Esto es lo que pudo detectar El Patagónico en un kiosko céntrico de Caleta Olivia, evidenciándose que la mayoría de los compradores no tenían experiencia en saborear un “puro”, tal como se denomina a este producto de manufactura especial que en otras circunstancias representaría tener un elevado status social.
No fueron pocos los que en principio se mostraban reticentes a adquirirlos, pero la adicción que genera la nicotina terminaba por convencerlos, sobre todo cuando los kioskeros les informan que si bien las tabacaleras reanudaron la fabricación de cigarrillos, las distribuidoras recién estarían en condiciones de reponerlos a fines de la semana próxima.