A fines de este mes, o principios de octubre, en Comodoro Rivadavia se pondrá en funcionamiento la planta de tratamiento de residuos sólidos urbanos, lo que permitirá dejar atrás el olor nauseabundo, el humo y la contaminación del basural a cielo abierto que afecta a esta ciudad y a Rada Tilly, sumándose así a otras urbes que ya fueron pioneras en la gestión de la basura.
La Subsecretaría de Medio Ambiente del municipio considera que este será el primer paso para cambiar una cultura en la ciudad, llevándola hacia un futuro con reciclaje y reutilización de lo que hoy solo se consideran residuos.
En Comodoro ya hay algunas experiencias que avanzan hacia este camino verde, con pasos lentos que evidencian el espíritu de quienes apuestan al cambio. De esa forma, se pueden encontrar pequeñas experiencias vinculadas principalmente con la reutilización, pero también al reciclaje en forma indirecta, es decir almacenando residuos que luego son transportados a otros puntos del país donde finalmente son reciclados por terceros con un objetivo comercial.
ACEITE Y TAPITAS
Una de esas experiencias es la recolección y transporte de aceite vegetal usado, actividad regulada por el municipio a partir de la sanción de la ordenanza 10765 de 2012.
Según explicó César Avilés, jefe operativo del área Aceite Vegetales Usados de la Subsecretaría de Medio Ambiente, en esta ciudad son 182 las empresas generadoras que participan de esa iniciativa que forma parte de las exigencias impuestas a locales gastronómicos (bares, rotiserías, restaurantes) para ser habilitados por el área de Habilitaciones Comerciales.
Desde noviembre de 2013 cuando se puso en vigencia la legislación ya se han recolectado 60.000 litros de aceite, los cuales fueron traslados a Buenos Aires, donde fueron convertidos al biodiesel, entre otras utilidades.
El sistema es sencillo: cada comercio paga un canon anual al municipio según la cantidad de aceite que consume, luego el líquido es retirado por una de las dos empresas habilitadas que funcionan en esta ciudad -Ecocom o Ecoil-, con la que cada firma debe rubricar un convenio y pagar por cada retiro del aceite.
Una vez que las transportistas locales reúnen una cierta cantidad de aceite, que almacenan hasta seis meses en depósitos especiales, dan intervención a las empresas de Buenos Aires que realizan el traslado final.
Así, lo que era residuo se reconvierte para una nueva utilización, en este caso con un objetivo comercial por parte de las empresas que realizan el transporte y se evita la contaminación, algo que resulta esencial, según explicó Avilés.
"Hace tiempo teníamos muchos reclamos porque la gente de los comercios tiraba el aceite por las cañerías. Eso generaba la proliferación de insectos y roedores. Entonces el objetivo fue evitar eso porque también muchos comercios se lo daban a la gente que tenía chanchería y elaboraban alimentos o los tiraban a la basura", recordó sobre lo que era una problemática.
"Sabíamos por los estudios que hemos hecho que un litro de aceite contamina 1.000 litros de agua y eso genera serios inconvenientes porque no deja penetrar la luz solar, le quita oxigenación al agua y afecta mucho a la fauna marina", agregó.
Se percibe que el éxito de esta iniciativa, impulsada por Cristian Orellana, transportista local que la trajo de España, está garantizado ya que se registra un crecimiento gradual de los generadores, quienes pasaron de 110 en febrero a 182 en la actualidad, reuniendo desde 35 litros mensuales en el caso de un comercio pequeño hasta 500 en los grandes restaurantes, cambiando el aceite cada 30 días, y no cada 20 como recomienda el municipio.
"Treinta días nos parece una barbaridad porque el aceite pierde sus propiedades a determinada temperatura. La gente cree que a menor uso no implica que se altere, pero es todo lo contrario. Esto está comprobado y se pone tóxico, por eso recomendamos que se haga máximo 20 días", detalló Avilés.
A esa iniciativa se puede sumar otra experiencia como la recolección de tapitas plásticas y papeles por parte de la campaña solidaria del Hospital Garrahan, que tienen nueve puntos de recolección en la ciudad y uno de transporte, Cruz del Sur, que traslada el material a Buenos Aires en forma gratuita.
Una fundación vinculada con ese hospital infantil vende lo recolectado para su reciclaje y lo recaudado se invierte en obras para el centro asistencial y ayuda a sus pequeños pacientes.
TAMBIEN ARTESANIAS
Más allá de las iniciativas de acopio, está el trabajo que realizan en esta ciudad pequeños productores, quienes le dan valor a la basura y la reconvierten para un nuevo uso.
Es lo que hacen las hermanas Claudia (36) y Estela (37) Cura, quienes desde hace cuatro años fabrican canastas, bolsas y otros objetos pequeños aprovechando el reciclado de botellas de plástico, bolsas y diarios.
"Nos enseñó mi mamá. Nosotros hace años que venimos de Misiones, pero vamos a pasear cada tanto y allá escasean un montón las botellas porque todos hacen esto; en cambio acá vemos botellas volando en la calle", describió Estela.
El proceso es simple: con el diario ellas hacen varitas de papel las cuales pegan para que quede firme. Mientras tanto, cortan la botella y la convierten en un pequeño rollo utilizando un elemento de madera que también trajeron de Misiones, en el cual ponen el cúter y hacen girar la botella. Así queda reducida a pequeñas tiras de plástico, con la que envuelven el papel a medida que se le va dando forma al objeto deseado, combinándolo con bolsas de todo tipo que le dan color.
