja o en soledad.

Bruno Lazzaro- blazzaro@ambito.com.ar


Valle Nevado: más que una aventura

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El abrazo ajeno dura más tiempo. Está chequeado. No hay nada que se prolongue más. Y menos si tiene contenido el desahogo del grito de un gol que aprendió a vestirse de ilusión. La cámara toma a Maradona celebrando como una pintura ideal para romper filas en el Museo del Louvre, en Francia. Esa misma luz, con siete horas de diferencia a Rusia, brilla en la punta blanca de la montaña y entra por la ventana de uno de los restoranes con los que cuenta el centro de ski para recibir a los turistas argentinos que dejaron en pausa la actividad en la nieve para aunarse en todo eso que provoca la pasión. A tres mil metros sobre el nivel del mar. En Valle Nevado, el corazón de la montaña.

Según los expertos, Valle Nevado es el lugar indicado para nunca dejar de esquiar. La cantidad y la variedad de pistas dan fe. De las 40, hay un 9 por ciento que son para principiantes, un 31% para intermedios, un 40% para avanzados y un 20% para expertos. Además de sus tres hoteles (Valle Nevado, Puerta del Sol y Tres Puntas), el centro cuenta con un proyecto inmobiliario sin precedentes: diez edificios de departamentos que reúnen a más de 400 familias.

Pasa el almuerzo y vuelve la hora de subirse a los esquíes. Los chicos no se caen porque, al estar más cerca del suelo, tienen mejor equilibrio y, además, no conocen el miedo. El comentario de unos de los más de 90 instructores certificados que hay en el valle es acertado. Basta con ver el desparpajo de la juventud para reafirmar la idea de que una vez que se aprende, ya no se olvida más.

A las 17 es la hora de vuelta. El chocolate caliente, el bingo y la charla en uno de los salones del hotel Puerta del Sol se convierten en clásicos desde el día cero. Cinco amigos conversan mientras miran un video que acaban de hacer en la bajada de una de las pistas más difíciles. Coinciden en que la cámara los hace más lentos, que la sensación de velocidad era otra. La voracidad con la que comen los muffins, también. Pero hacen referencia a que la aventura era más que ese cuadro por cuadro que los acerca al presente. Cuentan que llevan varios años yendo y que la encargada les hizo una atención en el precio. El valor por persona en base doble por tres noches es de 690 dólares. En Tres Puntas el valor por la misma cantidad de noches es 663 dólares y 945 para el Ski Resort Chile. Algo menos habrán puesto.

Afuera el atardecer se viste de gala. Es la más maravillosa hora. Y el contingente gira. En el ascensor todos llevan bata. La pileta se convierte en la vedette del crepúsculo. Hay música, tragos y felicidad. Es el descanso de la jornada. El alivio que se mezcla entre el frío del valle y el calor del agua. Para aquellos que no se animan a tanto, está el fogón. Un espacio acorde para la melancolía o tan sólo para disfrutar de estar frente a un fuego que se aviva por la brisa.

Valle Nevado tiene la ventaja de estar a una hora de Santiago, Chile. Una escapada de fin de semana para algunos locales o el espacio ideal para compartir con amigos para aquellos turistas que llegan desde Brasil, Argentina o Estados Unidos. A la hora de cena, renace la esperanza de poder volver a cruzarse con alguien que formó parte del día con una oferta gastronómica múltiple y de calidad: la Fourchette (resto gourmet con propuesta francesa), Montebianco (de gastronomía italiana, con gran vista a las pistas), el Mirador del Plomo (cocina show) y el Sur (con platos chilenos).

Para antes de irse a dormir las opciones se mueven de acuerdo con las fechas. Noches de hard rock y fiestas de celebración por las tres décadas. Además, semanas especiales: Valle Nevado Week (7/7 al 14/7), Fun Week (14 al 21), Foodie´s Week (3/8 al 10/8) y Wine Week (17/8 al 24/8).

La noche pasa y amanece. El desayuno es el momento indicado para aclimatarse antes de volver a darle rienda suelta a la montaña. El valle cuenta, también, con un servicio médico totalmente equipado para cualquier eventualidad. El trato de los médicos y asistentes del espacio son garantía de seguridad. Mientras tanto las aerosillas van y vienen. La Andes Express es una de las joyas del lugar: es la única cuádruple, desembragable y de gran velocidad. Dos chicos intentan hacer un muñeco de nieve, pero se quedan a mitad de camino. Más allá las fotos copan la parada. Todos quieren dejar registro de lo vivido.

