Martín Sansot: “cuando el rugby entra en rivalidades personales, el juego pierde valor”

La falta de rugbiers en Primera división, el deseo de “ajustar cuentas” y la falta de capacitación de los entrenadores, ponen al deporte “en un sistema perverso, donde el compromiso depende de cada uno, dado que sin esfuerzo el jugador igual tiene asegurada su participación”, sentencia.

El currículum de Martín Sansot (59 años) es destacado: fue fullback de Los Pumas por nueve años (compartió plantel con Hugo Porta), jugó hasta los 30 años y tiene un largo recorrido como coach deportivo en los principales clubes de Buenos Aires.

Sin embargo, cuando más se entusiasma es cuando se refiere a Pueyrredón, pequeño club donde se formó y donde nunca salió campeón, pero aprendió la esencia del deporte. Por eso no entiende el cambio de camisetas en la actualidad, desde su trabajo en Calafate RC.

“Yo ‘aprendí’ el rugby a los 40 años, cuando dejé de jugar y me puse a estudiar. Antes, en mi etapa como jugador, sabía lo que yo en forma individual tenía que hacer, pero para dirigir tenés que atender al conjunto, y eso en el rugby ya es mucho”, sostiene.

En esa sintonía, y con un año de trabajo en la capital petrolera (define su continuidad en estos días) Sansot habló de la realidad local del deporte.

“No entiendo el cambio de colores, yo jugué toda la vida en el mismo club, porque en definitiva jugabas con amigos. Lo de la Selección era por temporadas, por eso es distinto el vínculo”, comparó.

“Pero ahora se ve mucho cómo ‘sentar de culo’ a tal rival, se ‘buscan’ por las redes sociales. Entonces, cuando el rugby entra en rivalidades personales, el juego en sí mismo pierde valor. Además, la etapa de ‘los machos’ se terminó cuando se inventó la pólvora”, sostuvo a modo de ejemplo.

La falta de jugadores en Primera división (y en las demás categorías) también conspira contra el espíritu de superación.

“Yo me formé en un colegio inglés, donde no había mucha apertura, y en donde los clubes contaban (y cuentan) con 120 jugadores peleando por ser de la Primera. Entonces uno se mataba para llegar. Pero acá me pasa que a entrenar vienen 10 o 12 jugadores, y al resto no le podés decir nada porque los necesitás el sábado. En mi caso, cuando me tocó estar con Los Pumas, sabía que si me relajaba me borraban de un plumazo”, recalcó.

En ese plano, Sansot apuntó que el compromiso pasa por cada uno, pero la realidad no lo alienta.

“En Calafate, los chicos hicieron el esfuerzo para clasificar al Patagónico, y resulta que a la hora de ir a jugar un reducido, se borraron casi todos. Y tuvimos que completar con dos chicos de la M18. Entonces, ¿dónde está tu compromiso? ¿A mí de qué me sirve que tenga un jugador o club que diga ‘gané aquello o esto’, si no se compromete?”, disparó.

“Además, lo importante de un club es la Primera división, porque que ganen los juveniles es bueno como aliento, pero el desafío de verdad se da en la Primera. Entonces no se puede motivar a los chicos, porque el equipo principal no es imagen de compromiso. A modo de ejemplo, yo el día del partido no doy indicaciones. Esto es como dar clases. Vos das clases martes y jueves, y el sábado es día de examen. Ahí cada uno rinde”, aseguró.

DE “GUAPOS”

Y “MAESTROS”

Los entrenadores fue otra de los temas que abordó el “15”, como una de las patas en la formación de los jugadores.

“La realidad de esta zona nos encuentra con un montón de falencias, porque nos encontramos muy lejos del tercer escalón de competencia de rugby: la idiosincrasia, el petróleo, el clima, no te ayudan al desarrollo. Y a eso sumale que los entrenadores saben poco, tienen poco vocabulario. Porque las destrezas individuales no existen, y si las hay, son muy pocas. Pero no porque los chicos no las tengan, sino porque se sabe poco y se enseña menos”, sentenció.

En ese sentido, define al rugby como un juego en conjunto, que va más allá del resultado. “Hoy, los jugadores profesionales no sólo saben del juego, sino también de alimentación, de cuidados, de lesiones. Y pasa que los chicos ven a los jugadores en la ‘tele’ y quieren eso, pero se encuentran con entrenadores limitados”, enfatizó.

“Entonces, antes de pretender mucho, hay que enseñar el ABC del rugby, porque queremos enseñar mucho y no sabemos transmitir lo simple, saben bien muy pocas cosas. Por ejemplo: saben pasar por la derecha, sí, pero no saben por la izquierda”, recalcó.

El comportamiento también fue parte de la entrevista. “Los chicos a partir de los

16 a 18 años, empiezan a pensar que el machismo pasa por cagarse a trompadas, ya sea en la cancha o en el boliche. Y eso le saca todo lo lindo al deporte, porque cuando te peleás con el de enfrente te olvidás del juego. Entonces, las rivalidades individuales se imponen sobre las del equipo”, aseveró.

“Acá se trata de inculcar otra cultura, de ver en el otro a un amigo. Por eso el tercer tiempo, donde vos le servís al rival, se sientan a una mesa y comparten. Por eso hay que hacer hincapié en los entrenadores. Y tener la capacidad de aceptar que si tu jugador no entiende, tal vez sea porque vos no sabés transmitir bien tus conocimientos. Yo creo que los chicos son materia a moldear. De última, si hay alguien de ‘piedra’, son los entrenadores”, concluyó Sansot, sin pelos en la lengua.

Fuente: Angel Romero

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