Leandro Esperón, un luchador nato que conoce de desafíos

Por su trabajo, estuvo en la primera línea de lucha contra el Covid 19 y ahora se prepara para participar en el Mundial de taekwondo de Amsterdam. Casi sin descanso, no baja la guardia y redobla la apuesta.

Leandro Esperón será uno de los representantes comodorenses en una cita ecuménica soñada, junto a Hugo Reinoso y su instructor Sergio Oyarzo, con quienes mantiene una relación de amistad desde hace varios años, más allá del vínculo deportivo.

Entre el 26 de julio y el 1 de agosto, competirán en Amsterdam, Países Bajos, en el Mundial de Taekwondo ITF integrando la categoría 64 Kg Senior (más de 36 años), lo que conlleva una preparación acorde a tamaño desafío.

Para Esperón, ponerse a punto al cien por ciento significa triplicar esfuerzos, ya que viene superando una lesión en el hombro derecho y, entre sus trabajos como conductor de ambulancia, esteticista y profesor de TKD, intenta mantener a pleno sus entrenamientos.

“Voy entrenando a medida que me lo permite el laburo. Aparte de dar clases y de conducir un vehículo de emergencias, soy esteticista. Estoy dando todo, dentro de lo que me permite el hombro”, le comentó a El Patagónico.

En ese sentido, afirmó: “es un esfuerzo grande poder entrenar en mi tiempo libre, porque mi familia prácticamente no me ve. Mi pareja me aguanta todo lo que puede. Pobre Laurita y los chicos, me aguantan en todo”.

Leandro se lesionó en el segundo selectivo para el Mundial, peleando ante el tricampeón Ariel Ibarra, a quien venció en el tercer selectivo con su lesión a cuestas y casi sin entrenamiento.

“Estaba muy entusiasmado de pelear con él porque me había ganado las dos veces anteriores. Era algo que tenía que aprender a resolver y, con la ayuda de mi coach (Sergio Oyarzo), pude ganarle”, remarcó.

LA FAMILIA TAA

El taekwondo y Oyarzo significan mucho en la vida de Esperón. “Nosotros nos denominamos como ‘la familia TAA’, Taekwondo Asociación Austral. Es inexplicable. El que está adentro lo logra entender”, aseguró.

En su niñez, Leandro practicó TKD pero se alejó del deporte, hasta que con el tiempo y después de varios “amagues”, decidió volver tras una consulta médica. “Me dijeron que estaba un poquito pasado de peso y que mi cuerpo me estaba exigiendo realizar algún deporte”, recordó.

Acá entra en escena su instructor. “A Sergio Oyarzo lo veía todo el tiempo, nos cruzábamos siempre y le decía que tenía que ir a entrenar. ‘Siempre me decís lo mismo y nunca vas’, me decía. Esto es cuando yo tenía entre 16 y 18 años”, rememoró Esperón, que hoy tiene 39 años.

“Cuando cumplí los veintitantos, cerca de 2008, Sergio, que vivía al lado de mi casa, llega de un viaje y le digo ‘tengo que ir’. Y me dice ‘te espero, a las 9 empieza la clase’. Entro a casa y digo ‘voy a ir’. Me cambié y fui, y acá estoy”, resumió.

UN CAMBIO DRASTICO

A la distancia, admite que experimentó un cambio en todo sentido, lo que le permite sobrellevar con calma situaciones laborales que, por lo general, tienen mucha carga emocional. “Me cambió absolutamente todo, no solo en el entrenamiento, sino también psicológicamente”, recalcó.

Al respecto, señaló: “en mi trabajo, donde tengo que conducir vehículos de emergencia y urgencia, me toca vivir el estrés de inmovilizar a un paciente, de entrar en algún ambiente peligroso, de que atrás estén realizando maniobras de RCP. A la vez, te apura el tiempo del paciente, te apuran tus compañeros y te frena el tránsito y la condición de las calles. A nivel estrés, estás entre la espada y la pared”.

“En el taekwondo también te genera un nivel estresante. Entonces, el manejo del autocontrol, saber qué hacer y tomar las cosas con calma en ese momento, se lo debo al taekwondo, cien por ciento. Tener la habilidad de controlarme en situaciones extremas, nació ahí”, resaltó.

DE HEROES A VILLANOS

Si de situaciones extremas se trata, lo que vivieron los trabajadores de la salud en pandemia es un claro ejemplo. Cada caso es único, y en lo que respecta a Leandro es digno de destacar.

En tiempos donde la comunicación virtual marcaba mucho de la vida diaria, Esperón se las arreglaba para grabarles videos a sus alumnos más chicos cuando tenía un tiempo en el trabajo.

“Para hacer un video, necesitás un lugar relativamente abierto, donde poder poner el dispositivo y tomar distancia del mismo para que la cámara te tome de cuerpo completo. He grabado en el consultorio odontológico de mi papá; otras veces grababa en el mismo hospital, donde me ayudaban los enfermeros y médicos del 107. Dentro de lo que era el laburo, nos servía para despejar un poco la cabeza de todo el caos”, reconoció.

“Muchas veces, empezaba a grabar y había una salida. A sacarse el dobok (uniforme de taekwondo), a ponerse el uniforme del hospital, el equipo y salir a hacer la asistencia o el traslado”, evocó.

Hoy, lamenta que muchos se hayan olvidado del esfuerzo que hizo el personal de la salud en momentos caóticos. “Después de que se terminó la pandemia se olvidaron de nosotros. De ser héroes, hoy nos salen acribillar en los medios por las supuestas llegadas tarde de las ambulancias. Hacés una salida y cuando llegás te dicen ‘¡eh, loco, siempre tarde ustedes!’, y muchos del servicio quedan dolidos con eso”, enfatizó.

De todas maneras, sabe que su trabajo no le permite bajar los brazos y que, por su naturaleza, tampoco se le pasa por la cabeza esa posibilidad, mientras sigue alimentando su sueño mundialista sobre la base de sacrificio y pasión.

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