“En esta etapa de crisis histórica corresponde el piedrazo en el espejo; habría que abandonar ciertos moldes y dogmas porque también el público espera ver reflejado en el arte su propia inconsistencia”, reflexionó Audivert.
Y su estandarte revolucionario fue, en parte, la obra que Manuel Puig escribió en 1981 durante su exilio en Brasil y que, bajo la dirección de Manuel Iedvabni, propone una comedia negra surcada por la mentira, la confabulación y la ambigüedad.
Enmarcada en la burguesía rural, un matrimonio (Héctor Bidonde y Adriana Aizenberg) espera la llegada de una criada. Pero, en cambio, arriba su hija adoptiva (Paloma Contreras) y luego dos visitantes (María José Gabin y Pompeyo Audivert), que irán sucesivamente componiendo distintos personajes.
Desde entonces, una serie de desórdenes donde madre e hija comienzan a confundirlos a todos con seres del pasado, componen una seguidilla de encuentros donde el vértigo y el ridículo más desopilante se suceden sin solución de aparente continuidad.
“Es distinta a todas las demás obras, que generalmente funcionan más como espejo de la realidad y Puig acá trabaja desde la fractura, la deconstrucción y el extrañamiento de la realidad”, explicó Pompeyo sobre la puesta que se presenta en el teatro La Comedia.
SUBVERSIONES
Y si para comparar hace falta un parámetro, Audivert lleva una treintena de obras en su vasta trayectoria, que incluye puestas como “Esperando a Godot”, de Samuel Beckett; “Hamlet”, de William Shakespeare y “La hija del aire”, de Calderón de la Barca, entre más.
“Se trata de una propuesta profundamente poética porque Puig plantea muchos niveles de significación al mismo tiempo sin que ninguno de ellos termine por definir la realidad. Lo que hace con los fragmentos es establecer una realidad caleidoscópica; es un teatro de subversiones”, continuó el intérprete que dirigió “Antígona Vélez” y “Armando lo Discépolo”.
¿Cómo fue encarar ese proceso desde la actuación?
Fue complicado desembarazarnos de los dispositivos de traducción de sentido al que estamos habituados los actores por las escuelas teatrales; por la fuerza de la costumbre de un tipo de teatro, fue difícil entender que uno no siempre trabaja de esa manera, los personajes no saben muy bien quiénes son. La realidad es teatral en las obras de Puig.
¿Sería una realidad alienada?
Esa realidad no tiene la entidad de las realidades teatrales a las que estamos acostumbrados. Al no haber espejo y no ser subsidiaria de ese tipo de relación de imitación, se vuelve una realidad artística muy curiosa. Todos sentimos una cierta inconsistencia y sospechamos que no somos la identidad que dice nuestro DNI. Y esas sospechas pueden ser reflejadas a través de una fractura en la idea sobre el arte. Hay que pasar a operar poéticamente.
¿Temían que al público le costara comprenderlo?
Al principio teníamos mucha incertidumbre de cómo iba a ser recibida por el espectador. Nos costó dar con las claves de Puig y pensamos que tal vez a la gente no le interesaría del modo que nos interesó a nosotros. Y la gente, sin reírse, porque es una comedia metafísica medio negra, acompaña muy fielmente la maniobra poética, se siente excitada con esos procedimientos de la obra.
La obra fue escrita hacia el fin de la dictadura, ¿Dice algo Puig al respecto a través de los personajes?
La realidad que Puig plantea tiene muchas multiplicidades de signos que nos son familiares. Hay cuestiones de la identidad nacional, de los desaparecidos, de la apropiación y abducción de la identidad.
A mí me remite mucho al tema de la apropiación. Hacer esta obra es muy placentero porque se plantea desde su estructura y construcción como un piedrazo en el espejo.
¿Cómo es ejercer el doble rol de director y actor?
El teatro tiene muchas facetas y es muy placentero ejercerlas. A veces las cuestiones poéticas o las rasgaduras del lenguaje pueden darse en dramaturgias muy clásicas a través de la puesta en escena y/o de la actuación. Los actores son los que pueden sentir la diferencia, los que pueden hacer estallar los signos y revelarlos como máscaras de significaciones más vastas. El teatro hoy tiene que ver con un sistema de agregado; con agregar lo que no está.
- 19 febrero 2013