La historia de José Marrone en la Patagonia: de cómico a vigilante

El famoso cómico se hizo famoso en la década del 60, cuando además de acompañar vedettes en teatros de revista, tuvo programas de TV propios en los que inmortalizó su popular "cheeee".

Cualquier cómico de varieté que se preciara de tal tenía en repertorio una rutina habilidosa que completaba la presentación. Acá José Marrone muestra la suya. Pulida mil veces en tablado, recorriendo cabarutes petroleros de la Patagonia con su primer dúo: "La gorda y el flaco". Tratando de entretener en un galpón helado a trescientos obreros que esperaban su turno higiénico de quince minutos con las pibas del piringundín.

Se hacía llamar por entonces Rulito (se me ocurre que tal vez la mujer que baila con él en un momento fuese aquella partenaire, su primera mujer, Rosa, o que quizá ese juego fuera parte de la rutina original).

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Le escuché contar alguna vez que un invierno impiadoso quedó varado por la nieve en una de esas plazas petroleras. Volver en el avioncito de LADE era inaccesible y los caminos no se podían transitar hasta la primavera. Agotado el repertorio de chistes, de tan repetida la rutina bastaba subir al escenario y les tiraban cosas. Los despidieron. Les quedaban tres meses de reclusión en ese pueblito y no tenían un mango para la pensión y la comida.

“Un artista es un inútil”, le escuché decir en una entrevista. Entonces pensé: ¿Cuál es el único trabajo que puede hacer en el mundo un inútil además de artista? Me fui a la comisaría y me conchabé como vigilante”.

A los tres meses, ya con el solcito, renunció. Retomaron el camino a capital. Los esperaban los tabladitos del balneario de Costanera Sur. Los chopp. Los sanguchitos de miga.

Mauricio Kartun (El Extremo Sur)

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