La niebla tapa la vista de las montañas. Pero no puede pasar mucho tiempo así. El 80 por ciento de los días entre junio y octubre son soleados. El centro cuenta con una de las mejores ubicaciones en la montaña. Fue construido siguiendo los patrones invernales de Los Alpes. Y así sucede. A la hora del almuerzo se cuela el primer rayo de sol. Y cuando la comida termina, ya no quedan nubes.

En sus 30 años de historia, Valle nevado recibió 3 millones de visitantes durante los meses de invierno. El centro fue reconocido como la “Empresa turística más innovadora de Chile” y “Entre los mejores de Sudamérica, por Forbes; seleccionado entre los “8 mejores destinos para visitar”, por The New York Post; y como “El mejor destino para esquiar de la región, por CNN.

Sin dudas Valle Nevado es uno de los sitios para recorrer y no olvidar. Para aventurarse y no detenerse. Un sitio ideal para no dejar de visitar en el camino de montañas. Ahí arriba, donde algunos se marean al principio, reside una de las más lindas experiencias para conocerse a través de la naturaleza.

Portillo: cuando prima la sonrisa

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Cuatro chicos juegan a las escondidas mientras sus padres y amigos conversan en el salón principal del hotel. 1, 2, 3, 6. Nunca nadie le presta atención a las cuentas, pero uno ya decidió subir las escaleras. Los otros, en cambio, tienen en sus ojos el mundo. 14, 15, 18. Dudan en acercarse y pedirle que vuelva a empezar pero la dinámica de improvisado los lleva hacia lo más simple, bajar.

El pibe de campera amarilla sigue contando. Ya nadie lo escucha, pero eleva la voz cuando llega a 30, el número final. Entra al bar, pero allí sólo hay algunas parejas y familias escuchando cómo la banda de turno recorre parte de su adolescencia con un par de clásicos de los 80. Suena “Persiana americana” pero en la barra, un grupo de argentinos conversa sin rima. Se escuchan poco, se pisan las palabras y se las prestan para terminar fundidos en un abrazo partido. De esos que forman un tótem. Algo se celebra. Parece el lugar indicado.

Toca el turno del salón, pero el que cuenta la historia ya sabe que ahí no están, por lo que a veces el tiempo se pierde. Pero lo cierto es que el reloj no corre de la misma manera cuando lo que prima es la fraternidad. El hecho de compartir. De estar, sin estar. Abajo o arriba. En Portillo, todo perdura. Y se hace espíritu.

Hay grupos familiares numerosos. Están los que toman té, aquellos que sólo observan, otros que miran sus celulares, alguno que está por estornudar… pero que se hace un nudo en el intento. No faltan los que ríen, los imprescindibles. Hay quienes toman fotos, tomaron o tomarán. Nadie se pierde el momento.

Tampoco están el comedor, pero el chico insiste. Le pregunta a un mozo y no tiene suerte. Juan Beiza -un maitre con casi 50 años en el hotel- saluda, da indicaciones y vuelve a saludar. Cuenta la leyenda que la temporada que arrancó a trabajar fue un año seco. Pero ese comienzo no fue más que un elogio al mal paso. Lavó platos, hizo aseo y hasta vendió nafta. Aprendió todo y hoy puede enseñar. Si hasta guarda consigo la anécdota de haber atendido a Fidel Castro en la época que Salvador Allende gobernaba en Chile. Claro que cuando el comandante se olvidó el arma en la mesa, el entonces camarero Beiza no se detuvo a pensar que tomar la pistola del líder de la Revolución Cubana tenía, para la gente que lo protegía, más lecturas que simplemente la de un humilde servidor. Pero sólo fue un momento. De miles.

