Fabián Marconi, el estilista que innovó con marca propia la peluquería en la Patagonia

De adolescente fue instructor de minibásquet en el club Huergo y ya adulto se sumó como ayudante de peluquería de Ricardo Tijeras. Se fue a estudiar Profesorado de Educación Física a Mar del Plata y a partir de entonces nada sería igual. Volvió a la capital petrolera en los años 90 y en "Chicano" revolucionó con su personalidad la noche comodorense para ser el personaje de las tijeras de esta ciudad.

por Angel Romero

a.romero@elpatagonico.net

Cae la noche en la ciudad y con el corte de luz repentino se hace más profunda la oscuridad. Sin embargo, en la peluquería de avenida Córdoba y Entre Ríos (en pleno límite entre los barrios 9 de Julio y Jorge Newbery) ninguna de las doce personas con capas fluor se mueve. Todos esperan que vuelva la luz, o confían en alguna solución de parte del dueño del comercio.

El estilista Fabián Marconi no pierde la calma ni el glamour. Más de 27 años en el rubro lo sitúan como una marca registrada. Y el hecho de que las personas lo sigan desde el centro (donde ejerció en su local por más de 20 años) a uno de los barrios más populares, habla de lealtad entre estilista y cliente.

El asegura que no obliga a nadie a tener un contrato de exclusividad de sus cabellos con él. Cada uno puede ir y venir las veces que quiera. Marconi se identifica como estilista, y no va a tener ningún prurito a la hora de decirle en la cara a alguien si ese corte que pide no va con su rostro. Y cada uno va a tener la decisión de darle un voto de confianza.

DE INSTRUCTOR A “LA FELIZ”

“Néstor Fabián. Ese es mi nombre que cierto aire de tango guarda”, declara el estilista a El Patagónico, “y de apellido Rey” completará la respuesta. Y en toda la entrevista evitará dar años con certezas para que no le saquen la edad. “Lo tuyo es averiguar mi vida como peluquero, no cuántos años tengo”, desliza desafiante.

A los 16 años, Néstor Fabián se desempeñaba como instructor de minibásquet en el club Huergo, mientras estudiaba el profesorado de educación física, lo cual parecía marcar su vocación. Fue para sumar unos pesos más que comenzó como ayudante de peluquería de otro reconocido colega.

“Ricardo Tijeras, el original (no del que luego se colgaron todos), fue quien me enseñó este oficio en su local céntrico que tenía en la calle 9 de Julio 920. Para ese entonces el hombre iba a la peluquería de hombres y las mujeres a las peluquerías femeninas”, remarca.

Fue en ese espacio, y en una servilleta, que Néstor Fabián escribió “Marconi”. Ya el personaje comenzaba a aflorar.

Con título secundario en mano, se fue a estudiar el Profesorado de Educación Física en Mar del Plata. Pero una vez allí comenzaría de ayudante de peluquería en una cadena de locales de Flavio Orzini. Y conocería la movida de “La Feliz”. Ya nada volvería a ser igual.

“Éramos un staff de 20 peluqueros. Y cada cierre de temporada nos daba un mes de vacaciones y nos rotaban en locales de otros lados del país como Las Leñas o Capital Federal. Ahí comencé a trabajar en forma intensiva. Y cada vez que venía a Comodoro veía que todo seguía igual que antes”, describe.

ESCENA DE VANGUARDIA

Principios de los años ’90. “Pablo y Pachu” (personajes de Marcelo Tinelli) vienen a animar la elección de la “Reina del Sur” en Chicano, donde chicas de toda la región asisten al boliche céntrico con la ilusión de ser soberanas.

“Como eran pocos los peluqueros que peinaban mujeres y estaba de vacaciones en mi ciudad, me convocó Claudio Matulich para peinar a las chicas. Y a mí que venía de hacer teatro y muchas cosas en Mar del Plata, se me ocurrió hacer algo distinto al clásico desfile dónde en la primera pasada las chicas salían en bikini”, comenta.

Con papel crepé flúo, Marconi les armó minifaldas y top a las chicas. Hizo los peinados, los envolvió con papel aluminio y los pintó. Apostó a la luz negra de fondo. Entonces cuando comenzó el desfile, ya se empezó a hablar de Fabián Marconi.

“En la primera pasada, las chicas lo hacían como las había ‘lockeado’. Y ya en la segunda, salía a escena yo; les rompía el papel crepe; les sacaba el aluminio de la cabeza y las comenzaba a peinar en la pasarela”, recuerda.

A partir de allí, Fabián Marconi se radicaría de nuevo en la ciudad que lo vio crecer. El público de esa noche no lo conocía y pensaba que venía con parte del staff de Buenos Aires. Se comenzó a correr la voz; todos querían saber dónde atendía.

“Empecé en el centro, en un pasillo céntrico cercano a donde está hoy Movistar. Puse un cartel en la calle y atendía en mi living. De cero comencé, siempre en el centro. Luego me mudé a media cuadra y luego a calle Rivadavia dónde estuve más de 20 años hasta que se me hizo imposible sostener el alquiler. Ahí volví al barrio, a la casa de mi vieja. Y que la gente me siga hasta acá es el mayor regalo que me pueden dar”, reconoce.

En su local actual repitió lo mismo que en el histórico de avenida Rivadavia. Una vidriera dónde monta su propio show que va más allá del corte de pelo porque también responde a una estética que se adapta a la moda y a las tendencias del momento.

“Esto que ves, que ven, es un personaje que yo armó. Mi local es mi escenario. Y me encanta que la gente pase y vea, ya sea desde la vereda, hasta aquel que se anima a entrar. Yo soy mi trabajo. No hablo de los demás peluqueros; me preocupo de mí y de mi marca. Luego la gente tiene la libertad de elegirme. Les corté el pelo a tres generaciones. No pienso parar; por eso preparo mi vuelta al centro, a un local más chico para trabajar para vivir, no para sólo pagar un alquiler. Este soy yo… el ‘Fabián Marconi’ que todos conocen o piensan que conocen. El verdadero Fabián me lo reservo. Nunca hay que olvidarse que el éxito no se perdona y por eso no siempre hay que contar todo”, concluye.

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