Astros alineados en el fin del mundo

Algunos años después de la legendaria fundación de Roma por Rómulo y Remo (753 antes de nuestra era), cuando los monarcas de la joven ciudad se ocupaban aún de los rituales religiosos, el segundo rey de Roma, Numa Pompilio, consideró que sus sucesores tendrían que ocuparse de la guerra y del gobierno de un estado cada vez más complejo; de modo que no estarían en condiciones de pensar en la liturgia.
Con esa idea, Numa Pompilio decidió entregar el cuidado de las ceremonias religiosas a un funcionario o sacerdote que desempeñara exclusivamente esa función religiosa. Después de mucho meditarlo, confirió esa dignidad a los “pontífices”, que eran los encargados de cuidar el puente sobre el río Tíber, una tarea que en aquella época revestía enorme importancia política y militar, además de religiosa. En la palabra pontifex se fusionan pons, pontis, “puente”, y facere, “hacer”, en alusión a su actividad: cuidar el puente. Algunos siglos más tarde, Julio César decidió asumir la dignidad de Pontifex Maximus “sumo pontífice”, “el mayor de los pontífices”, para indicar así su posición de jefe no sólo civil y militar, sino también religioso.

ARGENTINO
Insondables tramas palaciegas, pero más que nada cuestiones de escala, producen la sorprendente designación de un argentino como jefe máximo de la Iglesia Católica Apostólica Romana. Asuntos circunstanciales, y  seguramente originados en una multiplicidad de criterios muy complejos y dentro de los cuales el lugar de procedencia del nuevo Papa, es apenas una anécdota.
No obstante, tampoco es cosa de desilusionar a quien quiera ver en ello un mensaje. Pero si por buscar señales fuera, parece mucho más significativa la de que es el primer jesuita al que se ofrece el papado. Máxime con la desgarradora extirpación que la misma poderosa iglesia de la colonia, hacía de esa progresista orden en el corazón de  de Sudamérica hace tres siglos.
Y, por si fuera poco, nos enredamos ahora en la vana y superficial discusión de si ha sido tan santo el Santo Padre, en medio de tantos gobiernos non-sanctos de nuestro último siglo de Historia. Recreando el estéril debate sobre cuán colaboracionistas hemos sido todos los argentinos que no morimos ni partimos al destierro en tiempos de dictadura.
Da la impresión que es más importante -y, hasta diría emocionante- convivir los próximos años apreciando qué virtudes argentinas pueden servir al concierto espiritual internacional a través de Jorge Bergoglio. Por ejemplo, para una religión mundial en crisis, cuánto ayudan los saberes de un criollo como nosotros, que somos expertos en vivir en permanente agonía. Por ejemplo, demostraremos cuánto tiene esta Argentina de pequeño laboratorio planetario donde -como ningún otro país del mundo-reproducimos la Babel más completa de todo el arco de nacionalidades, con la más baja proporción de descendientes de pueblos originarios.

ASTROS
Los patagónicos, en el fin del fin del mundo, protagonizábamos ya en este comienzo de milenio  una originalidad irrepetible: la de un patagónico por primera vez presidente de la Nación, y aún vivimos al influjo de sus aportes políticos.
Período fértil, audaz, creativo, y -por extenso- controvertido.  Indudablemente, divisor de aguas;  y, desgraciadamente, también en base a prejuicios y pre conceptos que van llevando a las extremas alternativas del todo amor o el todo odio. Tan erróneo como suponer que todo Santo Padre, puede ser santo.
Los comodorenses, por añadidura, transitamos por otra extraordinaria rareza quizá más fácilmente repetible en el futuro: que el gobernador de esta provincia sea de acá. La única anterior experiencia duró apenas dos años, porque los de la pequeña santa sede administrativa autóctona no toleraron fácilmente tanta extranjería.
Es indudable que la felicidad y el progreso de los pueblos no están hechos de los prejuzgamientos ni de las especulaciones y diatribas cotidianas de los contemporáneos de cada proceso institucional. Es fácilmente comprobable en toda Historia -local y universal-  que resultaron en grandes fracasos aquellos liderazgos iniciados con los mejores auspicios tanto como resultaron sorprendentemente positivos periodos nacidos de una unión surgida más que del amor, por el espanto.
En el día a día, mientras las cosas nos están pasando, pese a los fantasmales temores que invaden al alma humana y la tornan escéptica y negativa, lo único que vale es la confianza alerta y una controlada esperanza. Sea para el mundo de lo espiritual, lo terrenal o para lo más cercano.
Lo único que está claro es que en una forma extraordinaria, para estas coordenadas exactas del fin del mundo, los astros se han alineado. Como nunca antes, y como no volverá a ocurrir.
Y sólo la Historia dirá si supimos hacer con una coincidencia tan esotérica, algo provechoso.

Fuente: Daniel Alonso

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