Roban la caja registradora de una fábrica de pastas

La alarma de "Pasta Linda" se activó cuando destrozaron un vidrio, pero el delincuente menudito se introdujo por la pequeña ventana y se llevó la caja registradora del comercio situado en El Patagónico 904.
El martes a la noche se activó la alarma de la fábrica "Pasta Linda", ubicada en El Patagónico 910. Cuando llegó la policía se encontró en la vereda con algunos papeles tirados, a dos cuadras con una caja registradora.

Un delincuente que hasta el momento no fue identificado ingresó al comercio del barrio Roca por una pequeña ventana luego de destrozarla y se llevó la caja registradora.

"¿Esta caja es de usted señora?", le preguntó la policía de la Seccional Tercera a Lidia la encargada de la fábrica de pastas. La mujer, que no entendía cómo había entrado el ladrón, asintió. Debió buscar la llave y entrar a observar qué era lo que se habían llevado.

El delincuente no había tocado ninguna bolsa de pastas preparadas, solo la caja registradora. No se llevaron comida, sino dinero. La caja fue hallada por la Policía a dos cuadras del lugar, sobre avenida Polonia.

"Impotencia". Con esa palabra Lidia resumió el sentimiento que ayer la embargaba al darse cuenta de que los delincuentes se llevaron más de 7.500 pesos que había en la registradora. Es que el dinero se había acumulado por algunos días ya que ella se había ausentado.

"Yo trabajo 12, 14 horas por día. Te da mucha impotencia. No podemos hacer nada", dijo Lidia. El delincuente no pudo abrir la caja porque aparentemente perdió la llave en la huida. Por eso la destrozó para llevarse el contenido.

Ayer los ánimos en el local no eran los mejores, porque cada robo que sufre Lidia se resiente en la economía de la pequeña empresa. En junio del año pasado ya la habían asaltado. Le pusieron un arma en la cabeza.

Es el cuarto robo que sufren desde que se instalaron en el lugar, el primero en este año. "Me parece que esto se desbordó", opinó la comerciante que renegó de tener que estar enrejada y tener mucho cuidado para abrirle a cualquier cliente.

El comercio dejó de vender alcohol, porque cada vez que los ladrones ingresaban se llevaban todas las bebidas alcohólicas que podían.

"Esto no puede ser. Tenés que fijarte todos los días cuándo salís, cuándo entrás. Cada vez estamos peor. Tenemos las manos atadas", lamentaba la damnificada.

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