Portillo lleva consigo el encanto del trato. La hospitalidad, el servicio y la calidad están a la orden del día. Y también de la noche. Porque la gente cena, en dos turnos, en uno de esos salones que sólo las películas conservan. Con platos elaborados por un cheff internacional. Y es que en sus paquetes de alojamiento tienen incluido gran parte de la aventura: el hospedaje, las cuatro comidas y los pases para utilizar alguna de las 35 pistas (con 14 medio de elevación que evitan la congestión). Lo necesario para cubrir todos los niveles de esquiadores y snowbordistas.

El pibe de campera amarilla no encuentra a sus amigos y va en busca de las escaleras. Elige ir hacia abajo, la lógica del menor esfuerzo. Primero hacia el cine, donde más temprano unos 40 brasileños se acomodaron en las butacas y en los puff para poder celebrar el triunfo de su selección ante Serbia; pero ahora sólo están Los Cazafantasmas, en su versión femenina. Prueba de ir más abajo. Pasa por la cancha de fútbol cinco de parqué (en la que también hay dos aros de básquet), se fija en el salón de juegos (ping pong, videojuegos, pool y hasta un muro para hacer escalada) y no tiene suerte. Antes de irse, pone la pelota en la punta del botín del defensor del metegol, gira y le pega al mediocampista. Mira a su alrededor y dice “gol”.

Tres horas antes, dos adultos exponían sus diferentes opiniones sobre las cualidades de juego de Neymar en una de las tres piletas aclimatadas con las que cuenta el espacio. No importaba que la temperatura estaba debajo del cero. Los 30, 32 y 34 grados del agua funcionan como un recorrido en sí mismo. El marco es perfecto, la laguna parece un espejo que cayó del cielo y nunca se quebró. Y alrededor, las montañas y su edredón de nieve: el accidente geográfico con mejores consecuencias que tuvo la naturaleza.

Pero el pibe de campera, llamémoslo Iván, sigue buscando. Al sauna y a la discoteca, no entró. Sabe de límites. Tampoco se fijó en el gimnasio, donde entrenan los grandes equipos olímpicos de esquí del hemisferio norte que aprovechan los múltiples desafíos que tienen las pistas de Portillo (que fue sede del Mundial de Ski de 1966, único realizado en Sudamérica); ni en la guardería infantil. Las habitaciones están arriba, hacia donde fue el otro amigo. Las hay de todo tipo: departamentos familiares con baño (2700 dólares la semana por persona en temporada media), la Doble Valle (3650 dólares) y la Doble Suite (5600 dólares). En todos los casos, los menores de 4 a 11 (1450 dólares) y los jóvenes de 12 a 17 (1690). Hay otras opciones, claro, pero están fuera del alcance de búsqueda de Iván. Ahí nomás a escasos metros del hotel está el Octógono (1950 en habitación compartida de cuatro personas) y el Inca (1150 en habitación compartido de cuatro), dos espacios que funcionan como hostel de esquí, con las mismas atenciones del edificio central.

La inmensidad del hotel abre un abanico de posibilidades. Y es que son 69 años de historia a cada paso. Ahí nomás del Aconcagua, el cerro más alto de América. Iván vuelve sobre sus pasos y llega a su punto de salida, en el ascensor. En la cartelera ya figuran algunas de las actividades tradicionales que se pueden disfrutar en Portillo, a sólo dos horas de Santiago de Chile: family week (del 7 al 28 de julio), wine week (28 al 4/8), friends week (11/8 al 18/8) y la wine fest (18 al 28/8).

Aparece el primero, e Iván lo ve. Pica. La cara se le transforma. Ya pasaron 10 minutos desde el inicio. Al segundo también, lo ve. Lo celebra como ese gol que no entró. Pero el tercer, el que se escondió arriba, pasa. Y sí. “Piedra libre para mí y para todos mis compañeros”. El espíritu de Los Andes sigue latente en Portillo. Y brilla.

COMO LLEGAR

Latam ofrece un servicio con 57 frecuencias de vuelo semanales desde Buenos Aires hasta Santiago: 38 de ellas salen del Aeropuerto Internacional de Ezeiza y 19 parten desde Aeroparque.

Las tarifas son muy similiares en temporada alta y permiten que el viaje sea más accesible. Para julio el valor es de 353 dólares mientras que en agosto, el precio final es de 303 dólares.

Según las tarjetas hay diferentes posibilidades para acceder a pagos en cuotas y sin interés y no perderse la oportunidad de volar.

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