La Saladita crece sin control como signo de la crisis y hay peleas por los puestos

El paseo comercial informal del barrio Quirno Costa registra en los últimos meses un crecimiento voluminoso en cantidad de puestos, levantados en la mayoría de los casos por personas que se han quedado sin trabajo y que buscan generar a través de la venta de alimentos, ropa u otros productos un ingreso para sus hogares. El sector ya empieza a quedar pequeño para los cientos de puesteros. Peleas por los lugares más estratégicos son una constante. También preocupa el crecimiento de los robos en el lugar a puesteros y clientes.

Analía Carrizo cumple una rutina todos los fines de semanas. Levantarse a las 8 para dejar limpia su casa de la zona alta del San Cayetano y para luego partir hacia “La Saladita”. Son cerca de 10 cuadras que debe caminar Analía para llegar al paseo informal del Quirno Costa. “Mi marido hace changas y con lo que gana no nos alcanza para comer y pagar las cuentas. Yo hace dos años comencé a venir acá. Te cansa venir con los bolsos, perderse un cumpleaños o no estar con los chicos, pero no queda otra”, se resigna una de las cientos de feriantes que todos los fines de semana se instalan en ese lugar.

Pero llevar dos años en el lugar no le asegura tener un puesto fijo en la feria. “En el último año ha crecido mucha la cantidad de gente que anda por acá. Todos los fines de semana ves gente diferente. Una trata de venir siempre temprano para tener su lugarcito y no tener que andar peleando porque esto es un caos”, grafica Analía.

Es que según comentaron a El Patagónico diferentes puesteros, La Saladita ha comenzado a tener un crecimiento incontrolable en los últimos meses y cada vez son más las personas que llegan al Quirno Costa para montar un puesto.

“Acá antes se respetaban los espacios. Uno venía y sabía que se podía poner ‘al lado de tal’ y no iba a ver problemas para nada. Pero ahora ‘los viejos’ andan sacados. Se pelean porque le tocaste la ropa o porque uno se puso en el lugar que otro ocupó un día antes. Acá la gente se empieza a pelear por un puesto, cosa que antes no pasaba”, lamenta Marcos, quien se dedica a la venta de música y películas.

“Todos venimos por lo mismo: conseguir ‘el mango’. No venimos a otra cosa. Somos todos laburantes que nos la rebuscamos para llevar un plato de comida a casa. Quizás por eso la gente se pelea por un puesto o viene nerviosa porque ve que cada vez somos más y las ganancias cada vez son mínimas”, contrasta.

Las peleas comienzan a preocupar a los puesteros más antiguos porque sostienen que pese a que no son constantes, generan un clima de tensión y miedo en el sector, lo que también aleja a los clientes. “Antes vos venías, te comprabas un buzo o una película, te comías un choripán y te ibas. Ahora hay tanta gente que casi no se puede caminar y las peleas comienzan a ser cada vez más frecuentes. Obviamente no se agarran a piñas por un pedazo de tierra, pero los viejos discuten y se amenazan. Eso hace que mucha gente se vaya rápido o directamente no venga”, manifiesta Marcos.

ARREBATOS Y MECHERAS

Uno de los peligros que se afronta en “La Saladita es la inseguridad. El número de efectivos policiales es insuficiente para controlar la gran cantidad de personas que llega al sector. Es por eso que los robos han comenzado a crecer casi al ritmo de crecimiento de los puestos. “Vos tenés que tener cuidado porque cuando salís a tomar el colectivo te pueden seguir y te roban. A varias personas le ha pasado que muestran el (teléfono) celular y cuando se van de acá se lo roban”, alertó Alejandro Bustamante, quien tiene un puesto de ropa.

“Hay mucha gente mala que solo viene robar. Eso deja muy mal a ‘La Salada’. Nadie quiere que pase eso, pero la policía no puede hacer más de lo que hace. Cada vez somos más y si no nos cuidamos entre nosotros, estamos al horno”, advierte.

Los feriantes coinciden en que “las mecheras” también son una amenaza en el paseo informal del Quirno Costa. “Siempre estuvieron, pero ahora se aprovechan que hay más gente. Lo peor es que no les importa nada. Acá hay gente que costura pantalones y los viene a vender e igual le roban. O se aprovechan y le sacan cosas a una señora que está dándole la teta a su bebé. Eso es no tener corazón”, lamenta Alejandro.

Como lo describen los propios feriantes, “La Saladita” continúa creciendo un ritmo incontrolable que preocupa a vecinos y a puesteros porque se deben enfrentar a problemas que no estaban acostumbrados.

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