Mayo Francés: de la revuelta a un giro liberal e individualista

Mientras en este 50 aniversario del Mayo Francés muchos recordarán con romanticismo el encendido discurso de Jean Paul Sartre sobre un auto frente a una fábrica o la noche de las barricadas, el fracaso de ese momento histórico de esperanzas en contra del sistema capitalista, terminó siendo la antesala a un giro global hacia un pensamiento político, económico y social liberal e individualista.

“Prohibido prohibir”, “Seamos realistas, pidamos lo imposible” fueron algunos de los lemas principales que marcaron el discurso revolucionario entre abril y mayo de 1968 en Francia.

Nacido al calor del movimiento hippie, la guerra de Vietnam, los movimientos de descolonización en Africa, entre otros fenómenos históricos, los actores del Mayo Francés tenían el anhelo de derribar el sistema capitalista y el orden hegemónico imperante para poder construir una sociedad más igualitaria.

No obstante, las consignas enunciadas y la lucha política en aquel mayo, lejos de extirpar las lógicas del funcionamiento del capital sentaron las bases para una nueva forma de renovación del mismo.

“Es preciso seguir interrogando sobre el legado del movimiento estudiantil del Mayo Francés”, dijo a Télam el sociólogo y ensayista Horacio González.

“La revuelta estudiantil significó una doble pregunta hacia el momento histórico que se estaba viviendo con la guerra de Vietnam y la de Argelia: Había un primer horizonte sobre la crisis mundial ligada a los movimientos de liberación nacional o antiimperialistas y otro vinculado hacia cuestiones pedagógicas y métodos de enseñanza”, explicó González.

“Ese estado de intranquilidad colectiva se expresó masivamente en las calles, que desafió no solamente al poder político dominante de Charles de Gaulle, sino también a la CGT, pensaba a los estudiantes como el nuevo sujeto histórico”, agregó González.

En tanto, el sociólogo Esteban Dipaola, sostuvo que el Mayo Francés fue “la primera movilización masiva en Europa sin sujeto político, sin sujeto revolucionario”.

“La ausencia de un programa revolucionario en esa protesta es una de las claves de la experiencia de la derrota”, agregó Dipaola en diálogo con Télam, quien aseguró que “el proceso de estetización, la lógica de diseño de la movilización implicaron esta ausencia del sujeto revolucionario”.

En “La Chinoise”, un filme-documental de Jean Luc Godard estrenado en 1967, el director muestra a través de una estética minimalista los interrogantes que circulaban entre un grupo de estudiantes.

Un aire naif sobrevuela en toda la película. Entre libros rojos, charlas maoístas, los jóvenes se cuestionan sobre la legitimidad de la lucha armada encerrados en un departamento de París.

El filósofo francés, Jacques Ranciere, uno de los discípulos de Louis Althusser, quien proponía repensar el marxismo de la época, expone estas ideas en “El espectador emancipado”, un libro publicado en 2010.

Según el autor, los movimientos estudiantiles, en particular el de mayo del 68 en Francia “apuntaban únicamente a la destrucción de las formas de autoridades tradicionales que se oponían a la invasión generalizada de la vida por la ley del capital”.

Para Ranciere, el único efecto de esta movilización “ha sido transformar nuestras sociedades en agregados libres de moléculas desligadas, privadas de toda afiliación, enteramente disponibles para le ley única del mercado”.

El pensamiento de Ranciere es para González “el punto más refinado y escéptico del Mayo Francés”.

Sin embargo, para el sociólogo el escepticismo es más evidente en el destino posterior de los grandes dirigentes de la revuelta estudiantil, como es el caso de Daniel Cohn-Bendit.

“La trayectoria de Cohn-Bendit es muy desilusionante, primero revisó muy fuertemente las premisas del movimiento y después se inclinó por la vida parlamentaria en el grupo ecologista de Alemania, lo que era apenas una de las dimensiones del mayo del 68”.

A 50 años de esas jornadas históricas, Francia asiste nuevamente a un clima convulsionado por las manifestaciones masivas de los trabajadores y estudiantes en contra de las políticas y reformas laborales implementadas por el liberal Emmanuel Macron.

Los analistas descreen en la potencialidad revolucionaria de estas manifestaciones.

Dipaola subrayó: “la experiencia de la derrota del Mayo Francés dejó como legado la evidencia de una ausencia del sujeto revolucionario en las revueltas en la actualidad”.

González, por su parte, manifestó: “No sé cuál será el destino de este tipo de movilización, por que Francia viene de un periodo muy chato desde el punto de vista de la revuelta social y la crítica”.

“Una revolución conjuga un conjunto de dimensiones que la vida cotidiana por su características aparta, es un momento luminoso e irrepetible, la creación de una estructura mítica, los mitos son necesarios pero no duran toda la vida”, concluyó González.

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