La “ley seca” llega para todos los que manejan

 Al otorgarle dictamen favorable, el miércoles un plenario de comisiones del Senado habilitó que el Congreso discuta una iniciativa que ya genera debate en la sociedad. Se trata de un proyecto del Poder Ejecutivo para modificar algunos artículos de la Ley Nacional de Tránsito. Lo más relevante es que se propone la adopción del criterio de “tolerancia cero” en los exámenes de alcoholemia para los conductores de vehículos particulares, una normativa que en la actualidad sólo rige para quienes están habilitados como choferes profesionales.

Si el proyecto recibe media sanción en el Senado y su aprobación se ratifica en Diputados, comenzará a implementarse en los controles que la Agencia Nacional de Seguridad Vial y fuerzas federales como Gendarmería efectúan en las rutas. No obstante, el Gobierno también espera que se instrumente en los municipios adheridos a la Ley Nacional de Tránsito, entre ellos Comodoro Rivadavia y Rada Tilly.

Hoy en día la máxima graduación tolerada en los exámenes para conductores particulares es de 0,5 gramos de alcohol por litro de sangre. En cambio, es de “cero” en el caso de aquellos que poseen habilitación profesional. Esta incluye a quienes trasladan pasajeros en forma pública o privada –colectivos urbanos y de media, corta o larga distancia; transportes escolares y de personal; taxis y remises, entre otros- así como a los choferes de transporte de carga.

A partir de la unificación de criterios -al llevar a 0,0 la graduación alcohólica tolerada para los conductores particulares- el Ministerio de Transporte apunta a reducir los índices de accidentes.

De paso la medida terminará con una paradoja.

Es contradictorio que se le exija abstinencia a un conductor profesional y que sí se le permita beber a uno particular. El riesgo que uno y otro pueden generar en las calles y rutas bajo el influjo del alcohol es el mismo. No hay diferencia si se traslada pasajeros, o si se viaja con familiares o amigos. Ello sin contar el peligro que alguien ebrio al volante genera no sólo para él y para quienes lo acompañan, sino para los peatones o los ocupantes de otros vehículos.

Al exponer el proyecto en el plenario de comisiones, el ministro de Transporte, Florencio Randazzo, argumentó que hay cuatro “causas humanas” que explican el 90 por ciento de los accidentes de tránsito: el exceso de velocidad; circular sin cinturón de seguridad -o del casco en el caso de las motos-; la conducción de vehículos con deficiencias mecánicas y en especial la presencia de alcohol en sangre.

Dimensionó que en el país los siniestros viales ocupan el tercer lugar entre los motivos de ingreso por guardia en hospitales y que el 23% de los pacientes internados por ese motivo se vinculan en forma directa con el consumo de alcohol.

“Con esta modificación a la Ley de Tránsito reduciendo de 0,5 a 0,0 la tolerancia en la alcoholemia queremos que el que toma alcohol no pueda manejar. Las personas no responden necesariamente de igual manera ante la misma bebida e inclusive ante la misma dosis ingerida. Está comprobado que la mínima ingesta triplica el riesgo de sufrir un siniestro vial”, fundamentó.

El 0,5 de graduación vigente no es un parámetro que se haya establecido en forma arbitraria. Se basa en una recomendación de la Organización Mundial de la Salud que a partir de estudios desarrollados sugiere que el nivel máximo tolerado de consumo no debe exceder los 0,5 gramos de alcohol por litro de sangre.

Además de la Argentina, ese nivel de 0,5 ha sido adoptado por la mayoría de las naciones europeas mientras que en Estados Unidos y Canadá es de 0,8 aunque en ambos países cada estado tiene potestades para modificar dicha graduación, explica un informe del Observatorio Vial Latinoamericano.

Entre las naciones que fijaron la “tolerancia cero” como criterio se encuentran Brasil, Chile y Colombia en América Latina. A nivel mundial sobresale Japón donde incluso los ciclistas están sometidos a los mismos controles y penas que los automovilistas.

Además de elevadas sanciones en materia económica, en algunos de esos países el infractor es pasible de quedar inhabilitado de por vida para conducir si comete reincidencias o si se ve involucrado en accidentes con resultado de muerte.

En nuestro país la política de “alcohol cero al volante” empezó a cobrar visibilidad en la opinión pública hace unos años. Fue a partir de una serie de accidentes con víctimas fatales que tuvieron una amplia repercusión mediática.Los conductores que protagonizaron esos siniestros presentaban niveles de alcohol en sangre que triplicaban o cuadruplicaban los límites establecidos por la ley.

Sin embargo, llevar la tolerancia a 0,0 no será suficiente si como política de disuasión no es acompañada por un endurecimiento de las sanciones, pero sobre todo de la ampliación de los controles.

Es que a toda hora y en cualquier lugar hay alguien dispuesto a transgredir las normas, convencido de que pasará desapercibido, sin medir el riesgo para él y mucho menos el daño que puede provocarle a otros.

A la espera de que algún día pueda aplicarse el scoring como complemento de la ya vigente licencia nacional de conducir y del registro de antecedentes viales, en Comodoro Rivadavia ni las multas de 20 mil pesos o el traslado del vehículo del infractor al corralón han podido amedrentar a aquellos que están convencidos de que pueden burlar los operativos.

Cada semana alrededor de una decena son sorprendidos manejando borrachos, pese a que salvo excepciones, los controles de alcoholemia sólo se realizan sábados, domingos o feriados y casi siempre de madrugada. Así queda la duda de cuántos otros logran hacerle trampa a la ley.

Fuente: Víctor Latorre

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