La guía de los perversos: ¿cómo actúan los curas pedófilos?

La Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico de Argentina elaboró una guía con 8 puntos comunes en la forma de actuar y someter a niños y adolescentes, a partir del relato de más de un centenar de víctimas.

Este lunes 5 de agosto comenzó el juicio contra los sacerdotes católicos acusados de abusar sexualmente de alumnos hipoacúsicos del Instituto Antonio Próvolo para niños sordos y con problemas de audición de la localidad de Luján de Cuyo, en Mendoza.

En las vísperas del proceso, la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesiástico de Argentina compartió el protocolo de actuación para las víctimas de estos ataques.

LA GUIA

  • Utilizan una fina manipulación emocional, cosificando, humillando, aislando a las víctimas de su entorno afectivo ya sea familia, amigos, compañeros, novios.
  • En muchos de los relatos, las víctimas han "pedido ayuda" hablando con algún/a integrante de la parroquia, congregación, etc. mayoritariamente psicólogos, confesores u autoridades como obispos. Casi todos coinciden en que las devoluciones que les hacían afirmaban "que estaban atravesando una crisis de fe o de vocación". Por lo tanto los mandaban a rezar, a hacer retiros, o a aislarse. De este modo aparece otra vez el castigo, el no creerles, el acallarlos, el desdecirlos, el confundirlos, produciendo cada vez más daño psicológico.
  • Los abusadores eligen a sus víctimas, ejercen un poder irrestricto, son conscientes de lo que hacen, lo planifican. Por todo esto, “no son enfermos”. Verbalizan ese poder diciéndoles a sus víctimas que son seres privilegiados al contar con su atención. Les hacen creer que la religiosa o el religioso es su amigo, padre, madre, mentor/a o referente. Para ello detectan su vulnerabilidad emocional, social, familiar, física u otras que tienen esos niños o jóvenes, volviéndolos más frágiles aún. De este modo hacen completamente efectivo el ejercicio de todo su poder, que en esa circunstancia es un poder absoluto. "Te elijo - te desecho - te traigo regalos - no existís." Esta es una mecánica de premio/castigo. Otra forma de poder absoluto es instalar prácticas abusivas como normas institucionales naturalizadas que pueden llegar a la mortificación y el castigo corporal.
  • En la mayoría de los casos los abusadores sostienen que la víctima los provocó o dio su consentimiento. Siempre, la relación entre abusador y víctima es una relación asimétrica de poder, en la que nunca puede existir consentimiento alguno, ya que se está bajo manipulación, coacción e incluso reducción a la servidumbre. Estas llegan a anular el discernimiento y la voluntad. Bajo una disciplina férrea de sumisión y miedo, "...es Dios quien habla a través del Superior, por ende quien obedece no se equivoca. Es imposible decirle no a Dios." En síntesis, hablamos de tortura física y psicológica.
  • Logran arrasar la subjetividad, el cuerpo y la sexualidad, de los hoy sobrevivientes bajo el secreto de confesión, que es una herramienta utilizada para obtener información estratégica que contribuye al mantenimiento del sistema perverso.
  • Refieren la estafa a la confianza de familias enteras, a las que los abusadores han humillado en muchísimas situaciones al compartir con ellas su intimidad, sus mesas y sus fiestas familiares mientras que en simultáneo abusaban de sus niños y sus adolescentes. Estas situaciones impiden a los sobrevivientes hablar porque se instala el ¿quién me va a creer?" o el "van a pensar que tuve la culpa".
  • Es importante tener en cuenta que cuando se ha estado sometido a ese poder, el mismo sigue vigente en la persona victimizada aunque no vea a su abusador durante mucho tiempo. Esto causa efectos tales como adicciones, trastornos alimentarios, trastornos del sueño, depresión, suicidios e intentos de suicidio entre otros.
  • La persona victimizada puede haber escrito cartas a su abusador por estar en ese contexto descripto en los puntos anteriores. Esas cartas hasta pueden tener un tono cariñoso, justamente por estar la víctima sometida a una manipulación que es muy difícil de ver o advertir cuando está sucediendo, ya que en la mayoría de los casos la violencia física no está presente.

Fuente:

Notas Relacionadas

Dejá tu comentario


Las Más Leídas del Patagónico