Carolina Albarracín es enfermera en el Hospital Rural Roberto Gandini de José de San Martín. Denunció que un paciente abusó de ella. La Justicia actuó en forma inmediata y le dictó al sospechoso prohibición de acercamiento por 30 días.
“Es la primera vez que me pasa algo tan fuerte”, dijo la mujer en una entrevista con Jornada Radio, al reconstruir una situación que ocurrió mientras cumplía su turno en soledad, en un entorno que, según describe, es habitual en ese centro de salud: guardias con poco personal y sin medidas de seguridad suficientes.
Todo comenzó con un paciente que asistía diariamente para curaciones. “Era un paciente que iba a curarse todos los días. Llegó un momento en el que salgo de la oficina de enfermería y él empezó a decirme cosas respecto a mi físico”, contó. En un primer momento, Albarracín no logró escuchar con claridad lo que el hombre decía, por lo que decidió acercarse para preguntarle.
La escena escaló rápidamente. “Me dice cosas fuera de lugar, y fue ahí donde me apretó el glúteo y me tocó de una manera que al momento no me puedo olvidar”, relató. El hombre, además, intentó llevarla hacia otro sector del hospital: “Me decía ‘vení, vamos para allá’, refiriéndose a la sala de curaciones, que es un punto ciego. Ahí nadie iba a ver nada”.
Ella continuó: “Nunca lo empujé ni le pegué; me quedé como en shock. Le dije que teníamos cámaras y que iba a llamar a la policía. Él insistía, pero volví a repetirle que no y me metí en la oficina. Ahí se fue”.
El contexto en el que ocurrió el hecho fue determinante. “En ese momento estaba trabajando sola. Mi compañero médico se había ido porque hace guardias pasivas y mi compañera había salido por un pedido de ambulancia. Hay momentos en enfermería en los que quedamos totalmente solos”, explicó.
Esa falta de acompañamiento no es excepcional. “Somos pocos y a veces toca hacer hasta 12 horas de guardia solos. A partir de las 10 de la noche ya estamos completamente solos en enfermería”, indicó. Entonces, las únicas herramientas de resguardo son las cámaras de seguridad y el teléfono celular.
Sin embargo, esta vez incluso esos recursos fallaron: “Después me enteré que las cámaras se habían quemado por un corte de luz. O sea, estamos sin nada”.
Tras el episodio, Albarracín se comunicó con su jefa y luego realizó la denuncia. “Llamé a la policía, llegaron rápido y me indicaron que tenía que ir a la comisaría de la mujer. Esa misma noche ya tenía una restricción de acercamiento por 30 días”, detalló.
También destacó el acompañamiento institucional: “Las chicas de la comisaría me atendieron muy bien y se quedaron trabajando para tomar una medida”.
El impacto emocional fue inmediato. “No podía dejar de llorar, temblaba. Al día siguiente, antes de ir a trabajar, me agarró ansiedad. Sentí una desesperación muy fuerte”, describió. La situación incluso modificó su vida cotidiana: “Pensé dos veces en salir a comprar. Es un pueblo chico, y ese miedo queda”.
El agresor, según cuenta, negó lo sucedido. Sin embargo, Albarracín sostiene que no hay dudas sobre su identidad. “Lo veníamos atendiendo hace un mes. Sabemos quién es. Ese mismo día volvió al hospital para curarse con otra compañera”.
VIOLENCIA HACIA EL PERSONAL DE SALUD
La enfermera también puso el foco en un problema más amplio: la violencia hacia el personal de salud. “Muchas veces vienen pacientes alcoholizados y faltan el respeto. Siempre estamos llamando a la policía para que los retiren”, afirma. Y agregó: “Ellos tienen respeto a la policía, pero a nosotros no”.
En ese sentido, reclamó a las autoridades medidas concretas. “Habíamos sugerido que haya alguien en portería o seguridad. No podemos quedarnos con que ‘nunca pasa’. Cuando pasa, estamos solos”, insiste. Para Albarracín, garantizar condiciones seguras es clave para la atención: “Nosotros ofrecemos un trato con calidad humana, pero para eso también necesitamos seguridad”.
La decisión de hacer público el caso no fue inmediata. “Al principio pensé en no decir nada; que quede en la denuncia. Pero después dije: no soy la única que pasa estas cosas; esto no tiene por qué estar pasando”.
Oriunda de Chaco y radicada desde hace dos años en José de San Martín, Albarracín consideró el hecho como un quiebre personal. “Para mí fue un shock”, resumió.
Con el caso ya en manos de la justicia, el reclamo sigue vigente dentro del hospital. “Vamos a seguir peleando para que enfermería tenga resguardo, no solo por estas situaciones, sino también por las agresiones verbales que sufrimos”, concluyó.