Según explicó Claudia, hacer un canasto les lleva una semana de trabajo y por lo menos doce botellas. Luego lo venden en ferias. "A la gente le gusta; preguntan, los tocan y tienen mucha salida. A todos les interesa por el reciclado. Aparte son útiles y firmes", describe la artesana, quien asegura que la cantidad de botellas tiradas fue el principal impulso, sabiendo que también es un buen ejemplo para sus hijos que adoptan otra forma de ver los residuos y colaboran con la recolección de botellas en peloteros, canastos y aportes de vecinos.
Es que esta forma de reutilizar es contagiosa y didáctica. Por esa razón Estela comenzó a dictar un taller en la Vecinal de Mosconi, donde enseña cómo fabricar estas canastas.
Mientras las hermanas hablan, en un encuentro pautado en el Centro de Promoción Barrial de Próspero Palazzo, donde Isabel Rodríguez brinda su taller de madera y se aprende que también se puede reciclarla, Eliana Miranda talla un pequeño muñeco calvo, una especie de buda, escuchando y asintiendo cada apreciación de las hermanas.
En su caso ella se dedica a reciclar palets de madera, un fenómeno que crece en una ciudad donde abundan. "Hago mesas utilizando algún hierro o malla. Se pueden colocar revistas o tenerlas como mesitas ratonas o decorativas", explica ante la consulta.
"Lo más dificultoso es desarmarlo y lijarlo o cepillarlo. Después armar no, y se pueden hacer muchas cosas", agregó.
En su caso, ella participa de las ferias artesanales que organiza el municipio de Comodoro Rivadavia y comercializa sus productos junto a una amiga a través de la fan page de la red social Facebook "Una ida y una vuelta", la cual con su nombre sintetiza el espíritu de este tipo de iniciativas.
"Es como un intercambio de lo que tenemos en la naturaleza, que pasa por nuestras manos y vuelve a la persona convertida en un objeto que puede usar o también puede ser decorativo", considera.
"También se genera un ingreso extra, hay algunos artesanos que viven de sus manos. Y lo ideal es inculcarlo a los chicos que son como una semilla, después ese chico se cría aprendiendo y usándolo diariamente. Entonces lo incorpora y lo hacen naturalmente", dice esta madre de cuatro hijos.
Ante la demostración de sus alumnos Isabel, quien recicla hasta la cáscara de papa para abono para la huerta, se infla el pecho ya que este espacio titulado "La Feria de emprendedoras" avalado por el CPB, es el lugar donde se da impulso a este tipo de emprendimientos, sabiendo que se puede utilizar desde una madera de ciprés comprada hasta un palet o una corteza de un árbol, la cual se puede reconvertir a una máscara, una fuente, o lo que dicte la imaginación.
LARGO PLAZO
Con la próxima puesta en funcionamiento de la planta de tratamiento, se espera que este tipo de iniciativas aumenten a largo plazo, tanto en los pequeños productores como a gran escala. Sin embargo, antes habrá un arduo trabajo para lograr la separación de los residuos, lo que significará el primer paso de un largo proceso.
Por esa razón, desde mayo el municipio junto a la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco comenzaron a trabajar en el taller "Reciclando en nuestros barrios de Comodoro Rivadavia". El mismo fue impulsado por la Secretaría de Extensión Universitaria y aprobado por la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU) que subsidia el proyecto luego de haber ganado un concurso a nivel nacional donde participaron iniciativas de todo el país.
Su ejecución comenzó en las asociaciones vecinales de los barrios San Cayetano, Pietrobelli y Mosconi, entre otras, con la participación de las cátedras "Tratamiento de los Residuos Sólidos y Urbanos" y "Toxicología Ambiental", que dirigen las docentes Sara Fernández y Adriana Gratti, de manera respectiva.
"Son talleres teóricos-prácticos sobre residuos, donde participa la gente. Se define qué es residuo y qué es basura, diferencia entre residuos húmedos y secos, orgánicos e inorgánicos, y se hacen práctica con elementos", explicó Mónica Saüer, directora de Servicios a la Comunidad de la Universidad.
"La gente lo toma bien, nos sorprendió gratamente que iban muchos adolescentes, levantándose un sábado a la mañana con un frío terrible, llevando ideas y preguntando cómo se recicla. Se nota que quieren aprender a reciclar, quieren estar en esta línea", resaltó sobre estos talleres participativos, donde también se conocen las experiencias en los barrios.
Hasta el momento ya se realizaron cuatro charlas, una de ellas en el Concejo Deliberante, y próximamente se espera llegar a otros barrios. "Esto es una gotita es un océano, pero si no se empieza con algo siempre vamos a estar mirando lo que no tenemos. Pero así hay que empezar, reciclando en nuestro hogar. Sumando gente podemos tener un barrio con puntos verdes porque la gente quiere que no haya botellas volando", agregó Saüer.
Es que la tarea no será sencilla, tal como indicaron al ser consultados Roberto Gauna y Daniel Lozowski, integrantes del Departamento de Extensión y Educación Ambiental de la Subsecretaria de Medio Ambiente, coincidiendo con Fabián Suarez, titular de la cartera.
"Fácil no va a ser porque como todo cambio es difícil, pero somos optimistas. Esto es como el cinturón del seguridad que al principio no lo usas y después es instintivo. Hasta ahora se trabajó mucho tema de obra y legislación, ahora viene el trabajo cara a cara con el vecino", consideró Suárez.
Cree que este será el primer paso del cambio. "A futuro, cuando tengamos la noción real de valoración de la planta podemos fomentar el reciclaje a otra escala. Por lo pronto tenemos que estructurar la cabeza de la comunidad. Hasta que se haga algo, va a ser difícil porque recién cuando vean funcionar la planta le va a caer la ficha a la gente", sentenció.