“Honrados ciudadanos y buenos cristianos”, eran una de las tantas frases a través de las cuales Don Bosco en vida educaba a los jóvenes de Valdocco (Italia) cuando comenzó su obra como sacerdote. Primero a través de los “oratorios” (que eran jornadas de esparcimiento y catequesis) y luego a través de darles una salida concreta con un oficio y un proyecto de vida -a través de sus colegios de artes y oficios- que los saque de la situación de marginalidad en la que se encontraban inmersos los italianos a mediados del 1800. En especial cuando la iglesia tenía un perfil más conservador y atendía los aspectos eclesiales más que la necesidades del prójimo.
En ese sentido, Juan Bosco ‘pateó el tablero’ y basó su obra en los jóvenes más pobres, haciendo del Sistema Preventivo una herramienta de acción basada en el amor, la razón y la religión, que no sólo dio sus frutos a una nueva congregación católica (la salesiana) sino que su obra trascendió las fronteras y fueron sus primeros ‘pibes’ de esos barrios populares de Italia que llegaron a la Argentina para evangelizar la Patagonia.
Hoy su esencia de evangelizador, que basó en la figura del “Buen Pastor” (Jn. 10, 1-21), sigue vigente en distintos puntos del mundo, y su premisa de “Honrados ciudadanos y buenos cristianos”, es el objetivo final con el cual se formó el Movimiento Exploradoril Salesiano, el 16 de agosto de 1915 cuando se cumplieron 100 del nacimiento del creador de la Congregación Salesiana.
La puesta en marcha de los Exploradores de Don Bosco estuvo a cargo de los sacerdotes italianos José Vespignani y el argentino Lorenzo Massa, este último con un notable trabajo en los jóvenes de “Los Forzosos de Almagro”. Por eso cuando el club se fundó como tal (y en homenaje a ese cura) paso a llamarse San Lorenzo de Almagro el 1° de abril de 1908.
En el contexto histórico, la Asociación de Scouts de Argentina ya había llegado años antes desde Inglaterra a la Argentina. Y desde 1912 con el nombre de “Asociación Boy Scouts Argentinos” promovía la vida al aire libre en los colegios ingleses con una impronta protestante. Fue así, que la Iglesia Católica copió sus actividades y buscó promover su credo a través de ello.
26 AÑOS CON INSERCION EN LOS BARRIOS
La formación de los grupos (batallones) de exploradores de Don Bosco tuvo amplia recepción en todo el país cuando se iniciaron en la Argentina bajo la presidencia de Victorino de la Plaza (1912-16), en especial se potenciaron en los años posteriores porque el movimiento exploradoril tenía un fuerte perfil militar, muy lejos de la esencia de lo que realmente debería hacer y con la anuencia de los gobiernos militares que gobernaban el país. Incluso se utilizaba la graduación militar para nombrar a los guías en orden de jerarquía.
Sin embargo, con el retorno de la democracia y en especial con aquellos jóvenes que no perdieron el eje de “honrados ciudadanos y buenos cristianos”, se fue gestando en el barrio San Martín (precisamente en el Colegio Juan XXIII, donde vivía el Padre Juan Corti), una nueva propuesta para formar un batallón que dejara de lado la mala imagen de un intento anterior que restó adhesiones en el sector.
Los intentos de los jóvenes no dio frutos los primeros años, la gente se mostraba reticente a enviar a sus hijos. Y los sábados no eran más que una decena los que concurrían al grupo.
Por ello, con la propuesta de rezar un rosario cada sábado a las 16 para encomendar a la Virgen María el éxito de la propuesta (como lo hacía Don Bosco en el comienzo de su obra) los chicos se comenzaron a acercar al colegio, y el batallón comenzó a tomar forma.
De esta manera, el 8 de diciembre de 1988 llegó la oficialización del batallón con el número 71. A la hora de elegir el nombre, el grupo de jóvenes fundadores fueron condescendientes con la persona a la cual le dieron el crédito del éxito: “María Auxiliadora”.
Hoy el Batallón 71 “María Auxiliadora” sigue dando respuesta a los jóvenes más pobres en la capilla de la parroquia del barrio San Cayetano, donde cada sábado de 14 a 18 repite el modelo del ‘oratorio’ de San Juan Bosco, en sintonía con el párroco de turno y el capellán de la comunidad salesiana del Colegio Domingo Savio Padre Joaquín López Pedrosa, quien por Reglamento Nacional es la máxima autoridad y responsable del grupo.
Dicen que las obras que se mantienen en el tiempo son las que tienen validez, el resto forma parte de la nostalgia, en especial porque las problemáticas juveniles siguen siendo una constante en los barrios menos favorecidos.
HACIENDO CAMINO AL ANDAR
Al igual que los comienzos de la obra que emprendió Don Bosco –que ‘migró’ por varios lugares hasta encontrar un lugar fijo donde sentar las bases de su congregación– el batallón 71 transitó situaciones similares en sus 26 años de vida.
En principio, y con los incendios que se sucedieron en el Colegio Juan XXIII, el batallón perdió su espacio bajo techo y pasó a desarrollar sus actividades al aire libre.
Así, durante muchos años el cerro aledaño se ‘instituyó’ de baño natural de los casi cien chicos que se daban cita cada sábado por la tarde a promoverse como personas a través de un bloque dividido en actividades, que luego eran llevadas a la vida real (reflexión) para concluir con un breve pasaje de la biblia (palabra de Dios). Donde el rosario y la merienda cerraban la tarde de quienes encontraban en el batallón un espacio de contención y un segundo hogar a través del espíritu de aventura y al mística exploradoril con toda su simbología.
Por ser objeto de todo lo que acontecía en el colegio –incluso durante la semana– en 2001 el Padre Juan Corti invitó a ‘migrar’ a los exploradores.
Y el “71” tuvo que buscar nuevos rumbos, pasando a funcionar en el patio del Colegio Domingo Savio los domingos (existía por ese entonces el batallón 43, que cerraría luego sus puertas por tercera vez). Pero la necesidad y los destinatarios eran los jóvenes de la zona oeste –en la zona norte funciona el Batallón 29 en el Colegio Deán Funes– por ello buscó colegios públicos cercanos para reunirse. De esta manera, funcionó un año en la escuela primaria 34 de barrio La Floresta, hasta que la explosión de la escuela 731 de barrio Pietrobelli (por acumulación de gases) obligó al Ministerio de Educación a revisar todas las redes de gas. Y el batallón se quedó sin lugar de encuentro.
El patio de la escuela diocesana Ceferino Namuncurá sería otro de los lugares donde con carpa y ollas, el batallón se trasladaba cada sábado a realizar sus actividades.
Pero como reza el refrán “hay de todo en la vida del señor”, cuando el párroco colombiano Wilson Arango fue cambiado de lugar, el nuevo párroco a cargo no entendió que un grupo salesiano funcione en un lugar diocesano.
Y los exploradores fueron ‘invitados’ a buscar un nuevo espacio, dejando de manifiesto que la miseria también existe entre quienes eligen la vida sacerdotal para proclamar las enseñanzas del hijo de Dios.